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MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada |
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Pastor Bertoli’s Book God’s Workmanship Under Grace-En Español Translation by Salvador Torres |
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La Obra de Dios en Su Gracia
Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.
Capítulo Diez
La Práctica de la Santidad
El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, dando preferencia los unos a los otros. En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por malo, sino vence con el bien el mal. (Romanos 12:9-21)
Las Diferentes Expresiones de Santidad
El pasaje de arriba revela muchas prácticas que pertenecen a la conducta de Cristo. Este pasaje fundamental de rectitud toca casi todas las áreas del andar Cristiano. Sirve como un manual compacto de cómo el creyente debe expresar su rectitud en Cristo, en su adoración diaria de Dios. Haríamos bien en seguir los pasos de éstas prácticas para que nos dirijan en nuestra vida diaria.
Un Amor Genuino El amor es el primer punto tratado. Como mencionamos previamente en el capítulo 9, el amor es el cimiento de todas las otras características divinas que debemos cultivar en nuestras vidas. Pablo dice a los creyentes que se deben amar sin hipocresías; esto es, con un amor que no es superficial o sin substancia, sino que sea genuino y que opere con toda verdad. Nuestro amor debe ser real e incondicional y debe reflejar el carácter de Jesucristo en Su amor por nosotros. La práctica del amor da fortaleza y peso a la verdad que proclamamos, y es un medio poderoso para ganar entendimiento en el mensaje del evangelio. La gente que recibe nuestro amor está más inclinada a oír nuestro testimonio de salvación y la verdad de Jesucristo.
Aborrecer lo que sea Malo El creyente debe “aborrecer lo que sea malo.” Aborrecer es expresar odio por algo separándonos de ello. Lo malo en este texto significa algo que se opone al bien. Expresamos nuestro odio hacia lo malo apartándonos de las prácticas y creencias del mundo que se oponen a las claras enseñanzas de la Palabra de Dios. La rectitud, es este contexto, está definida, como una separación de lo malo. No debemos participar en nada que nos dificulte nuestro camino o nuestro testimonio del mensaje del evangelio. El abstenernos de esta conducta es una afirmación de nuestra lealtad a la verdad de Jesucristo.
Seguir lo que sea Bueno El creyente debe “seguir lo que sea bueno.” La palabra seguir tiene el significado de adherirse uno mismo a algo. Nosotros como pueblo de Dios nos debemos unir completamente a Cristo en su rectitud y seguirlo a dondequiera que Él nos guíe. La conducta que revela la bondad y la pureza de Dios es el camino que todo Cristiano debe caminar.
Amarnos los Unos a los Otros En la familia de Dios, debemos ser afectuosos unos con otros con un amor fraternal. Nuestra relación con nuestros hermanos y hermanas en el Señor debe ser tan fuerte como los lazos con nuestras familias. Nuestros hermanos y hermanas que son nuestros colegas en la proclamación del mensaje del evangelio, deben ser preciosos y amados por nosotros porque compartimos el propósito común de glorificar al Padre. Compartir nuestras vidas unos con otros tiene como resultado un lazo íntimo de amistad.
Dando Preferencia los Unos a los Otros en cuanto a la Honra Debemos “dar preferencia unos a los otros en cuanto a la honra” (verso 10), considerando a los demás más importantes que nosotros. En nuestra humildad debe haber una transformación en la que nos centremos en la gente en vez de centrarnos en nosotros mismos. Debemos interesarnos más en las necesidades de los demás y menos en nuestras necesidades y deseos propios. Jesucristo se encargará de nuestras necesidades personales como nuestro Señor y Salvador.
