MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

Israel and the Church Under God-En Español

Translation by Salvador Torres

Israel y La Iglesia Bajo Dios

Una Perspectiva Bíblica de Actualidad

Capítulo 4

Una Nación Judía bajo Dios

 

“Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy el SEÑOR; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes;   y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto.  Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo soy el SEÑOR.” (Génesis 12:1-3)

 

 

La Liberación de Israel

Al iniciar el libro de Éxodo, el pueblo de Dios estaba bajo esclavitud como fue profetizado en el Pacto Abrahámico. Dios escogió a un sirviente, Moisés (Éxodo 1-6), para que liberara a Su pueblo de los Egipcios. Esta liberación de Egipto (1445 A.C.) hacia el desierto se convirtió en el nacimiento de la nación bajo Dios. Las plagas contra Egipto (Éxodo 7-1) demostraron a los Egipcios que el Dios de Israel, el Dios de Génesis, es el único Dios verdadero en contraste a las falsas deidades de Egipto. Cada plaga tenía la intención de evidenciar la inutilidad e insensatez de los Egipcios al adorar diferentes dioses. Por ejemplo, el dios del sol de los Egipcios no pudo detener la obscuridad que llegó a esas tierras (Éxodo 10:21-23). La plaga de ranas y mosquitos  tenía la intención de ridiculizar a los Egipcios por adorar a sus deidades con forma animal (Éxodo 8:1-24).

 

 

La Pascua

La Pascua (Éxodo 12-13) se convirtió en el evento más importante y significativo del Antiguo Testamento.

 

“Y Moisés convocó a todos los ancianos de Israel, y les dijo: Sacad y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua.  Y tomad un manojo de hisopo, y mojadlo en la sangre que estará en un lebrillo, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en el lebrillo; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana.  Porque el SEÑOR pasará hiriendo a los egipcios; y cuando vea la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará el SEÑOR aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir. Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. Y cuando entréis en la tierra que Jehová os dará, como prometió, guardaréis este rito. Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?,  vosotros responderéis: Es el sacrificio de la pascua del SEÑOR, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró.” (Éxodo 12:21-27)

 

La Fiesta de la Pascua recordaba a los Judíos como Dios pasó sobre sus casas cuando golpeó a los primogénitos de los Egipcios (Éxodo 12:25-27). La sangre en el marco de las puertas  (Éxodo 12:13) protegió a los Judíos de no tener el mismo destino que los Egipcios. La Pascua se convirtió en el presagio de Cristo, cuya sangre cubriría nuestros pecados para siempre (1 Corintios 5:7). Cristo es nuestro Cordero de la Pascua quién ha sido sacrificado por nuestros pecados. Sin el derramamiento de sangre, no puede haber perdón de pecados (Hebreos 9:22). Así como Dios protegió a los Israelitas de la muerte a través de la sangre de cordero en los marcos de las puertas, así Dios protege del castigo del pecado a aquellos que tienen fe en la sangre de Cristo.

 

 

El Milagro en el Mar Rojo

El milagro en el Mar Rojo, y la destrucción del ejército del Faraón (Éxodo 14-15) se convirtieron en una afirmación para Egipto y para el mundo de que el Dios de Israel, el Dios de la Biblia, es todo poderoso y controla todas las cosas. Es también una afirmación para los Judíos de lo asombroso de la naturaleza del Dios que estaba en su presencia. Para poder adorar a Dios de manera apropiada, los Judíos deben entender el carácter del Dios al que sirven. Este evento se refleja frecuentemente  en la historia Hebrea (Nehemías 9:9-10) para recordar a los Judíos este hecho. Si no comprenden lo asombroso del carácter de Dios y sus atributos, no podrán darle el honor y adoración que deben (Malaquías 1:6-14).

La primera generación de Judíos (la generación del desierto) parece haber cometido este error. Se convirtieron en un triste comentario para un pueblo cuyo Dios estaba justo en medio de ellos (1445 A.C. – 1405 A.C.). Apenas habían sido liberados, los Judíos empezaron a murmurar y a quejarse (Éxodo 16-17). Su incredulidad acerca de lo que Dios es capaz de hacer los llevó a vagar por el desierto durante cuarenta años. A pesar de su terquedad e incredulidad, Dios les dio instrucciones sobre cómo debían adorarlo.

 

 

La Introducción de la Ley de Moisés

En el monte Sinaí Moisés recibió la Ley para su pueblo. La Ley se convirtió en un estándar de santidad  para los santos del Antiguo Testamento. La Ley nunca tuvo la intención de ser un medio de salvación, porque el santo del Antiguo Testamento fue salvado de la misma manera que el santo del Nuevo Testamento (ver capítulo 3; Principio de Fe). Lo que proporcionó la Ley fue un estándar que expresaría la fe que uno tenía. El Apóstol Pablo en su carta a los Gálatas y a los Romanos describió completamente el propósito de la Ley.

