MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

Israel and the Church Under God -En Español

Translation by Salvador Torres

Israel y La Iglesia Bajo Dios

Una Perspectiva Bíblica de Actualidad

 

Capítulo 2

 

Un mundo bajo el pecado

 

“Pero la serpiente  era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?  Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;  pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;  sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.” (Génesis 3:1-7)

 

La Caída del Hombre

Este episodio en la incipiente historia del hombre se convirtió en la puerta de entrada para el pecado en la creación de Dios. Con la entrada del pecado el plan original que Dios tenía para el hombre fue perturbado drásticamente. Muchos cambios tuvieron lugar los cuales no solo afectaron al hombre sino al reino animal y a la tierra misma. Examinando el texto de Génesis 3:14-19 nos podemos dar cuenta de la magnitud de estos cambios.

 

“Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida.  Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.  A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.  Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo.  Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:14-19)

 

Este pasaje es conocido como el Pacto Adámico porque fue un convenio hecho con Adán como representante de la especie humana. Introdujo al hombre a la consecuencia del pecado a través de la desobediencia de Adán y Eva. Con la adición de otros pasajes en Génesis 9:1-6 y las Escrituras del Nuevo Testamento, la proporción del daño por el pecado y sus efectos sobre el hombre pueden ser desarrollados.

En relación al hombre, su autoridad para gobernar fue entorpecida, haciéndolo un sujeto vulnerable a las maneras de Satanás (2 Corintios 4:4; 1 Juan 5:19). El hombre heredó una naturaleza pecadora (Romanos 6-8), dejándolo a merced de sus deseos pecaminosos. Su conciencia espiritual de seguir a Dios se perdió en la caída (muerte espiritual) y la enfermedad y la muerte física se convirtieron en una realidad como castigo al pecado (Génesis 3:19). Ya no existió más la fraternidad íntima con Dios (Génesis 3:22-24). Se volvieron necesarios los sacrificios animales para acercarse a Dios (Génesis 8:20). La provisión original para la dieta del hombre cambió de vegetariana a la opción de comer la carne de los animales (Génesis 9:3).  Su dominio sobre el reino animal se perdió (Génesis 9:2), y fueron necesarias las leyes para detener el  frenesí del pecado (Génesis 9:5-6).

El reino animal completo fue maldito. Probablemente fue en este momento que los cambios biológicos tuvieron lugar. Muchos animales cambiaron de una personalidad doméstica y de una dieta vegetariana a un carácter feroz y carnívoro. La armoniosa relación entre el hombre y los animales se rompió en este momento. Hubo una lucha por la supervivencia en el reino animal de manera que llevaría a la extinción de muchas especies. Quizá los dinosaurios que fueron creados en el sexto día eran demasiado grandes para mantener su existencia en este medio ambiente caído. La forma de la serpiente fue cambiada de una posición erguida a arrastrarse sobre su vientre (Génesis 3:14).

Entre todo lo anterior, la tierra en su totalidad experimentó los efectos de la Caída (Romanos 8:20). El medio ambiente perfecto que existía ahora estaba sujeto a deteriorarse. Los terremotos, hambre, tormentas, erupciones volcánicas, e inundaciones se convirtieron en una forma de vida en la historia del hombre. El trabajo que era disfrutado en la presencia de Dios, ahora se caracterizaba por un trabajo duro y menos productividad en este medio ambiente maldito. (Génesis 3:17b-19).

Otro factor importante introducido en ese momento fue el papel que Satanás jugaría en su afán por frustrar los planes de Dios. Habría un largo conflicto entre los creyentes bajo el reino de Dios y los no creyentes del reino impío opuesto de Satanás. Esto se puede concluir de Génesis 3:15 y se desarrolla en la revelación de la Palabra de Dios.

 

“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.”

 

La palabra simiente (semilla) en este texto tiene doble énfasis. Primero, se refiere a la principal persona que desciende de Satanás y de la que desciende de la mujer. Segundo, habla de todos aquellos que eligen lo impío (la simiente de Satanás) o la santidad (la simiente de la mujer). La principal simiente de Satanás (“entre ti”) será el Anticristo, mientras que la principal Simiente de la mujer es Jesucristo. Todos aquellos que no creen en Dios estarán bajo el control de Satanás (1 Juan 5:19), y se convertirán en objeto de su diabólico sistema en la tierra (2 Corintios 4:4). Aquellos que ponen su fe en Dios y escapan a la corrupción del dominio de Satanás serán objeto del reino de Dios como Sus hijos (Juan 1:12; 1 Juan 3:1).