El Ritmo e Intensidad del andar Cristiano El ritmo e intensidad de nuestro andar con Dios se revela en el verso 11. Debemos estar atentos a los asuntos espirituales, no siendo perezosos, fervientes en espíritu, sirviendo al Señor. Para ponerlo en otros términos, debemos estar ansiosos por las cosas de Dios en todo momento. El no hacerlo así nos aparta de caminar en la plenitud de nuestra fe. Solo hay una velocidad en la que el creyente opera adecuadamente en su servicio a Dios: a toda velocidad y hacia adelante. Para mantener este ritmo en nuestro andar, el verso 12 menciona tres cosas. Primero, siempre debemos regocijarnos en la esperanza de las promesas de Dios. La esperanza bíblica no es como la esperanza que el mundo tiene, en la que siempre hay incertidumbre para el mañana, sino que la esperanza del creyente tiene absoluta certeza del mañana. Es por esto que el Apóstol Pedro la llamaba una esperanza viviente, porque produce gozo en nuestra realidad presente sabiendo que las promesas de Dios se cumplirán.
Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia no perecedera, incontaminada y que no se marchita, reservada en los cielos para vosotros, 1:5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. (1 Pedro 1:3.5)
Nuestro gozo en la vida debe emanar de la bendita esperanza que todos compartimos en Jesucristo. Esto por sí solo debería ser suficiente para que siempre estemos gozosos, sin que el estado de los asuntos que nos rodean nos lo impidan. La Biblia nos enseña que el gozo de nuestra salvación nunca debe ser desalentado por las circunstancias de la vida. Siempre debe estar presente un gozo inexpresable que hierva en lo más profundo de nuestro ser, sabiendo que Dios cumplirá sus promesas hacia nosotros.
Segundo, debemos ser pacientes con las dificultades y tribulaciones, perseverando a través de nuestras pruebas de una manera que sea agradable a Dios. Los discípulos fueron advertidos en el evangelio en cuanto a los problemas de este mundo, pero la paz de Dios los debe sostener en las adversidades de estos tiempos.
Estas cosas os he hablado para que en Mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)
Debemos entender las pruebas como parte del plan de Dios para evitar que nos detengamos en nuestro andar Cristiano. En vez de permitir que las pruebas nos desanimen, debemos verlas como oportunidades para testificar la fe que profesamos. Nuestro valor y habilidad para mantener el equilibrio en medio de las tribulaciones servirá como un gran testigo para aquellos que se oponen al evangelio. Tercero, ser devotos a la oración en nuestra vida diaria. Devoto significa dar constante atención al privilegio especial de acercarnos a Dios en la oración. Debemos ser persistentes en nuestra vida de oración, especialmente cuando nuestras peticiones son valiosas y están de acuerdo con la voluntad de Dios. La oración es lo que nos ayuda a mantener nuestra fraternidad con Dios y a enfocarnos en las cosas que son verdaderas y eternas en medio de las adversidades. Las tres cosas – el regocijo en la esperanza, la paciencia en las tribulaciones, y nuestra dedicación a la oración – nos ayudan a mantener el ritmo y la intensidad de nuestro andar Cristiano.
Compartir para las Necesidades de los Santos En el verso 13, se nos enseña más a fondo en las prácticas propias en la fraternidad de creyentes. Nuestra obligación es satisfacer las necesidades materiales de los demás. Nuestra fraternidad debe estar consciente de cualquier dificultad financiera o problemas materiales que agobien a los hermanos fieles. Cuando un hermano en Cristo ha cumplido con sus obligaciones hacia Dios y hacia el evangelio, la iglesia debe proporcionar la ayuda que sea necesaria para ese fiel santo. También debemos practicar y buscar oportunidades para mostrar hospitalidad cuando esté dentro de nuestras posibilidades actuar. Cuando Pablo escribió esta carta era importante que la iglesia apoyara a los predicadores viajeros que viajaban millas a pie para predicar el evangelio. Necesitaban de un lugar para descansar y encontrar confort después de sus largos viajes a través de las tierras. Aunque los viajes son definitivamente más fáciles hoy en día para el evangelio, hay muchos Cristianos que cambian su lugar de residencia y sus ministerios que darían la bienvenida a la hospitalidad de sus compañeros santos. Encontrar amabilidad entre los creyentes es algo precioso para reducir el estrés entre aquellos que se trasladan de un lugar a otro. También hay muchos misioneros con licencia que recibirían con agrado una comida hecha en casa y una atmósfera de amabilidad para soportar su fatiga de la misión.
