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MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada |
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Pastor Bertoli’s Book Israel and the Church Under God-En Español Translation by Salvador Torres |
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Israel y La Iglesia Bajo Dios Una Perspectiva Bíblica de Actualidad Capítulo 8 Israel y el Reino Presente
“Así que en cuanto al evangelio, [Israel] son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los Patriarcas; porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.” (Romanos 11:28-29)
Estos versos revelan dos cosas sobre Israel en el Reino Presente. Se oponen al Evangelio de Cristo, pero experimentan el amor de Dios por medio de la elección. Cuando hablamos de Israel debemos tener en mente que la nación como tal está en un estado de desobediencia. Dentro de la nación hay Judíos creyentes que han aceptado al Mesías. Por lo tanto, para distinguir a los Judíos creyentes de la nación no creyente, los creyentes son conocidos como el remanente creyente (Romanos 11:5) o Israel, los elegidos, en contraste al Israel completo. Para tratar esta realidad presente de Israel, los capítulos 9-11 de Romanos son básicos e instrumentales. Hay muchas verdades pertinentes que uno aprende de estos capítulos y que son importantes para entender a Israel en el Reino Presente. Primero, Israel es el pueblo del pacto de Dios por medio de la elección. Antes de su existencia, Dios ya había determinado el exclusivo rol que jugarían en contraste con las naciones Gentiles, el mundo No-Judío.
“Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 11:28-29)
En este pasaje Jacob es representante del Israel completo. Esta elección no solo incluye la selección de Dios de ellos como una nación privilegiada, sino también el cumplimiento de cada una de las promesas incondicionales que Dios les había hecho. Estas promesas incluyen la perseverancia y la restauración de la nación en el programa del reino de Dios. En Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento, Dios le recuerda a Israel de esta única verdad (Malaquías 1:2-5)
“Yo os he amado, dice El Señor; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice El Señor. Y amé a Jacob, y a Esaú aborrecí, y convertí sus montes en desolación, y abandoné su heredad para los chacales del desierto. Cuando Edom dijere: Nos hemos empobrecido, pero volveremos a edificar lo arruinado; así ha dicho El Señor de los ejércitos: Ellos edificarán, y yo destruiré; y les llamarán territorio de impiedad, y pueblo contra el cual El Señor está indignado para siempre. Y vuestros ojos lo verán, y diréis: ¡Sea El Señor engrandecido más allá de los límites de Israel!”
Dios demuestra a Israel como Su amor por ellos (su elección) fue revelado a través de la historia. Los descendientes de Esaú , Edom, nunca fueron restaurados después de que sus enemigos los destruyeron. La mano de Dios estaba contra ellos. En contraste, Israel el pueblo del pacto perseveraron y fueron traídos de regreso a su tierra aún después del Exilio de 586 A.C. Lo que es verdad para esta generación del tiempo de Malaquías siempre será la verdad de Israel a través de su historia. La mano de Dios está con ellos; por lo tanto, hay un día de restauración que terminará su historia en este Reino Presente. Segundo, Israel tiene una obligación de responder a la predicación del Evangelio. Aunque son el pueblo del pacto por elección de Dios, son responsables de ejercer la fe para traer la regeneración de la nación. Además de esta, las bendiciones de Dios están aplazadas hasta que se vuelvan a Él con arrepentimiento.
“Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Romanos 10:12-13)
Tercero, Pablo nos asegura que Dios no ha abandonado al pueblo de Su Pacto. El rechazo de Israel no es total ni definitivo. Las promesas de Dios a Israel todavía son válidas. La Palabra de Dios en relación a Israel está cumpliéndose en el Reino Presente. La base de esto es la doctrina remanente en la que Dios siempre ha preservado para Él un remanente de Judíos creyentes. (Romanos 11:1-6)
“Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy Israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal. Así también aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia. Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” (Romanos 11:1-6)
Cuarto, el rechazo de Israel significa bendición para el mundo Gentil.
“Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos. Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?” (Romanos 11:11-12)
Con el rechazo de Cristo de parte de los Judíos, los Gentiles creyentes se volvieron participantes con los Judíos creyentes de las bendiciones celestiales de Dios, prometidas en el Pacto Abrahámico. Este fue el cumplimiento de Génesis 12:3, “Y en ti, todas las familias de la tierra serán bendecidas.” Esas bendiciones a loa Gentiles fueron hechas posibles al ejercer la fe en Jesucristo, el Mesías Judío. Quinto, el rechazo actual de Israel el completo continuará hasta que el total de Gentiles haya venido al reino de Dios.
