MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

Israel and the Church Under God-En Español

Translation by Salvador Torres

Israel y La Iglesia Bajo Dios

Una Perspectiva Bíblica de Actualidad

Capítulo 9

Una Iglesia que se aleja de Dios y Su Palabra

 

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.” (Juan 15:5-8)

 

La fuerza y fortaleza de una iglesia siempre será medida por el lugar que tiene Jesús en los corazones y doctrinas de los creyentes. Aparte de Cristo, es imposible producir el fruto de santidad que Dios demanda.

Cuando la Iglesia nació en Pentecostés (Hechos 2), todos los creyentes experimentaron la verdad de Cristo en sus corazones. No había manera de detenerlos de testificar a Jesús, aun si esto significaba su persecución al punto de la muerte. Habían recibido la salvación y no iban a permitir  que nada impidiera su relación con Cristo. Estos creyentes del primer siglo pusieron el ejemplo para las generaciones futuras en la Edad de la Iglesia. Se dedicaron a la Palabra de Dios, a la oración y a la fraternidad de sus hermanos (Hechos 2:46). Solo había una cosa que les importaba, que Dios sería glorificado en sus vidas.

En el tiempo en que la segunda generación de creyentes apareció en escena, muchos problemas parecían estar plagando la Iglesia desde dentro. Cinco de las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 son reprendidas por permitir que ciertas prácticas existan dentro de sus congregaciones. Su amor por Dios se había enfriado (Apocalipsis 2:4); estaban poniendo en peligro su andar al participar en cosas mundanas (Apocalipsis 2:14); estaban tolerando a falsos maestros (Apocalipsis 2:20) ; sus obras se estaban quedando cortas  en cuanto a lo que profesaban creer (Apocalipsis 3:1-2); no daban a Cristo Su lugar apropiado en sus reuniones (Apocalipsis 3:18-20).

A pesar de estas deficiencias en las iglesias locales, la Iglesia como tal sobrevivió el embate de persecución de parte del Imperio Romano que caracterizó a los primeros trescientos años de su historia. Los creyentes se mantuvieron firmes en apoyar la Palabra de Dios contra todos aquellos que se oponían al Evangelio. Hombres y mujeres fueron martirizados por la fe, sabiendo que tenían algo mejor esperándolos para toda la eternidad. Siguieron los pasos de los grandes hombres de fe, que están registrados para nosotros en “Hebreos” capítulo once.

El potencial de errores y problemas siempre existirá en la Iglesia, pero si sus cimientos están construidos en la enseñanza de Cristo, estos asuntos pueden ser resueltos, porque en Cristo la Iglesia puede encontrar gracia, fortaleza, y sabiduría en tiempos de necesidad.

 

“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.” (Mateo 7:24-27)

Es cuando una iglesia se aleja de su verdad fundamental que se hace vulnerable haciendo imposible cambiar o corregirse. La Biblia constantemente advierte a los creyentes de protegerse de las enseñanzas del hombre que trabajan independientes de la Palabra de Dios.

La Iglesia de la Edad Media, representada por la Iglesia Católica Romana universal, cometió el mismo error que los Judíos cuando se apartaron de la Palabra escrita. Con el transcurrir del tiempo, la historia se vuelve a repetir. Las enseñanzas de los hombres empiezan a infiltrarse en la pureza de las Escrituras, y eventualmente reemplazan la autoridad absoluta de la Palabra de Dios.  La Iglesia como un todo estaba más interesada en lo que el hombre tenía que decir (los padres de la Iglesia) que en la Palabra de Dios.