Resistir la Persecución En el verso 14, el creyente es instruido acerca de cómo manejar la persecución: Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Cuando estamos bajo fuego, nuestra carne puede dictarnos como responder. Nuestra primera inclinación es contraatacar, pero Dios quiere que respondamos de la misma manera que Cristo. Debemos constantemente responder con amabilidad y amor a aquellos que nos maltratan. Un buen pasaje a seguir cuando enfrentamos cualquier adversidad de esta naturaleza es la palabra de Pablo en la que alienta a Timoteo
Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. (2 Timoteo 2:24-26)
En nuestra batalla contra el odio y el mal, debemos considerar el rol de Satanás en cuanto a cegar a la gente para no ver la verdad. El hacerlo nos hace pacientes y considerados con aquellos que están perdidos. Un acto de gentileza y entendimiento como respuesta hacia el odio es algo a lo que la mayoría de la gente responde de manera favorable. Aún el criminal más cruel puede experimentar un cambio hacia los que responden con amabilidad a sus malas acciones. ¿Por qué es tan importante? La reacción divina de amabilidad en medio de la adversidad es lo que aleja la dureza del corazón de una persona. Dios está interesado en las almas de la gente cuya salvación está en juego. En la persecución, el creyente necesita ver la imagen más grande del programa de Dios que se está llevando a cabo en el cielo. El inconveniente de la persecución es insignificante comparado con la oportunidad potencial de ganar a alguien para la fe al reaccionar de la manera adecuada. Es de suma importancia que en tiempos de persecución reaccionemos como Cristo, viendo nuestras circunstancias a través de los ojos de Dios.
Empatía en Nuestra Fraternidad En el verso 15, somos llamados a regocijarnos con aquellos que se regocijan y a llorar con los que lloran. Regocijarse con los demás es compartir su gozo ante Dios. Creo que uno de los factores más grandes que nos unen en una fraternidad es el compartir el gozo de unos con otros en nuestro servicio a Dios. Hay algo maravilloso en nuestra amistad cuando compartimos las bendiciones de unos con otros en el Señor. Esto construye una relación íntima de unidad como colaboradores en nuestro servicio a Dios. Ya sea que seamos la persona bendecida o no, lo importante es que tengamos placer juntos en el gozo de los demás. Lo opuesto a gozar con aquellos que se regocijan son los celos. La base de operación de los celos es una actitud centrada en uno mismo. El creyente que reacciona con celos hacia las bendiciones de alguien más está cayendo en actitudes egoístas, y se roba a si mismo su gozo. En vez de compartir el gozo de los demás, responde egoístamente. Los celos son un asesino que paraliza el cuerpo entero y al estar paralizado no puede experimentar el gozo y la paz del Espíritu Santo. El libro de Proverbios lo dice mejor:
Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia? (Proverbios 27:4)
Los creyentes no solo están llamados a compartir su gozo, sino también a tener empatía unos con los otros cuando un hermano o hermana está en aflicción. Debemos ser sensibles, identificándonos con los problemas de otros, y sintiendo algún grado de pena por sus circunstancias. Hay cierto alivio en la gente que sufre cuando alguien comparte su carga con ellos. Solo creciendo en el amor de Cristo podemos desarrollar un interés genuino en el que somos considerados y sensibles hacia aquellos que están pasando por tiempos difíciles. Separada de este amor, nuestra empatía con los demás puede resultar superficial, identificándonos con alguien solo de palabra y no de corazón.