En el pasado, antes de la Ley de Moisés, Dios trataba a los hombres de acuerdo a su conciencia y con leyes generales que gobernaban sus comunidades. El hombre representado por Adán fue creado en un estado de inocencia. No tenía pecado, pero tenía el poder de tomar decisiones impías. Cuando no pasó la prueba de obediencia del mandato de no comer del Árbol del Conocimiento, tomó una conciencia que lo guiaría en materia del bien y del mal. El no responder a su conciencia, tuvo como resultado el Diluvio (Génesis 6-8). Cuando Dios sacó a Noé y a su familia del arca, instituyó leyes para gobernar al hombre en cuanto a sus maneras pecadoras (Génesis 9:1-6).

Hasta este punto en el tiempo, nunca se habían dado leyes para un grupo seleccionado de gente. Los Judíos fueron el primer pueblo que fue instruido de una manera precisa y estaban obligados a seguir esas leyes divinas de corazón. Estas leyes al mismo tiempo distinguían a la nación de Israel de las otras naciones del mundo, y revelaron la santidad del gran Dios de la creación

 

“Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como el SEÑOR mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:5-8).

La Teocracia de Israel

La institución de la Ley fue la base para la Teocracia de Israel (ver capítulo 7; 1. El Primer Aspecto, La Teocracia de Israel). Esto significa que Dios estaba gobernando directamente sobre Israel a través de una línea sacerdotal y la Ley de Moisés. Él estaba en su presencia, y demandaba obediencia. En la Teocracia Judía el gobierno en funciones estaba entrelazado con las leyes religiosas. Los Judíos eran una nación, y el centro de su existencia era seguir la Ley. No podían tener un gobierno en funciones sin practicar la Ley. La Teocracia es completamente diferente de la Iglesia en el Nuevo Testamento. La Iglesia funciona independiente del gobierno, pero sigue siendo una entidad bajo ese gobierno (Romanos 13). Con Israel no era así. Dios estaba en medio, e Israel era libre de operar bajo Dios, estableciendo el gobierno divino de acuerdo a las leyes de Moisés. Mientras los Judíos fueran obedientes, el propósito de Dios para establecer esta Teocracia sería cumplido, pero no cumplir la Ley como pueblo, impediría la Teocracia (ver capítulo 6).

 

 

La Construcción del Tabernáculo

Después de la institución de la Ley, se erigió el tabernáculo (Éxodo 25-40). El tabernáculo era el medio a través del cual Dios residía entre Su pueblo. Desde la Caída la presencia inmediata de Dios se perdió por el pecado. Ahora se necesitaría un sacrificio con sangre para que el hombre pudiera tener fraternidad con Dios. Algunos sugieren que el conocimiento de esto empezó con Adán y Eva. La piel de un animal (Génesis 3:21) que cubriera su desnudez, indica que fue sacrificado. Quizá, en esa ocasión Dios los instruyó en el propósito detrás del sacrificio de animales. La institución de la Ley desarrolló completamente el asunto de los sacrificios de sangre. A través de la práctica adecuada de los sacrificios, el tabernáculo se convirtió en el lugar de residencia de Dios entre Su pueblo.

 

 “Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria del SEÑOR llenó el tabernáculo. Y no podía Moisés entrar en el tabernáculo de reunión, porque la nube estaba sobre él, y la gloria del SEÑOR lo llenaba. Y cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas; pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba. Porque la nube del SEÑOR estaba de día sobre el tabernáculo, y el fuego estaba de noche sobre él, a vista de toda la casa de Israel, en todas sus jornadas.” (Éxodo 40:34-38).

 

Esta construcción del tabernáculo testificaba el hecho de que Dios quería quedarse entre la humanidad pecadora. Esta permanencia era una expresión de Su amor mientras seguía tendiendo Su mano al hombre en su naturaleza pecadora.  Bajo el mandato de Salomón el templo reemplazó al tabernáculo. En los tiempos del Nuevo Testamento, el templo ya no fue necesario, porque Dios mora en el corazón de los creyentes a través de Cristo.

 

 

La Manera de adorar; Sacrificios Animales

Con la construcción del tabernáculo el sacerdote necesitaba entendimiento acerca de las ofrendas y sacrificios (Levítico 1-10). Estos sacrificios apuntaban hacia el trabajo terminado de Cristo (Colosenses 2:16-17; Hebreos 10:1-10). En el libro de Levítico Dios instruye al sacerdote como realizar estos ritos. Poder llegar a Dios en la adoración demandaba que estas instrucciones fueran ejecutadas de la manera prescrita. El no hacerlo así y la desobediencia a la Ley trajo el castigo de Dios bajo su Teocracia.

 

 

 

 

El Peregrinar por el Desierto

La primera generación de Judíos no aprovechó su posición privilegiada. Por su falta de fe (Números 13-14), no pudieron entrar a la Tierra Prometida. Con la incredulidad vino su peregrinar. En vez de disfrutar las bendiciones de Dios, peregrinaron en el desierto durante cuarenta años. Dios quería que la nación confiara en Él, no solo en Su existencia, sino en lo que era capaz de hacer. Los Judíos estaban conscientes de la presencia de Dios, pero no actuaban de acuerdo a sus promesas. En el Nuevo Testamento, el autor de Hebreos  trata esta experiencia del peregrinar.