Es durante este tiempo, que muchas doctrinas que dominan la teología Católica Romana se desarrollaron. Al enumerarlas uno no tiene que ir muy lejos para darse cuenta que estas enseñanzas no tienen base en la Biblia. De hecho, la mayoría de ellas distraen de la centralidad de Jesucristo en la Iglesia y del trabajo que Él culminó en la Cruz. (Lista tomada de “Footsteps of the Messiah”) 21

 

Justificación por obras – no por simplemente la fe;

Regeneración bautismal – que una persona es salvada por el bautismo;

Adoración de imágenes;

Celibato – prohíbe a los sacerdotes casarse…

Confesión – donde los pecados son confesados a un sacerdote que después declara la absolución de esos pecados;

El Purgatorio – un lugar de confinamiento que no es el cielo ni tampoco el infierno, sino un lugar donde uno tiene que ser perfeccionado antes de ir al cielo: porque la santificación no está completa al momento de morir;

La Transubstanciación – el concepto del continuo y perpetuo sacrificio de Cristo;

Las Indulgencias – donde a través de dar dinero, el tiempo de permanencia de una persona en el purgatorio puede ser reducido;

La Penitencia – implica el tormento del cuerpo de uno para reducir el tiempo en el purgatorio;  y

Marilolotría – la adoración de la Virgen María, su elevación como la madre de Dios y la declaración de su deidad.

 

Las semillas de estas enseñanzas estuvieron presentes en los primeros 500 años de la Iglesia. Bajo Gregorio I, quien es considerado el primer papa Medieval, estas doctrinas hechas por el hombre obtuvieron mucha audiencia hasta que se incorporaron a la teología Católica en ciertos Concilios mayores que siguieron.

No es la intención de este autor atacar a los miembros de la Iglesia Católica, sino mostrar como invalidan la verdad, cuando se hacen intentos de desarrollar doctrinas fuera de la Palabra de Dios. La Iglesia está construida entonces sobre la arena (Mateo 7:26). La verdad se encuentra en la Biblia únicamente. Contrario a lo que algunos creen en la Iglesia Católica, no es necesario ir más allá de la Palabra de Dios para saber cómo caminar en la voluntad de Dios. La Biblia proporciona todos los hechos necesarios para desarrollar verdades teológicas apropiadas, así como también la aplicación apropiada de la vida de santidad. Es completa (no se requiere otra autoridad) y perfecta (no tiene errores). Si elegimos vivir en base a ella, nos sorprenderemos  de cuan verdadera es (Proverbios 30:5; 2 Timoteo 3:16-17). Dios ha dado a la Iglesia hombres con dones de enseñanza, que pueden hablar de las maravillosas verdades de Su Palabra (Efesios 4:11-12).

La Iglesia de la Edad Media, la Iglesia Católica Romana, no confió en las Escrituras solamente. La religión sentía que era necesario agregar suplementos para completar la idea de la Palabra de Dios. Sus propios líderes declararon esto en el Concilio de Trento. Al cometer ese error, un autor dice lo siguiente:

El Concilio de Trento (1545-1563) afirmó que La Biblia no es la autoridad suprema, sino que la verdad está “en libros escritos y en tradiciones no escritas”. Estas tradiciones incluyen a los padres de la Iglesia del pasado y a los líderes de la iglesia del presente.

El Concilio también afirmó que la interpretación exacta solamente es posible por la Iglesia Católica Romana, la proveedora y protectora de la Biblia no por los individuos. El Concilio escribió, “Nadie – basado en sus propias habilidades ‘en materia de fe y palabras pertenecientes a la edificación de la doctrina Cristiana – forzando las sagradas Escrituras a su propio entendimiento, presumirá que las interpreta de acuerdo al entendimiento que la Santa Madre Iglesia … ha dado y da: o aún contrarios al unánime consentimiento de los Padres.’” 22

 

Estos comentarios sobre el Concilio son apropiados para revelar una posición errónea, y para mostrar como la autoridad de la Iglesia Católica Romana no puede ser cuestionada, aunque se han descalificado a sí mismos a través de la teología. Cuando otra autoridad además de las Escrituras es considerada, se abre la puerta para destruir la integridad de la Palabra de Dios. Esto es lo que sucedió en la Edad Media. A menos que la Iglesia Católica Romana regrese a la autoridad absoluta de las Escrituras, y ponga sus cimientos en las enseñanzas de Jesús y de los Apóstoles, cuyas escrituras por si mismos tienen autoridad, los errores que han cometido en el pasado continuarán en el presente y en el futuro.