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio - para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos - que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo.” (Romanos 11:25-26a)
El total de Gentiles es una referencia a la salvación de todo Gentil que haya creído en Cristo dese el rechazo de los Judíos en el Periodo del Evangelio. El último Gentil será salvado justo antes de la Segunda Venida de Cristo. Sexto, Israel, como nación, una vez más clamará al Señor al final de esta Era del Reino Presente.
“Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados.” (Romanos 11:23-27)
El remanente de los creyentes de la última generación de Judíos reconocerá el pecado de la incredulidad hacia el Mesías en el pasado y clamará a Él en arrepentimiento en Su Segunda Venida. Este remanente de creyentes que resulte de la Tribulación formará “todo Israel”.
El Rechazo de La Nación hacia Cristo Para regresar y seguir el rastro de Israel en el Reino Presente, la nación como tal rechazó el testimonio de Cristo (Juan 19:12-15), pero de acuerdo a Jesús, el perdón de sus pecados todavía era posible.
“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero.” (Romanos 12:31-32)
Teniendo en mente que habla a una audiencia Judía, Jesús les dice que el perdón todavía está disponible aún después de que hayan blasfemado contra Él. Es por esto que Jesús dijo en la cruz “Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Esta era una petición válida de Jesús al Padre, en base a Sus palabras en Mateo. Con la ascensión de Cristo vino el ministerio del Espíritu Santo. Los Apóstoles fueron facultados por el Espíritu Santo, testificando a la verdad de Jesús. La nación una vez más a través de los Apóstoles, tuvo la oportunidad de aceptar el mensaje del Evangelio. No lo aceptaron, rechazando el testimonio del Espíritu Santo como se manifiesta en el ministerio de los Apóstoles. Esto era una blasfemia contra el Espíritu Santo. Una vez que el testimonio del Espíritu Santo fue rechazado, no había lugar para el perdón, solo juicio. La nación fue juzgada por Dios (Mateo 23:37-39). Aquellos que seguían creyendo lo que los Fariseos decían de Jesús compartieron el juicio contra Israel. Este juicio continúa a través de la Era del Reino Presente. Cada generación de Judíos que rechaza la predicación del Evangelio cae bajo el juicio de este pecado nacional, la blasfemia contra el Espíritu Santo. Los líderes Judíos en el primer siglo D.C. dieron la pauta para las generaciones futuras para oponerse al Evangelio de Jesucristo. Persiguieron a los santos de la iglesia, y seguían oponiéndose a la predicación del mensaje como está registrado en “Hechos.” El no apoyar la Palabra de Dios los desvió del principio de fe. Su fervor no estaba basado en el conocimiento de las Escrituras, y su “Ley Oral” (Mishná) era su estándar de santidad. El Apóstol Pablo hablando de su rechazo tenía que decir lo siguiente.
“Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme al conocimiento. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” (Romanos 10:2-4)
El apedreo de Esteban en Hechos, capítulo 7, se convirtió en el rechazo final del Evangelio de parte de la nación. Después de este evento el Evangelio salió al mundo Gentil (Hechos 8:1). Por este incidente la nación como tal había cometido oficialmente el pecado imperdonable de blasfemia hacia el Espíritu Santo, poniéndolos bajo el ininterrumpido juicio de Dios. La primera evidencia de la mano de Dios contra ellos tuvo lugar en 70 D.C. cuando los Romanos destruyeron el templo y la ciudad de Jerusalén. Los romanos entraron y terminaron con la rebelión de los Judíos, saqueando el templo y la ciudad como clímax a las Guerras Judías (66 D.C. – 70 D.C.). Este acontecimiento testificó posteriormente la verdad de Cristo porque Sus palabras habladas en los Evangelios continuaban siendo cumplidas aún después de su crucifixión y resurrección.
“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mateo 23:37-39)
Reportes de testigos revelan el hecho de que muchos Judíos aceptaron la predicación del mensaje después de la caída del templo. La evidencia de la verdad fue muy obvia para ellos, pero la nación como tal permaneció rígida, rehusándose a verla como el cumplimiento de las palabras de Jesús. Aún Tito el general Romano reconoció su victoria como asistida por la mano de Dios.
