MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

God’s Workmanship Under Grace-En Español

Translation by Salvador Torres

La Obra de Dios en Su Gracia

 

Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.

 

Capítulo Doce

 

Haciendo la Diferencia

 

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.  Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él. (2 Corintios 5:17-21, énfasis agregado)

 

Embajadores de Dios

 

Los creyentes  son los embajadores de Dios a través de quienes Él hace Su llamado al mundo para revelarle la verdad de Jesucristo. Dios no usa a los poderosos ángeles del cielo o a los ricos y famosos incrédulos de este mundo para llevar Su verdad, sino a los pecadores que han volteado a Él con arrepentimiento. Nosotros somos sus instrumentos y vehículos, haciendo la diferencia en un mundo que ha olvidado la bondad de Dios. Si esto es así, ¿Cuánto necesitamos caminar de acuerdo al propósito de nuestro llamado?

 

Protegiéndonos de la Complacencia

 

Para ser un embajador efectivo, el santo de la iglesia necesita mantener su fervor espiritual. Debe seguir madurando y viviendo una vida llena del Espíritu a través de su andar Cristiano. Una de las características más devastadoras que acosa a los creyentes es la complacencia. No es tan fácil de detectar como el pecado que es una violación directa de la Palabra de Dios. Ha pasado desapercibida en muchos individuos y congregaciones a través de generaciones en la iglesia. Lamentablemente, este comportamiento es más dañino y perjudicial que los pecados evidentes, que pueden ser monitoreados en la congregación. Quizá esta es la razón por la que han sido tan dañinos para el bienestar espiritual del creyente y de la iglesia como un todo. El creyente necesita protegerse constantemente de esta dañina actitud al servir a Dios. Como este pecado ha encontrado una manera de esconderse,  demanda nuestra atención. El carácter y esencia de la complacencia puede ser descrito de esta forma: el no poder seguir madurando en nuestra vida Cristiana. Es encontrar satisfacción en nuestro andar espiritual sin deseos de crecer en la gracia de Dios. Es no permitir que Dios nos haga esforzarnos hasta el límite para ser instrumentos efectivos para Él. El creyente siente que ya ha llegado y su amor por Dios se enfría. Este es un lugar muy peligroso para un hijo de Dios. Es interesante ver lo que el diccionario Webster dice sobre la complacencia:

 

Auto satisfacción acompañada de una inconsciencia  de peligros y deficiencias reales.

 

Esta definición no podía estar más cerca de la verdad en cuanto a un creyente complaciente. El creyente no solo deja de mantener sus obligaciones para con Dios cuando es complaciente, sino que está totalmente inconsciente de su deficiencia espiritual.

Esta falla oculta en el creyente y en la iglesia como un todo necesita ser corregida. Muchos Cristianos empiezan su camino con la quemante intención de servir a Dios sin reservas, pero antes que se den cuenta el estancamiento se infiltra en su corazón y su mente. Se convierten en espectadores de la fe en vez de guerreros de Dios que pueden penetrar la obscuridad del dominio de Satanás en la tierra.

 

Manteniéndonos Firmes

(Manteniendo la Intensidad Espiritual)

 

¿Cómo mantiene la iglesia la intensidad espiritual que se necesita para experimentar la plenitud de nuestro llamado en Cristo? ¿Cómo podemos seguir viviendo una vida llena del Espíritu para Dios que marque una diferencia para el evangelio de Jesucristo? Hay una frase en las Escrituras que se repite a través de las epístolas: Mantenerse firme. El creyente necesita mantenerse firme en el Señor.

 

Así que, hermanos míos amados, manteneos firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. (1 Corintios 15:58)

 

Dios quiere nuestros pies tan bien anclados en la verdad que nada en este mundo pueda arrancar de raíz nuestras creencias. Debemos emplearnos totalmente en los asuntos del Señor  - creciendo y madurando en nuestra fe para poder ser inamovibles por las pruebas y dificultades de la vida. Para poder estar firmes, debe tenerse un panorama en tres dimensiones de la vida del creyente. Estas dimensiones tienen una perspectiva del pasado,  presente y futuro. Las tres son aludidas en la carta del Apóstol Pablo a los Filipenses.

 

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. (Filipenses 3:13-16 énfasis agregado)

 

Perspectiva del pasado: Olvidar lo que quedó atrás.