Esta fue la razón principal de la Reforma que tuvo lugar en el siglo XVI. Los Reformistas se dieron cuenta que la Iglesia se había alejado de Cristo y de las Escrituras. La gracia de Dios en Cristo, que es el medio de la fortaleza espiritual, fue reemplazada por prácticas no bíblicas, que la Iglesia vio como medios de santidad.

Hay dos factores en la historia que quizá causaron que la Iglesia se alejara de la autoridad absoluta de las Escrituras y de la doctrina buena y sana. El primero fue el enfoque de la interpretación. Dos escuelas, Antioquía  de Siria y Alejandría de Egipto fueron las escuelas en la antigua historia de la Iglesia. La escuela de Antioquía promovía el enfoque literal de la interpretación, mientras que Alejandría promovía le enfoque alegórico hacia las Escrituras. La escuela de Alejandría fue adoptada por la Iglesia, y el enfoque alegórico  de las Escrituras dominó hasta la Reforma del siglo XVI. El enfoque alegórico busca significados ocultos o simbólicos en la Palabra.

 

“Alegorizar es  buscar un significado oculto o secreto esencial pero remoto y no relacionado en la realidad al significado más obvio de un texto. En otras palabras la lectura original es como un código, que necesita ser descifrado para determinar el significado y sentido más oculto. En este enfoque lo literal es superficial y lo alegórico es el verdadero significado.” 23

 

Este enfoque ocasiona que los intérpretes tengan mucha libertad con el texto. Esto es exactamente lo que pasó en los primeros años de la Iglesia. Cuando uno abandona el enfoque literal de las Escrituras, la tendencia natural es agregar un significado al texto que no está ahí. La interpretación literal significa tomar la Palabra de Dios en su valor nominal, a menos que el texto en si mismo demande un enfoque no literal. Por ejemplo, cuando Jesús dijo, “Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo” (Mateo 18:9), no debe ser tomado de forma literal. Además de estas expresiones obvias, uno debe tomar siempre el significado del texto en su sentido simple.

Dios se comunica con Su pueblo sin tratar de ocultar lo que Él quiere que sepan. Cuando uno se apega a esta regla fundamental de interpretación literal, uno está en terreno seguro. Cuando se sigue este enfoque literal, éste proporciona al lector un mapa para seguir la pista fácilmente al plan de Dios para el hombre desde Génesis hasta Apocalipsis,  y al hacerlo, sigue los pasos de Israel en el pasado, presente, y futuro de su existencia.

El segundo punto de gran significado fue la conversión de Constantino a principios del siglo IV. El Emperador Constantino profesaba ser un Cristiano, reconociendo la Cristiandad (Edito de Milán) como una religión de Roma. Al transcurrir del tiempo, se convirtió en la religión oficial del imperio. La Iglesia y el Estado estaban unidos. Esta unión propició el ambiente para que muchas prácticas no bíblicas echaran raíces durante la Edad Media. Esto fue posible porque la Iglesia utilizaba al gobierno para promover sus creencias entre la sociedad. Se percibía a sí misma como una teocracia sobre el mundo, regulando asuntos sociales y religiosos. La puerta quedó abierta para que los gobernantes seculares participaran en asuntos espirituales. Esta fusión también fue usada como una avenida para castigar a aquellos que se oponían a las enseñanzas de la Iglesia. La Iglesia, que fue perseguida los primeros 300 años, se convirtió en perseguidora de aquellos que no se suscribían a la Cristiandad, incluyendo a los Judíos no creyentes.