Cristo, la principal Semilla de la mujer, dará la victoria más importante sobre Satanás en la Cruz (“te herirá en la cabeza”), mientras que los hijos de Dios serán objeto de sufrimiento por medio de la persecución (“tú le herirás el calcañar”). La persecución que fue dirigida a Cristo en Su ministerio en la tierra fue transferida a sus seguidores después de la resurrección (Juan 15:18-25). Aunque la enemistad entre los santos y los impíos se llevó a cabo en los tiempos del Nuevo Testamento, comenzó en el libro de Génesis cuando Caín mató a Abel (Génesis 4) y existió a través de todo el Antiguo Testamento. Cristo pondrá fin a esta enemistad cuando venga por segunda vez a destruir a las fuerzas del Anticristo (la semilla de Satanás)  al final de la Tribulación (ver capítulo 16). La importancia de mencionar este conflicto ahora, es mostrar que ni el pecado, ni Satanás prevalecerán contra los planes de Dios.

 

 

El Concepto Bíblico del Pecado

No hay razón para ver este evento literal en la vida de los primeros padres del hombre como algo de naturaleza ficticia. Adán y Eva eran gente real que literalmente desobedecieron a Dios, dando las bases y la definición del pecado. Pablo se basó en este evento en Romanos y desarrolló la verdadera naturaleza del pecado. En Romanos 5 mostró los efectos universales del primer pecado del hombre.

 

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.  Pues antes de la ley, había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado. No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir. Pero el don no fue como la transgresión; porque si por la transgresión de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia y el don de Dios por la gracia de un hombre, Jesucristo. Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación. Pues si por la transgresión de uno solo reinó la muerte, mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia. Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:12-19)

 

Pablo en este texto contrasta el acto de desobediencia de Adán con el acto de gracia de Cristo. El acto de Adán trajo condenación a todos los hombres. Con Adán todos los hombres han pecado y están sujetos al castigo por el pecado. Esta es una verdad universal que necesita ser reconocida por cada individuo. Este era el argumento de Pablo cuando empezó a tratar el asunto del pecado en Romanos.

 

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda.  No hay quien busque a Dios.  Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;  No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta;  con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre;  quebranto y desventura hay en sus caminos;  y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos.” (Romanos 3:10-18)

 

Haciendo referencia a los pasajes del Antiguo Testamento, el Apóstol Pablo pudo llegar a este punto esencial en la relación del hombre con el pecado. Todos han pecado y se han quedado cortos en cuanto a las demandas de santidad hechas por Dios. Al continuar en su argumento, muestra la inhabilidad del hombre para vencer al pecado por causa de su naturaleza pecadora (Romanos 5-8). Tiene una naturaleza pecadora en su nacimiento, y por lo tanto, comete actos de pecado por ello. Su cuerpo es el instrumento que lleva el pecado que domina su existencia en su naturaleza pecadora (Romanos 6:11-23).

El pecado es lo que separa al hombre de Dios. El asunto del pecado tiene que ser resuelto para traer la restauración al hombre. La Biblia enseña que el hombre está indefenso contra el pecado. No está dentro de su poder el vencer al pecado y encontrar la reconciliación con Dios. La salvación no está dentro del panorama del hombre. Las buenas noticias son que Dios ha proporcionado un plan en Cristo, para remediar esta situación. A menos que entienda esta verdad bíblica, no podrá entender el significado detrás de la crucifixión y la resurrección de Jesucristo, ni de la necesidad de ejercitar la fe en Él (Gálatas 2:20-21).

Algunos han descartado esta narración literal de Génesis 3 y, al hacerlo han hecho a un lado la realidad del pecado. En los escritos de historia antigua, los filósofos griegos al tratar los problemas del hombre ignoraron esta verdad bíblica del pecado. Al tratamiento del pecado  pasó por alto la naturaleza pecadora del hombre lo que resultó en una idea mecánica del mismo. Esto es que el pecado (si es que así lo llaman) puede ser corregido con una mejor educación hacia la vida. Concluyen que los problemas del hombre tienen que ver con el conocimiento y no con su corazón. John Macy un autor que apoya las ideas de Platón y Sócrates, llegó a esta conclusión.