“Seguramente Dios estaba con nosotros en la guerra, y fue quién bajo a los Judíos de estas fortalezas, porque ¿qué puede hacer la mano o la máquina contra esas torres?” 11
Cuando Tito tuvo la oportunidad de examinar la situación después del conflicto, se dio cuenta de lo que sus tropas habían hecho al penetrar las paredes de Jerusalén. La terquedad de Israel no les permitió ver la mano de Dios contra ellos en la historia. A través de todo el Reino Presente la nación no ha podido reconocer que sus dificultades y tribulaciones son un castigo directo de Dios, debido a su rechazo hacia Cristo.
La Religión Judía después de la Destrucción del Templo Israel siguió sobreviviendo después de la destrucción del templo. Su sistema de sacrificios bajo la ley Levítica llegó a su fin, pero los Judíos siguieron ocupando Palestina. Sus nuevos cuarteles generales estaban en la ciudad de Yavne, encabezados por el Fariseo Yojanán Ben Zakai 12. Ellos restablecieron el Sanhedrin y proporcionaron una atmósfera para el aprendizaje. Los Fariseos se concentraron en la reconstrucción y en la recuperación espiritual. Poco después las sinagogas una vez más florecieron, y los líderes ayudaron a conducir los asuntos de las comunidades. La ausencia de sacrificios fue reemplazada por los actos de benevolencia basados en Oseas 6:6.
“Porque misericordia quiero, y no sacrificio, y conocimiento de Dios más que holocaustos.” Al desarrollar la Ley Oral, el Mishná, los expertos Judíos la ensamblaron y continuaron trabajando en ella, y eventualmente ya completa se convirtió en una autoridad casi igual a las Escrituras del Antiguo Testamento. Hubieron ciertos hombres que fueron muy importantes en su desarrollo hasta llegar a su forma final. Gamaliel II, quien reemplazó a Zakai, vio la necesidad de establecer una autoridad incuestionable para las prácticas Judías. El Rabino Akiba fue el primero en arreglar el material acumulado de acuerdo a la materia tratada. El Rabino Meir continuó el trabajo de Akiba. Juda I reconoció que la cantidad de material que se estaba construyendo se estaba haciendo difícil de memorizar; por lo tanto, la compiló y lo puso en forma escrita (200 D.C.). Hay 148 expertos que se mencionan por nombre, y éstos y los otros maestros del periodo desde Hilel hasta Juda fueron llamados Los Tanaim (Maestros del Mishná). 13 Otras escrituras tales como el Midrash, una crónica perteneciente a los asuntos legales del Pentateuco, y una Tosefta, suplementos del Mishná , existieron junto con el Mishná. 14 Todos fueron incluidos en la teología Judía mientras se desarrollaba en el periodo Talmúdico. Los rabinos Judíos confiarían tanto en el Mishná que por los siguientes 300 a 400 años, se comprometieron a explicarlo detalladamente para instruir al pueblo Judío en cómo seguir sus leyes. Los rabinos de este periodo (200-500 D.C.) fueron conocidos como los Amoraim. 15 Estas interpretaciones y comentarios del Mishná fueron recopiladas eventualmente y se conocieron como el Gemara. Las leyes Mishná y el Gemara juntos formaron el Talmud que se convirtió en la máxima autoridad para el mundo Judío. Entre 132 y 135 D.C. los Judíos una vez más se revelaron contra Roma, y eso los condujo a su dispersión fuera de la tierra de Palestina. Con este evento, Babilonia junto con Palestina, se convirtieron en los lugares más importantes para los expertos y sabios Judíos. Sura y Pumbedita fueron las escuelas más grandes en Babilonia. Los Judíos de Palestina sobrevivieron y continuaron hasta que los Emperadores Cristianos (300-600 D.C.) fueron insoportables para sus prácticas Judías. Los Judíos de Babilonia se convirtieron en el centro de aprendizaje Judío, y eventualmente, el Talmud fue terminado hacia 500 D.C. Todo esto fue posible porque los gobernantes Partos y los Sasanidos (Persas) , que ocuparon Babilonia y no estaban bajo el gobierno Romano, cooperaron con los Judíos en sus prácticas. Por esta razón cuando se habla del Talmud, frecuentemente se le refiere como el Talmud Babilónico. El Talmud de Jerusalén fue desarrollado de 200-400 D.C. en Palestina., pero cuando se realizaron estos dos trabajos, vinieron bajo un título, el Talmud. Con el transcurrir del tiempo, las Escrituras del Antiguo Testamento se hicieron menos importantes en el estudio de la Palabra de Dios. El apego a la ley Judía mientras la desarrollaban (el Mishná más el Gemara) se convirtieron en la máxima expresión de rectitud. Se aferrarían al Talmud, el producto terminado del Meshná y el Gemara, como la manera de conocer a Dios. Esto se convirtió en el patrón de aprendizaje para las futuras generaciones de Judíos, hasta el presente. Un autor Judío contemporáneo, que escribía sobre el Talmud tenía que decir lo siguiente:
“El judaísmo da mucha más importancia a la acción que a la fe. El Talmud atribuye a Dios una declaración, que probablemente es única entre las escrituras religiosas: ‘Es mejor que (los Judíos) Me abandonen, pero que sigan Mis leyes’ (porque, continúa el Talmud, practicando las leyes de Judaísmo, los Judíos regresarán a Dios, Talmud de Jerusalén Haggigah 1:7). De acuerdo al Judaísmo, uno puede ser un buen Judío aunque dude de la existencia de Dios mientras uno actúe de acuerdo a la ley Judía.” 16
La afirmación de arriba muestra como el estudio del Talmud reemplaza la fe personal en Dios, así como también el Texto del Antiguo Testamento. También define a un buen Judío por la manera como sigue la ley Judía (el Talmud), aún sin ejercer la fe en Dios. Esto contrasta bastante con lo que Dios dice en Hebreos, capítulo 11: “Y sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Este verso en el libro de Hebreos está dirigido a la primera generación de Judíos creyentes, que estaban pensando en regresar al Judaísmo. Fueron amonestados para que no cometieran el mismo error que Israel el completo había cometido al no ejercer la fe en Cristo. Aparte de creen en Cristo, no hay manera de agradar el Padre en el cielo.
Los Problemas de la Teología Judía ¿Qué ha sucedido al aprendizaje Judío en el Reino Presente? Primero, el Antiguo Testamento quedó en una posición inferior al Talmud. Los Judíos están más interesados en lo que los rabinos tienen que decir que en lo que Dios dice en Su Palabra. Muchas maravillosas verdades sobre el Mesías y la nación de Israel en el Antiguo Testamento se han perdido para el mundo Judío. De hecho, los Judíos han desechado las antiguas posiciones de los rabinos en cuanto a lo que creían sobre el Mesías. Muchos se han mantenido firmes a un Mesías de sufrimiento. Segundo, el aprendizaje Judío está en tremenda desventaja al rechazar las escrituras del Nuevo Testamento. Cuando uno trata la verdad de la doctrina, debe tener acceso total al consejo de la Palabra de Dios. Esto es necesario cuando se estudian las profecías de la Biblia. Muchas profecías que no son claras en el Antiguo Testamento se clarifican en la revelación del Nuevo Testamento. Esto es especialmente verdadero en las profecías sobre el Mesías e Israel. Para completar la imagen de lo que Dios dijo en el Antiguo Testamento, necesitamos tener acceso a los Apóstoles y sus escrituras. Dios ha hablado a su pueblo en estos últimos días a través de la revelación de Jesucristo (Hebreos 1:1-2). Los Apóstoles sostienen Su palabra y enseñanzas en su escritura. Cómo funciona todo en el plan de Dios y sale a la luz, se clarifica con la terminación del canon en el Nuevo Testamento. Los Judíos tienen su entendimiento impedido por su rechazo en reconocer la verdad de Cristo. Al rechazarlo no pueden ver la doble intención de la venida de Jesús, creando muchos problemas en sus doctrinas del Mesías. También están cegados a la realidad del Reino Presente, que revela las nuevas características del nuevo programa de Dios en la tierra. Tienen el acceso cerrado a las maravillosas verdades de gracia, por su terquedad. Por lo tanto, permanecen en un estado de ceguera hasta que la misericordia de Dios sea vertida sobre ellos al final de la Tribulación (ver capítulo 16). Tercero, el aprendizaje Judío se ha centrado en el hombre en su religión. Cuando uno abandona la verdad de la Palabra de Dios, las ideas del hombre surgen y se vuelven verdad en sí mismas. El producto final es una religión que está dominada por ideas humanistas. Esto significa que los pensamientos subjetivos del hombre trabajando independientes de la Palabra de Dios, se vuelven centrales en el desarrollo de la doctrina. La verdad objetiva de la Palabra de Dios como la autoridad absoluta se reemplaza por las enseñanzas del hombre, que trabajan independientes de las Escrituras. El Talmud está basado estrictamente en lo que dicen los hombres y no en la autoridad final del Antiguo y Nuevo Testamentos. Los Judíos cometieron el error común de todas las religiones que operan separadas de la autoridad de la Palabra de Dios. Introdujeron sustancias extrañas al mensaje de salvación enseñado por Jesucristo (salvación por la fe solamente). A menos que se sometan a las Escrituras y no al hombre, nunca podrán discernir las verdades espirituales de la Palabra de Dios.