El problema con esto es que como la Iglesia se estaba alejando de una doctrina clara y sana, no había nadie que cuestionara su autoridad y frenara su espiral descendente durante la Edad Media.  La integridad del Evangelio fue destruida con el énfasis en la salvación puesto en las prácticas prescritas por la Iglesia, y no en la fe personal en Cristo. Las afirmaciones hechas por los líderes de la Iglesia eran autoritarias y obligatorias entre los miembros. Lo que resultó fue que la ley de la Iglesia reemplazó a la ley bíblica. La autoridad absoluta de la Biblia fue reemplazada por la autoridad absoluta de la jerarquía de la Iglesia Católica. Con esta caracterización uno puede ver porque era difícil para el pueblo creer de otra manera. Entre las malas doctrinas que surgieron y la imposición de ellas por la Iglesia a través del Estado, el estatus quo de estas doctrinas caracterizó a la Edad Media.

Al regresar a Israel, algo perjudicial en la teología de la Iglesia sucedió que desechó la realidad presente y futura de la nación. Quizá como un resultado directo del enfoque alegórico, los padres de la Iglesia concluyeron que Dios había terminado con Israel y que la Iglesia reemplazó a Israel en el Nuevo Testamento. Esta enseñanza estaba en completa oposición a lo que está escrito en Romanos 9, 10, y 11, así como en las escrituras del Antiguo Testamento que hablan de la restauración de Israel. Términos tales como La Nueva Israel o El Israel Espiritual, que no son exactos se usaban para describir a la Iglesia como tal. La distinción entre Judíos y Gentiles se perdió y lo Judío de la Iglesia luchaba por sobrevivir. En el siglo IV era considerado pecado para un Judío creyente, que había aceptado a Cristo, continuar con prácticas que expresaran su carácter judío. En esencia, al Judío se le pedía abandonar cualquier cosa que recordara su herencia Judía. De hecho, el carácter Judío de la Iglesia junto con las doctrinas presentes y futuras de Israel se desvanecieron, hasta que fueron revividas bajo el movimiento Mesiánico empezando en el siglo XIX.

Como un derivado de este pensamiento, las tendencias antisemíticas  hacia los Judíos no creyentes encontraron un pódium sobre el cuál pararse (ver capítulo 8). Del abuso de los emperadores Cristianos en Palestina (300 D.C.-600 D.C.) hasta los pogromos Rusos de finales del siglo XIX y principios del XX, los Judíos no creyentes han sufrido abusos y asesinatos, todo en nombre de la Cristiandad. Cuando la Iglesia se alejó de la doctrina buena y sana, el espíritu de Jesucristo dejó de existir en los corazones de sus miembros. En vez de ejercer el amor de Cristo hacia todos los hombres, que es el fruto de la Cristiandad pura, el odio hacia la comunidad Judía dominó sus corazones, como resultado de las malas enseñanzas de la Iglesia.

 

 

La Verdadera Iglesia de Dios

Es de suma importancia mencionar el hecho de que hay una gran distinción entre la Cristiandad bíblica y las religiones operando en nombre de la Cristiandad. Una Cristiandad bíblicamente basada siempre tendrá sus raíces  en la persona de Jesucristo y Sus enseñanzas. Una Cristiandad no bíblicamente basada sustituirá esta verdad con ideas que ponen a Cristo en un papel no esencial.  Una iglesia buena y sana siempre conducirá al pueblo hacia Cristo, y usará la Biblia para toda instrucción en la fe (2 Timoteo 3:16). Una iglesia lastimosa dejará a Cristo fuera de sus prácticas (Apocalipsis 3:14-20), tratando de perfeccionar la santidad con el poder de la carne (Colosenses 2:6-23).

Durante la Edad Media cuando la Iglesia se alejaba de las Escrituras, la mayor parte de la sociedad estaba siendo Cristianizada sin experimentar la salvación. Adaptaron un sistema religioso, Cristiandad nominal, como un modo de vida sin ejercer la de personal en Jesucristo. Se volvieron parte de la institución de la Iglesia Católica Romana sin ser parte del Cuerpo de Cristo (ver abajo).

