MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

Israel and the Church Under God-En Español

Translation by Salvador Torres

Israel y La Iglesia Bajo Dios

Una Perspectiva Bíblica de Actualidad

Capítulo 14

Un Preludio a la Tribulación

 

 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a Sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de Su ángel a Su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” (Apocalipsis 1:1-3)

 

Apocalipsis es un libro que ata los cabos sueltos de las promesas de Dios que todavía no se cumplen. Esto nos ayuda a desarrollar el orden cronológico de las cosas, completando la imagen que Dios nos ha dado en Su Palabra. Este es el único libro que promete bendición para aquellos que lo leen porque reafirma al creyente de la fidelidad de Dios para cumplir Su Palabra. En un mundo, que en su mayor parte se opone a las cosas de Dios y Su pueblo, “Apocalipsis” trae confort a aquellos que confían en Dios. Sin importar que tan sombrías parezcan las circunstancias en la tierra, el creyente es confortado sabiendo que Dios cumplirá Su Palabra libre de fallas.

 

 

El Tema de Apocalipsis

El tema del libro, la Segunda Venida de Jesucristo se da en el capítulo 1.

 

“He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, aún los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. Sí, amén. Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.” (Apocalipsis 1:7-8)

 

Jesucristo viene una segunda vez para juzgar. La certeza de Su Venida es que Dios es el autor de la vida, que orquesta los eventos que ocurrirán de principio a fin. Él es el Alfa y la Omega; Él es antes y después de todas las cosas. Lo que Él habla, nadie puede cambiarlo. Dios ya ha decidido este asunto. Nada en todo el mundo podrá dar marcha atrás a lo que Dios ha decretado. Isaías, hablando de la naturaleza soberana de Dios, dice:

 

“Antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí. 11 Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no hubo entre vosotros dios ajeno. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?” (Isaías 43:10b-13, énfasis agregado)

 

La santidad de Dios y la verdad son revelados en los juicios que vendrán al mundo. Apocalipsis habla de estos juicios y de los últimos días que preceden a la Segunda Venida de Cristo.

 

 

 

La Apariencia de Cristo

Como un preludio a los juicios, hay puntos en los capítulos 1-5 que son de especial interés para nuestro estudio porque nos acercan más a ellos. El primero es una descripción de Cristo en Su estado glorificado como lo atestiguo el Apóstol Juan.

 

“Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce al rojo vivo, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.” (Apocalipsis 1:12-16)

 

Esta apariencia de Cristo en toda Su gloria exhorta a Juan a perseverar en la fe sin importar su persecución y tribulaciones de la vida. Como Dios Hijo, la segunda persona de la Trinidad, Cristo tiene autoridad sobre la vida y la muerte. Sus palabras a Juan, le reafirman que la muerte no tiene victoria sobre el pueblo de Dios.

 

“No temas; yo soy el Primero y el Último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.” (Apocalipsis 1:17b-18)

 

Esta afirmación está llena de muchas riquezas para el creyente hoy. “No temas” nos recuerda las palabras de Dios en Génesis 15:1 cuando animaba a Abraham a no tener miedo. Dios cumplirá las promesas que le hizo. La certeza de esto es que Dios no puede mentir. El autor de “Hebreos,” al amonestar a los creyentes Judíos, les mostró como su esperanza descansaba en la naturaleza del carácter de Dios.

 

“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente. Y habiendo esperado con paciencia, alcanzó la promesa. Porque los hombres ciertamente juran por uno mayor que ellos, y para ellos el fin de toda controversia es el juramento para confirmación. Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de Su propósito, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.”

 

Abraham tuvo la certeza de las promesas de Dios porque Dios no puede mentir. El Apóstol Juan ahora tiene la certeza de la promesa de vida eterna de Jesús para aquellos que creen en Él. La crucifixión y resurrección de Jesucristo (“y estuve muerto; mas he aquí que vivo”) es la evidencia más grande que testifica la verdad de la Palabra de Dios hacia el hombre. Este es el Amén a todo lo que Cristo dijo en lo que narra el Evangelio.