Perspectiva del futuro: Extenderse a lo que está adelante

Perspectiva del presente: Seguir la misma regla en aquello que hemos llegado

Pablo, en este pasaje contrasta la Ley con la gracia de Dios en Cristo. La plenitud del andar del creyente llega cuando su vida está oculta en Cristo, no cuando regresa al viejo estándar. En el verso 13, vemos la perspectiva pasada y futura de mantenerse firme en la fe. Pablo dice que olvidemos lo pasado y extendernos hacia lo que viene por delante. En realidad en este contexto está diciendo que olvidemos el viejo estándar de rectitud bajo la Ley  y que insistamos en la esperanza que el creyente tiene en Cristo. Estos creyentes deben ver hacia la nueva vida que tienen en Cristo, persiguiendo la esperanza de vida eterna.  Esta perspectiva hacia el futuro de la esperanza es lo que purifica al creyente en su diario andar.

 

Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. (1 Juan 3:3)

 

Los creyentes que se ajustan a la amonestación de Pablo, continuarán con su conducta con significado y edificante en su andar personal con Dios. Si no se apegan a las palabras de Pablo, se verán estancados a sí mismos en su andar Cristiano al regresar a las maneras antiguas de la vida.

La idea es esta: ¿estamos viviendo en el pasado, en el que ciertas prácticas infructuosas todavía están en nuestras vidas en detrimento de nuestro actual andar con Dios? ¿Hemos estancado nuestro progreso porque no estamos permitiendo que el Espíritu Santo nos guíe en las cosas que son eternas? ¿No estamos cultivando la esperanza que tenemos en Jesucristo, y estamos caminando hacia atrás hacia un pasado sin esperanza? Necesitamos enfocarnos en las cosas eternas que tienen significado y son verdaderas. ¿Podemos tomar la misma actitud que Pablo tenía de querer conocer a Cristo y olvidarse de las cosas que quedaron atrás?

 

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;   a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a Él en su muerte,  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. (Filipenses 3:7-11, énfasis agregado)

 

Pablo en este pasaje es movido por su deseo de conocer a Jesucristo que vive en el. No va a permitir que nada interfiera u oculte su búsqueda de rectitud, para conocer a Cristo en toda su plenitud. Su esperanza en esta vida es ver lo que viene adelante, “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filipenses 3:14). Esta es la esencia de la práctica Cristiana, vivir por Jesucristo.

 

Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. (2 Corintios 5:14-15)

 

No se trata de practicar una religión con ritos prescritos, sino de una relación personal con Jesucristo en la que uno hace todo lo posible a través de la gracia de Dios para ser más como Él. Si la Cristiandad de uno está basada en esta premisa para madurar, entonces será un fundamento sólido para mantenerse inamovible en su fe en Jesucristo.

La tercera dimensión para mantenerse firme es vivir en el estándar que hemos alcanzado en nuestro andar espiritual. “Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla(Filipenses 3:16). Mientras crecemos no nos debemos permitir el relajarnos o volver a caer en las áreas de nuestras vidas en las que ya habíamos madurado. El creyente puede prevenir esto al continuar creciendo en la gracia de Dios. Nuestra mentalidad debe siempre buscar la satisfacción en nuestra fe, pero nunca sentirnos satisfechos de donde estamos en nuestra madurez. Esta es la amonestación de Pedro al exhortar al creyente a perseverar en la fe.

 

Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;  a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.  Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. (2 Pedro 1:5-11)

 

Recuerda, solo hay una velocidad en el andar Cristiano, hacia adelante a toda velocidad. Si no mantenemos esta velocidad, corremos el riesgo de convertirnos en vehículos no efectivos e improductivos. Se dice que si un tiburón se deja de mover, terminará hundiéndose. Es una máquina de comer que constantemente está merodeando. Esto sirve como  una buena ilustración del creyente, quien de la misma manera, debe moverse persistentemente hacia adelante en su fe. Si se vuelve complaciente, retrocederá en su caminar para Dios. A esto es a lo que se refería Jesucristo cuando hablaba de los temas de la creencia en el reino de Dios.

 

Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. El le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (Lucas 9:57-62, énfasis agregado)

 

Las excusas en este pasaje revelan que los que le oyeron no estaban listos para seguir a Cristo. Estaban fuertemente atados a las cosas de este mundo. Impidiéndoles seguir a Cristo con todo su corazón. Eran sus corazones los que los detenían y no las circunstancias. Recuerda, Dios nos ha equipado con todo lo necesario para perseverar tanto espiritual como físicamente. El enemigo Satanás está constantemente tratando de cegarnos de esta realidad. Está buscando devorar a alguien destrozar su fe en Dios.