 

 “Es imposible dar aquí un indicio de las muchas ideas de Platón, Pero podemos sugerir dos. Una es la idea favorita de Sócrates de que la virtud es el conocimiento y el vicio es la ignorancia. La creencia de que el hombre se porta mal porque no sabe algo mejor es hoy ampliamente actual y es la mejor explicación del pecado que se ha dado.” 2

 

Al basarse en la afirmación de Sócrates de que la virtud es conocimiento y el vicio es ignorancia, definió al pecado como algo que tiene que ver con la capacidad intelectual del hombre. Todavía tuvo la audacia de usar las Escrituras para apoyar sus conclusiones.

 

 “Es congruente con la enseñanza del hombre que en la hora de su muerte dijo; “perdónalos, porque no saben lo que hacen.” 3

 

Usó inapropiadamente este texto para apoyar el falso razonamiento al que llegó sobre el pecado. El pecado no tiene que ver con el estatus educativo del hombre (ver arriba). Es notable lo que el hombre puede hacer al torcer la Palabra de Dios para cambiar su intención original. Esta distorsión de la verdad bíblica del pecado deja a la cruz sin propósito, porque el pecado (de acuerdo a él) puede ser vencido con el conocimiento. No hay necesidad de un Salvador.

Aún en círculos religiosos la verdad bíblica del pecado se pierde. Los Fariseos del los Evangelios enseñaban que una persona se convierte en pecadora cuando peca. Los Judíos de hoy enseñan que el pecado es lo que haces, no lo que eres. La Biblia enseña que pecamos porque somos pecadores. Esto es muy diferente en relación con las otras posiciones.

Hay otros malentendidos porque la mayoría de la gente sigue identificando al pecado como un acto de desobediencia sin hacer énfasis en su causa, la naturaleza pecadora. Al estudiar las escrituras bíblicas, uno puede entender la idea del pecado y entender el pleno carácter de su esencia. Este entendimiento comienza con el primer pecado de Adán y Eva y continúa con las escrituras de Pablo y otros escritores del Nuevo Testamento sobre este asunto.

Los efectos del pecado se nos muestran a través de los primeros once capítulos de Génesis. Caín al matar a su hermano  (Génesis 4:8), revela el pecado profundamente asentado que está en todos los hombres. Como el asesinato es el resultado del odio, todos tenemos el potencial de matar (1 Juan 3:15). El propósito del diluvio fue por la maldad que había en el corazón del hombre (Génesis 6:5). Cada inclinación de su corazón estaba dominada por pensamientos malignos. La Torre de Babel en Génesis 11 da más evidencia de la rebelión del hombre. En vez de repoblar la tierra (Génesis 9:7), el hombre decidió trabajar independiente de Dios, rechazando cualquier suministro hecho para él.

A pesar de las cicatrices del pecado, la especie humana ha sobrevivido en sociedad porque fue creado a la imagen de Dios (Génesis 9:6). Una fibra moral existe en todos los hombres. Es capaz de entender el bien y el mal (Génesis 3:22) y por lo tanto se puede gobernar a sí mismo con las leyes que proporcionan un medio ambiente de bienestar para la especie humana.

Sin embargo, debe guiarse en la revelación divina, el la Palabra de Dios, y creer en el testimonio de Cristo  y en Su sacrificio para poder estar libre del pecado (Romanos 10:17), que separa al hombre de Dios. Un enfoque moralista de la vida no puede traer salvación o detener el frenesí del mal que ha permeado nuestra sociedad y el mundo de hoy. El pecado dominará la vida de los hombres a pesar de sus intentos de vivir buenos principios morales. La historia del hombre prueba esto una y otra vez.

Es de suma importancia que el asunto del pecado sea considerado a la luz de la humanidad. AL hacerlo así, uno podrá explicar los problemas de la vida con el hombre y el mundo. Dios no creó este desorden. Fue la elección del hombre pecar, y eso trajo al mundo las muchas dificultades y males que existen a su alrededor.

Si nos detuviéramos aquí, nos quedaríamos con un triste comentario de la existencia del hombre. La vida parecería un círculo vicioso de angustia y desesperanza. Pero las buenas noticias son que Dios ama al hombre y está interesado en la condición que perdió.  Por lo tanto Se ha reservado para Él un pueblo (Génesis 12:1-3) del cual surgirá el Mesías. ENTRA ABRAHAM.

 

 

 

2. John Macy, The Story of the World’s Literature (New York: Boni & Liveright, Inc., 1925), pp 117-118

3. Ibid., p. 118