El Resultado de la Ceguera Espiritual de Israel Dos cosas han resultado de la ceguera espiritual de Israel. Ellos han establecido su propio estándar de santidad con su ley no escrita, el Talmud, y no han podido ver la mano de Dios contra ellos en la historia. En vez de reconocer sus problemas y persecuciones como castigo de Dios, han encontrado maneras en su teología para racionalizar todo lo que les ha sucedido en la historia. Un ejemplo de esto está en Isaías 53. El Mesías que sufría se convirtió en la nación que sufría en su nueva teología. Esta es la posición sostenida por muchos, desde las escrituras del Rabino Rashi, que popularizó esta teología actual en el siglo once. 18 Por lo tanto han concluido que la nación está sufriendo por los pecados del mundo, en vez de por su rechazo hacia Cristo. Un comentario en un libro de historia Judía dice:
“La religión del Judío es la religión de toda la humanidad, la verdadera religión del mundo. El Judío es su misionero escogido, el Sirviente elegido de Dios, que indirectamente debe tomar para él los pecados del mundo, sometiéndose voluntariamente a la insolencia y el martirio, a ser separado como si fuera de la tierra de los vivos, pero seguramente se levantará del sepulcro, triunfante con el éxito del trabajo de Dios que ha sido llamado a cumplir. Y por esta Servidumbre, Israel es indestructible. El pacto amoroso de Dios con Israel durará más que los temblores por los que las montañas son movidas. Para que Israel pueda ser el maestro de la humanidad, una luz entre las naciones, el diseminador del Tora de Dios, la nación debe ser redimida.” 19
Este enfoque a Isaías 53 que reemplaza un Mesías que sufre con una nación que sufre, quita a los Judíos la obligación de arrepentirse por su rechazo hacia Cristo.
No hay lugar para el Antisemitismo Al reconocer los errores de Israel en la Era del Reino Presente, uno debe cuidarse de promover un espíritu de antisemitismo. Una cosa es reconocer las fallas de Israel, y otra cosa es llegar a una falsa conclusión. Por esto muchos han cometido una injusticia contra Israel en la Era de la Iglesia. La desobediencia de Israel hacia Dios no le da derecho a la Iglesia de juzgar a los Judíos que no aceptan el testimonio de Cristo individualmente. Desafortunadamente, la Iglesia en la historia de la Edad Media no aprendió esta lección. Dos cosas en la historia de la Iglesia primitiva parecen haber avivado la llama del antisemitismo. La primera son las primeras escrituras de los padres de la Iglesia, que objetaron las prácticas Judías en la Iglesia. Estas escrituras influyeron tanto a los líderes de la iglesia que se ofendían por los Judíos que practicaban cualquier cosa que recordara sus antecedentes Judíos. La segunda era una teología de la Iglesia que no dejaba lugar para que Israel sobreviviera como nación. Dios había terminado con Israel. Basada en estas escrituras la Iglesia de la Edad Media desarrolló una teología que descartaba la realidad de Israel en el Reino Presente. Estas escrituras junto con sus doctrinas, naturalmente dejaron las puertas abiertas para promover una tendencia hacia el antisemitismo. Como resultado, en vez de permitir a los Judíos no creyentes vivir en paz dentro del imperio Cristiano y practicar el Judaísmo, fueron vistos como enemigos de la Iglesia y del Estado. Este espíritu de odio hacia los Judíos caracterizó a la mayoría de las relaciones de la Iglesia con el disperso pueblo de Israel. Actuando con el apoyo de los líderes de la Iglesia, el Estado cometió toda clase de abusos contra los Judíos no creyentes. La persecución incluía la confiscación de sus propiedades, humillarlos haciéndolos vestir ciertas ropas, expulsión de sus casas, y el horrendo crimen del asesinato, todo en nombre de la Cristianidad. Estas atrocidades de la