Estas palabras tienen mucho significado para el creyente cuando ve hacia lo que viene a la tierra en Apocalipsis. Aún cuando la Tribulación parece terrorífica en la profecía, su efecto de asustar a los santos no tiene relevancia cuando uno ve la victoria que él tiene sobre la muerte en Cristo. La vida está llena de retos, pero el mayor de ellos que el creyente tiene que enfrentar  es con su enemigo llamado muerte. Para aquellos que se han identificado con Cristo, éste último enemigo del hombre ha sido eliminado.

La Cristiandad se levanta o cae en la realidad de la Resurrección (1 Corintios 15:12-19).

 

“Pero si se predica de Cristo que resucitó de los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que Él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.”

 

El creyente tiene el testimonio personal de esta verdad (la Resurrección) en su corazón. El Espíritu Santo que vive en nosotros, ilumina esta maravillosa certeza para aquellos que ejercitan la fe en Cristo. Esta convicción de verdad dominó el corazón del Apóstol Pablo en su amor por Dios. Es por esto que el hombre más perseguido del que se tiene registro fue capaz de perseverar contra toda persecución y dificultad que caracterizaron su vida Cristiana. La evidencia de esta convicción es revelada cuando trata la Resurrección.

 

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.” (1 Corintios 15:20-23)

 

Continúa Pablo diciendo como la Segunda Venida aniquilará el último obstáculo del pueblo de Dios, la muerte.

 

“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que Él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de Sus pies. Y el último enemigo que será destruido es la muerte.” (1 Corintios 15:24-26)

 

El creyente que está en Cristo ha conquistado la muerte. Ya no tiene que temer la incertidumbre del mañana. Qué hermoso pensamiento para despertar cada mañana.

 

“¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?” (1 Corintios 15:55)

 

Las Lecciones de las Siete Iglesias

El segundo asunto de importancia o preludio a los juicios son las cartas a las iglesias. En los capítulos 2 y 3 de Apocalipsis, el Apóstol Juan registra las últimas palabras de Cristo a la Iglesia. Quizá los santos deberían de poner especial atención a las palabras de Jesús a Su Iglesia cuando parte. En estas siete cartas están los elogios y amonestaciones que necesitan ser considerados seriamente en la práctica en cada iglesia local. Son asuntos que resumen las muchas cosas que están dirigidas a la iglesia a través de las escrituras del Nuevo Testamento. Revelan los puntos fuertes de la Iglesia, y también las debilidades que potencialmente pueden, si no se atienden, colapsar los cimientos de su existencia. La iglesia que no se adhiera a estos avisos no estará preparada contra los enemigos de Dios y su pueblo.

Como estos elogios y amonestaciones ya fueron tocados en el capítulo 12, solo haremos resaltar las lecciones principales que pueden extraerse de las cartas.

 

La Iglesia nunca debe abandonar su primer amor por Dios. El amor por Dios debe ser la principal motivación en el servicio del creyente hacia el Señor (Efesios).

La Iglesia debe mantenerse fiel, perseverando a través de las dificultades y pruebas de la vida (Efesios y Esmirna).

La Iglesia no debe comprometerse o tolerar la maldad del mundo (Pérgamo).

 La Iglesia nunca debe tolerar a los falsos maestros (Tiatira).  La Iglesia debe proteger la verdad de la Palabra de Dios a toda costa.

La Iglesia debe actuar apegada a una doctrina buena y sana (Sardis).

La Iglesia debe caminar a través de las puertas abiertas que Dios ha proporcionado para el trabajo misionero (Filadelfia).

La Iglesia debe hacer a Cristo y Sus enseñanzas el centro de la fe del creyente. El valor espiritual de una iglesia siempre debe ser medido por el lugar y papel que ocupa Jesucristo en los corazones de los creyentes (Laodisea).