A pesar de los errores en la historia de la Iglesia y de que no pudieron proteger la integridad del Evangelio, siempre ha habido un remanente de los creyentes del Nuevo Testamento que han mantenido la verdad de la Palabra de Dios. La historia muestra que Martin Luther (Martín Lutero) no fue el primero en objetar los abusos de la Iglesia, sino que fue precedido por hombres (John Wycliffe; John Hus; etc) que cuestionaron los errores de la Iglesia Católica Romana y los errores de sus doctrinas. Estos hombres representaron las creencias de muchos que se mantenían en la verdad, pero por la persecución de sus creencias, sus voces no fueron oídas en la mayor parte de los registros de la historia. Sin embargo sus voces se mantuvieron vivas en los corazones de los Reformistas, quienes construyeron y trajeron basados en sus convicciones la tan necesaria Reforma del siglo XVI.

Para hacer justicia a la verdadera Iglesia de Dios, los Reformistas introdujeron los términos de Iglesia Invisible e Iglesia Visible, para distinguir a los verdaderos creyentes de los Cristianos nominales. El término Iglesia Invisible  se usaba para describir a los verdaderos creyentes, que habían puesto su fe genuina en Jesucristo  y formaban el Cuerpo de Cristo en el que habita el Espíritu de Dios (Efesios 2:19-22). El término Iglesia Visible  se usaba para describir  a la iglesia local o cualquier institución que fuera formada en el nombre de la Cristiandad.  Para protegerse de supuestos creyentes en la iglesia local, el uso de éste término, la Iglesia Visible, reconocía la posibilidad de muchos llamados Cristianos dentro de la Iglesia que nunca habían experimentado la salvación ni habían nacido de nuevo con el Espíritu Santo. La necesidad de este lenguaje surgió porque la Iglesia Católica Romana como institución, que dominaba la escena religiosa de la Edad Media, hacía el reclamo de que todos aquellos que vinieran bajo su autoridad y se suscribieran a sus doctrinas eran considerados Cristianos, ya sea que tuvieran fe en Cristo o no. Así que era necesario para los Reformistas Protestantes distinguir a la Cristiandad nominal de los verdaderos creyentes que estaban en Cristo.

 

 

Poniendo una barda alrededor de Cristo

Los Judíos después del Exilio construyeron una barda alrededor de la ley escrita (ver capítulo 6; bajo La Introducción de la Ley Oral), que realmente los cegó del mensaje de Dios. La Iglesia Católica Romana de la Edad Media construyó una barda alrededor de Cristo, que evitaba que la audiencia viniera directamente a Él, obstaculizándoles el caminar en la plenitud de Dios. Quizá la Iglesia Católica Romana objetará estas afirmaciones, pero la teología de la Edad Media y los registros de la historia hablan contra ellos.

No es sino hasta la Reforma (siglo XVI)  que la Iglesia, bajo el movimiento Protestante, regresó a la Biblia como la autoridad absoluta  en materia espiritual.  Los Reformistas enfatizaron el mensaje de gracia y fe junto con el hecho de que la Palabra de Dios por si sola era la autoridad. Al refutar a la Iglesia Católica sus prácticas equivocadas, trajeron de regreso a los creyentes a la base fundamental de la verdad – las Escrituras.  Un buen liderazgo que sea fidedigno, siempre será servil a la Biblia y mantendrá la autoridad de la Palabra de Dios en todos los asuntos.

La Reforma definitivamente  regresó a la Iglesia al camino que traería nuevamente a sus miembros cara a cara con Cristo y con las escrituras del Nuevo Testamento.  Sin embargo algo de importancia no se materializó. La realidad de Israel en la Era del Reino Presente se mantuvo oculta por medio de la teología. Los Reformistas en su mayor parte no pudieron revitalizar esta importante doctrina que era esencial para el entendimiento de asuntos futuros de la Palabra de Dios. ENTRAN LOS TIEMPOS DE LA POST REFORMA.

 

 

21. Arnold G. Fruchtenbaum, The Footsteps of the Messiah (San Antonio, Tex.: Ariel Press, 1982), p. 46.

22. Roy Zuck, Basic Bible Interpretation (Colorado Springs, Colo.: Chariot Victor Publishing 1991), pp. 48-49.

23. Ibid., p. 29.