historia de la Iglesia son interminables. De hecho, la historia Judía en su mayor parte, después del siglo III, es una triste crónica de persecución tras persecución dirigidas hacia ellos por la influencia de la Iglesia de la Edad Media. No hay lugar para el antisemitismo, especialmente en la Iglesia. Lamentablemente este no es el caso. ¿Cómo podemos ver este maltrato de los Judíos desde una perspectiva bíblica? Aunque inapropiadas, las atrocidades dirigidas hacia los Judíos son consistentes con la Palabra de Dios. Dios predijo en el Antiguo Testamento que la desobediencia traería maldiciones (Levítico 27:14-29). Si los Judíos como nación hubieran permanecido fieles a Dios, habrían disfrutado de las maravillosas bendiciones prometidas en el Pacto de Moisés, pero si no eran obedientes, Dios prometió traer castigo hacia Su pueblo. La Ley de Moisés ha terminado (Romanos 10:4), pero el principio de castigo es aplicable a cada generación de Judíos. Con el rechazo de Cristo, la nación ha permanecido en un estado de desobediencia, aún en el presente. Su historia de sufrimiento, verifica la verdad de las Escrituras. Por otro lado, uno de los mayores testimonios de la Palabra de Dios en el Reino Presente es la perseverancia de la nación en el tiempo presente. No hay manera de que los Judíos hubieran sobrevivido considerando todo el abuso y persecución que han sufrido en todo el mundo. El Talmud los ha mantenido unidos religiosamente, pero la verdadera razón de que todavía son un pueblo es el Dios de la Biblia. El continuo juicio de Dios pende sobre cada generación de Judíos, pero las promesas incondicionales serán cumplidas en ellos. Aún cuando han sido dispersados entre las naciones, se han mantenido unidos de una u otra manera para que las promesas de Dios tengan cumplimiento. La realidad actual de Israel que regresó a su tierra es extraordinaria, considerando lo que la historia registra de ellos por los últimos 1900 años. Desde la destrucción del templo en 70 D.C. hasta el holocausto de los treintas y cuarentas del siglo XX, los Judíos son todavía un pueblo y una nación. Un comentario triste, como se menciona arriba, es que la Iglesia de la Edad Media jugó su rol de comportamiento antisemítico dirigido hacia los Judíos. Las escrituras de los padres de la Iglesia y las doctrinas de la Iglesia que ignoraron la realidad de Israel en el Reino Presente han conducido al maltrato de los Judíos. Aún los Judíos creyentes en el curso de la historia, han atacado a sus compañeros Judíos que no se subscribieron a la fe Cristiana. 20 A menos que la Iglesia como tal entienda el lugar de Israel en el Reino Presente, el antisemitismo se mantendrá vivo en algún lugar dentro de la fe Cristiana. No cabe duda de que la nación de Israel cometió un error muy grave al alejarse de la Palabra de Dios. La Iglesia como tal repetirá el mismo error en el Reino Presente. ENTRA LA IGLESIA DE LA EDAD MEDIA.
11. Paul L. Maier, Josephus. The Essential Works (Grand Rapids: Kregel Publications, 1988), p 376 12. Max L. Margolis and Alexander Marx, A History of the Jewish People (Philadelphia: The Jewish Publication Society of America, 1927), pp. 205-6. 13. Ibid, p. 222. 14. Ibid, p. 223 15 Ibid, p. 245 16. Dennis Prager and Joseph Telushkin, The Nine Questions People Asks About Judaism (New York: Simon & Schuster, Inc., 1981), p . 18. 17. Mark Eastman and Chuck Smith, The Search for the Messiah (Printed in the United States: The Word For Today, 1993), pp. 11-26. 18 Ibid, p. 14. 19. Max L. Margolis and Alexander Marx, A History of the Jewish People (Philadelphia: The Jewish Publication Society of America, 1927) pp. 118 20. Arnold G. Fruchtenbaum, History of Hebrew Christianity (Tustin Calif.: Ariel Ministries, tape series).
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