 

Una iglesia local que se adhiere a estas cosas siempre estará preparada para las batallas espirituales de la vida. Los creyentes estarán protegidos con una defensa sólida contra las mentiras del enemigo. Estas lecciones de la Iglesia deben tener eco en las congregaciones locales de hoy.

 

El Trono del Cielo

Como tercer punto de introducción a la Tribulación, en los capítulos 4-5 tenemos una escena en el cielo del trono de Dios.

 

“Después de esto miré, y he aquí una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que oí, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube acá, y yo te mostraré las cosas que sucederán después de estas. Y al instante yo estaba en el Espíritu; y he aquí, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado. Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y había alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda. Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.” (Apocalipsis 4:1-4)

 

Esto es apropiado, porque recuerda al creyente el hecho de que Dios todavía tiene el control. No importa que tan mal parezcan estar las cosas, Dios está sentado en Su trono dirigiendo los asuntos del hombre. Los santos de la Iglesia siempre deben reconocer  esta verdad esencial. Al hacerlo su confianza en Dios nunca vacilará. Otra cita de Pablo muestra su fe libre de vacilaciones.

 

“Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles. Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.” (2 Timoteo 1:8-14, énfasis agregado)

 

Pablo conocía bastante bien al Dios al que servía, y por eso, podía caminar en la plenitud de la fe. Todo creyente debe estar preparado y listo para repetir estas palabras de fe y caminar en ellas en su vida personal. El renacimiento comienza cuando el creyente tiene un concepto correcto de Dios en toda su plenitud.

 

¿Pre-Tribulación, Mid-Tribulación o Post-Tribulación?

Israel el completo va hacia el periodo de la Tribulación, (la septuagésima semana de Daniel 9:27), pero la pregunta que se propone en muchos círculos Cristianos es, donde está la Iglesia durante esos días  finales registrados en Apocalipsis. Hay tres posiciones principales. Lo que distingue las diferencias es el momento del Rapto de la Iglesia, el momento particular cuando la Iglesia será tomada por Cristo en las nubes (1 Tesalonicenses 4:13-17) cuando Él regrese por Su pueblo.

 

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” (1 Tesalonicenses 4:13-18)

 

Esta posición pre-tribulación dice que los santos de la Iglesia serán tomados antes de que empiecen los juicios. Estarán con Dios en el cielo, observando los eventos de este periodo de siete años desarrollándose en la tierra. La posición post-tribulación dice que la Iglesia pasará por este periodo de siete años. Cristo regresa al final de la Tribulación, tomando a la Iglesia justo antes de Su Segunda Venida. Y otros han tomando una posición en el punto medio en la que la Iglesia será tomada a la mitad del periodo de Tribulación de siete años previos a los juicios de Dios que de acuerdo a esta posición empieza en la segunda mitad de la Tribulación. Cada posición tiene sus críticos.

La posición post-tribulación no cree que las Escrituras son lo suficientemente explícitas  como para que uno pueda separar el rapto de la Iglesia de la Segunda Venida de Cristo. Es un evento de dos fases. La Iglesia es tomada mientras Cristo continúa descendiendo hacia la tierra para juzgarla. Este es el argumento básico para la defensa de esta posición.

Tanto la posición mid-tribulación  como la pre-tribulación están de acuerdo que la Iglesia no es objeto de la ira (1 Tesalonicenses 1:10; 5-9; Apocalipsis 3:10), por lo tanto la iglesia como un todo escapará al juicio de este periodo. La posición mid-tribulación cree que los juicios de Dios se reservarán para la segunda mitad de la Tribulación. El momento del Rapto es más preciso en esta posición, tomando lugar en el punto medio cuando el Anticristo tome control del gobierno, permitiendo así que comiencen los juicios de la Tribulación.