 

“¿Quiénes fueron los que, habiendo oído, le provocaron? ¿No fueron todos los que salieron de Egipto por mano de Moisés? ¿Y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de incredulidad. Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en Su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.” (Hebreos 3:16-4:2).

 

“Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia.” (Hebreos 4:11)

 

Al usar este ejemplo del Antiguo Testamento, el autor amonesta a los Hebreos de la actualidad para que se protejan contra la incredulidad. El no confiar en el trabajo consumado por Cristo, los llevará a no tener descanso y a peregrinar en la vida Cristiana. La amonestación fue que confiaran en Dios con todo su corazón a través de Cristo y que disfrutaran el descanso, la paz y la alegría que Dios da a los creyentes.

 

 

Israel en La Tierra Prometida

La Teocracia de Israel fue mediada primero por el llamado de ciertos hombres. Bajo la primera generación, Moisés condujo al pueblo al desierto. Con la muerte de Moisés, Josué uno de los fieles espías (Números 14:6-9), condujo al pueblo a la Tierra Prometida. La comisión de Josué mostró el carácter que Dios demandaba de su pueblo, “Se fuerte y valiente” (Josué 1:6, 9). Los siervos fieles de Dios siempre son descritos en la Biblia como hombres de carácter y valor. Este tipo de cualidad es lo que necesitaban los Judíos para permanecer firmes y mantener la verdad de Dios hacia los hombres.

El evento en Jericó, cuando los muros cayeron (Josué 6), mostró a los Judíos que tenían la victoria segura cuando hacía las cosas a la manera de Dios. Israel podía depender de Dios cuando confiaban en Él, para mantener su causa, para separarlos como nación. Solo preguntemos a David cuando peleó contra Goliat.

La derrota en Hai (Josué 7) demostró a los Judíos que la victoria no podía llegar cuando estaba el pecado presente. Esto desafortunadamente fue una lección que la nación como tal no aprendió. Los problemas de Israel a través del Antiguo Testamento se debieron al pecado. Esta falta de alejarse del pecado fue el principal obstáculo en su historia. La realidad de esto se muestra a través de los profetas del Antiguo Testamento y durante el Periodo del Evangelio. Con el pecado prevaleciendo dentro de la nación, el castigo de Dios eventualmente conduciría al desmantelamiento de la Teocracia.

Cuando Joshua murió, Dios eligió jueces para mediar a nombre de Israel. Este periodo de jueces, el libro de Jueces, estaba caracterizado por frecuentes apostasías, provocando el castigo de Dios hacia Su pueblo. Con cada rebelión Dios elegía a un juez para que llevara al pueblo de regreso al lugar de adoración apropiado. Los jueces continuaron hasta que puso un rey  en el trono de Israel. La Teocracia de Dios ahora cambió de jueces a reyes. Este periodo de reyes siguió su curso desde el primer rey Saúl (1 Samuel 9-10) hasta el último rey de Judá, Sedequías (2 Crónicas 36:11-21).

Bajo David y Salomón, Israel prosperó y disfrutó de un tiempo que es conocido en la historia Judía como los “años dorados.” Esto es lo más cerca que Israel ha estado de ocupar y disfrutar la tierra que Dios les ha dado bajo el Pacto Abrahámico. El templo también reemplazó el tabernáculo como lugar de adoración. Con la muerte de Salomón la nación de Israel fue dividida (1 Reyes 12; 2 Crónicas 10). La guerra civil creó dos reinos. Este episodio en la historia es quizá el primer evento con significado para alejar a toda la nación de Dios. El reino del Norte de la nación era conocido como Israel, y el reino del Sur, se llamaba Judá. Cada reino era gobernado por su propio rey designado.  Esta era del reino dividido existió hasta que Asiria destruyó al reino del Norte en 722 A.C. (2 Reyes 17). Judá sobrevivió hasta 586 A.C. cuando el Imperio Babilónico bajo Nabucodonosor invadió el reino del Sur, deportando al pueblo a Babilonia (2 Reyes 25).

Por primera vez en su historia, la nación como tal estuvo fuera de la tierra de Israel. Todavía eran una nación, pero una nación dispersa, que hasta la actualidad, nunca ha regresado a los días de gloria que compartieron bajo David y Salomón. Sin embargo el capítulo final todavía está por escribirse.

A través de la historia de los Judíos, Dios hablaba a Su pueblo a través de los profetas. Muchas de esas profecías pueden identificarse con el juicio de Dios contra Su pueblo rebelde.  Estas profecías también revelan la voluntad de Dios para Israel. Mucho de lo que sabemos sobre el futuro de Israel viene a nosotros de esta manera. ENTRA LA PROFECÍA.