 

Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar. (1 Pedro 5:8)

 

Si Satanás es exitoso en sus implacables ataques, el creyente se convierte en un vehículo inútil para Dios. El creyente necesita ser de espíritu sobrio y estar alerta, contraatacando con la Palabra de Dios en vez de sucumbir ante las mentiras de Satanás. Las Escrituras nos recuerdan diariamente de nuestra nueva relación en Jesucristo y de la victoria que tenemos en Él.

Cuando Satanás tentó a Jesús en el desierto, Cristo contraatacó con la Palabra de Dios. Nosotros no podemos hacer nada mejor que contraatacar con la Biblia y proclamar la victoria que todos tenemos en Cristo. No hay razón por la que alguno de nosotros nos quedemos cortos en nuestras obligaciones a nuestro llamado. Dios siempre nos dará la gracia y la misericordia que necesitemos. Si nos estamos quedando cortos en nuestro propósito, somos nosotros los que tenemos que cambiar y no el Padre. Confía en Dios y camina en la plenitud de nuestra gran salvación en Jesucristo.

Esta vida es una neblina que rápidamente se desvanece comparada con la eternidad (Santiago 4:14). Debemos aprovechar al máximo nuestras oportunidades y el tiempo mientras estemos en la tierra. Nuestras vidas deben ser usadas en hacer la voluntad del Señor. Hemos sido liberados del reino de obscuridad y llevados al reino de luz; por lo tanto, caminemos en nuestra nueva vida en Cristo.

 

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos,  Y te alumbrará Cristo.  Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor. No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. (Efesios 5:8-20)

 

Cargando Nuestra Cruz

 

Un pensamiento final: Casi todo lo que este mundo promueve se opone a las enseñanzas de Jesucristo y lo que Él significa. Jesús pidió a sus discípulos en los evangelios cargar su cruz. ¿A qué se refería exactamente? En tiempos de los Romanos, la crucifixión en la cruz identificaba a la persona como un criminal del estado. Era la manera que el gobierno Romano tenía para decir al pueblo que el que era crucificado estaba equivocado y que ellos tenían razón en llevar a cabo el castigo. Cuando cargamos nuestra propia cruz, nos identificamos con el rechazo del mundo hacia Jesucristo. (Juan 15:18-21). Al identificarnos con este rechazo, nos estamos identificando con la verdad de Cristo. Al hacer esto, somos llamados a cambiar las posiciones y a decir al mundo que está equivocado y que Jesucristo tiene la razón. Esto es una montaña difícil de escalar, pero la práctica de la fe nos ayudará a mantenernos contra aquellos que se oponen a la verdad de Jesucristo.

Cuando David peleó contra Goliat, parecía tener una enorme desventaja. El venció este aparentemente insuperable obstáculo  confiando en Dios. Su fe lo llevó más allá de sus miedos a un lugar donde proclamó la grandeza de Dios.

 

Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. (1 Samuel 17:45)

 

Él estaba completamente consciente de que Goliat era el que estaba en desventaja porque estaba en contra del Dios de Israel. David sabía que Dios bendice a sus siervos que ponen su fe en Él. Del mismo modo, hay muchos Goliats que el creyente enfrentará en su vida, pero para aquellos que han confiado completamente en Dios, estos obstáculos caerán a la orilla del camino.

Como se mencioné en el capítulo 1 y ahora reitero, este libro testifica el almacén de riquezas que Dios tiene para nosotros en nuestro llamado celestial. Dios habla a sus siervos hoy para mantener su propósito como Cristianos, terminando su tarea de testificar la verdad de Jesucristo. Considera las palabras del Apóstol Pablo en su determinación para completar su tarea.

 

Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; 20:23 salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.(Hechos 20:22-24)

 

El tiempo es ahora, como embajadores de Dios, de mantenernos firmes por Cristo y la verdad. El tiempo es ahora para hacer uso de todos los recursos con los que el Padre nos ha equipado y hacer una diferencia en este mundo para Dios. Somos la luz del mundo que penetra la obscuridad que ha llegado a los corazones de la gente. Somos la sal de la tierra que preserva la verdad y que permite a los perdidos probar la bondad de Dios en toda Su gracia y misericordia.  Nuestra obligación es hacer un impacto para el evangelio de Jesucristo. Se requiere un Cristiano maduro que sepa cómo mantener su razón contra los esquemas del enemigo para terminar su misión.

 

Somos la obra de Dios creada en Cristo Jesús para producir fruto de santidad; por lo tanto, el Padre en el cielo está dándonos forma y moldeándonos a la maravillosa imagen de Jesucristo. Regocíjense mis hermanos y hermanas en el amor de Dios y los planes que Él tiene para todos nosotros.

 

Oro para que sean alumbrados los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que Él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos. (Efesios 1:18-19a)

 

 

¡AMEN!