La posición pre-tribulación dice que la Iglesia no tendrá nada que ver con este periodo de siete años, incluyendo los primeros 3 ½ años. Los juicios se desarrollan a través de este periodo, por lo tanto la Iglesia ya habrá sido tomada antes de que inicien. Para apoyar más esta posición, el propósito de esta septuagésima semana (la Tribulación) era para purificar a Israel y terminar la maldad, por lo tanto la presencia de la Iglesia no tiene razón de estar ahí.

La mayor distinción entre pre-tribulación, mid-tribulación y post-tribulación es el asunto de la inminencia. La posición pre-tribulación sostiene la posición de que las Escrituras dicen que ningún signo o profecía tienen que preceder el Rapto de la Iglesia. Esto no es verdad en las otras posiciones.

Para poder hacer justicia a cierta posición, nos tomará más que unos comentarios el tratarlas. Se han dado excelentes e interesantes comentarios a favor de las tres posiciones. (Para mayor información sobre este asunto, ver la lectura recomendada al final del capítulo.)

 

 

La Condición Actual del Corazón del Creyente

No es la intención de este autor, en este momento, persuadir los sentimientos de alguien sobre este asunto futuro de una manera u otra. Cualesquiera que sean las convicciones de alguien sobre este asunto, hay algo mucho más importante para la existencia actual del santo de la Iglesia que supera este tópico debatible. Quizá la pregunta que debería estar confrontando la Iglesia es, ¿Dónde está el corazón del creyente hoy?

La Iglesia puede nunca ver la Tribulación en el tiempo presente, pero ¿cambia eso la perspectiva de cómo los creyentes sirven a Dios? ¿Se acabaron los creyentes para Jesucristo? ¿Están los santos de la Iglesia  listos para seguir los mismos pasos de los grandes santos que han soportado las persecuciones y tribulaciones de la historia? ¿Es la relación del creyente con Dios tan fuerte que está preparado para el peor escenario en la vida? Cuando ocurren eventos tales como los ataques terroristas del 2001 en el World Trade Center ¿atrapa el miedo al creyente al punto de que es paralizado emocionalmente?  ¿Puede el creyente arrancar de raíz el miedo con una confianza en Dios tan fuerte que la paz de Dios continúa dominando su ser en medio de ellos? Una vida libre de miedo es quizá la más grande expresión de nuestra fe y confianza en Dios. Hay algo mal en la imagen de alguien que es temeroso y tibio, pero que siempre tiene tiempo de discutir sobre estos asuntos del futuro. Esto no quiere decir que este asunto no pueda ser tratado.

Hay otra perspectiva que necesita ser considerada. El Apóstol Pablo nunca vio el Periodo de Tribulación, sin embargo enfrentó a la muerte todos los días. Su vida fue en realidad una tribulación. Los mártires de la historia de la Iglesia nunca vieron este momento, pero el día que fueron martirizados  fue de manera personal más difícil que este periodo de siete años.

Dios quiere que cada miembro de la Iglesia madure al punto en el que se pueda reír de la muerte en su cara. Si el creyente ha llegado a este punto, entonces está listo para enfrentar retos más grandes que los enemigos de Dios pueden representar. Lo que uno crea no debe afectar su visión de cómo sirve a Dios. ¿Está preparado el creyente  hoy para glorificar a Dios en su vida a través de las pruebas, dificultades y tribulaciones del tiempo presente?

El propósito de este capítulo es mantener el enfoque correcto del creyente en el presente, mientras el periodo final del plan de redención de  Dios es revelado. Dios está en control y sus juicios vienen a la tierra. El episodio final está listo para revelarse por sí mismo en el plan de redención de Dios para el hombre.  ENTRA LA TRIBULACIÓN.

 

 

Lectura recomendada: The Timing of the Rapture

Gleason L. Archer, Jr., Paul D. Feinberg, Douglas J. Moo, Richard R. Reiter. The Rapture, Pre, -Mid- or Post- Tribulational? (Grand Rapids, Mich.: Academic Books, 1984)

 

Chuck Smith, The Tribulation & The Church; Will the Church Experience the Great Tribulation? (Costa Mesa, Calif.: The Word for Today, 2001)