Caminar en Armonía En el verso 16, los santos son instruidos para tener la misma mentalidad hacia los demás. Si como gente vamos a funcionar en la unidad del Espíritu Santo, entonces necesitamos tener una meta y propósito común en nuestros pensamientos. Esta fue la amonestación de Pablo a los Filipenses
Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. (Filipenses 2:1-2)
Teniendo la misma mentalidad, seguiremos un curso de acción en el que cada uno de nosotros buscará glorificar al Padre con las habilidades dadas por Dios. Nuestras acciones confirmarán el máximo amor de unos por otros en la unidad del Espíritu Santo. Esta misma mentalidad nos guiará para compartir las tareas de traer gloria al nombre de Jesucristo. No debemos poner nuestras mentes en cosas muy altas, sino que debemos asociarnos con los humildes (verso 16). Todo creyente debe tener el mismo amor y entusiasmo hacia toda la gente, no importa cuál sea su estatus social. Como creyentes algunas veces traemos nuestros propios prejuicios y nos relacionamos de manera especial con cierta gente en la iglesia. Los miembros están más inclinados a gravitar alrededor de la gente con mejor posición, que pueden ser líderes de la iglesia o gente importante dentro de las congregaciones. Muchas veces aquellos que necesitan nuestra atención son desatendidos porque el santo no se adhiere a esta práctica. Esta penosa situación y aquellos en posiciones más humildes son los que demandan nuestro ánimo y consideración. En la carta de Santiago a los creyentes, les pide cuidarse de esta actitud en la iglesia:
Hermanos míos, que vuestra fe en nuestro glorioso Señor Jesucristo sea sin acepción de personas. Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro y con ropa espléndida, y también entra un pobre con vestido andrajoso, y miráis con agrado al que trae la ropa espléndida y le decís: Siéntate tú aquí en buen lugar; y decís al pobre: Estate tú allí en pie, o siéntate aquí bajo mi estrado; ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos? Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman? Pero vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son ellos los mismos que os arrastran a los tribunales? ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fue invocado sobre vosotros? Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.
Es una triste imagen del amor imparcial de Dios hacia el hombre cuando el creyente viola este mandamiento en la iglesia. Los creyentes necesitan ver a toda la gente con los ojos y el corazón de Jesucristo. Para Cristo, una persona no privilegiada es tan preciosa como cualquier otra en la congregación. El mundo secular ha perdido mucha gente por sus desafortunadas circunstancias. Dios nos perdone si permitimos que este estándar gobierne nuestros corazones al tratar a los demás. Amemos al rico y amemos al más popular pero más que nada amemos a aquellos miembros de la iglesia que han sido privados del ánimo y amor por el mundo. El último punto en el verso 16 tiene que ver con lo que pensamos “No seáis sabios en vuestra propia opinión.” Para que esto sea verdad, el creyente debe caminar con humildad. La humildad nos ayuda a vernos a nosotros mismos a la luz de la santidad de Dios. Esto nos protege de nuestro propio orgullo (pensar demasiado en nosotros mismos) que nos ciega del entendimiento divino. El problema del orgullo es algo que afecta a todos los creyentes. El hombre que es sabio ante sus propios ojos se aparta a sí mismo de la gracia que Dios proporciona para cada situación.
Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. (Santiago 4:6)
Confiar en Dios y reconociéndole en toda forma protegerá a los creyentes de las actitudes de orgullo.
Confía en Jehová con todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal. (Proverbios 3:5-7)
Nunca Pagar Mal con Mal En el verso 17, se instruye al creyente a nunca pagar “mal con mal.” La represalia nunca es una opción para el creyente. En los momentos en los que hemos sido ofendidos, es de suma importancia que el Espíritu Santo nos guíe. Cuando el Espíritu nos guía, reaccionaremos con la gracia y el amor de Dios y abandonaremos nuestras inclinaciones carnales. Confiarnos nosotros mismos al Padre contra la adversidad y el odio, es la opción que Dios quiere que escojamos. Jesucristo nos dio un gran ejemplo, y haríamos bien en seguirlo. Pedro recuerda a los creyentes de éste santo ejemplo en su primera epístola.
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pasos; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quien llevó Él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Supervisor de vuestras almas. (1 Pedro 2:21-25)
Procurar lo Bueno delante de todos los Hombres El segundo punto en el verso 17 es “procurad lo bueno delante de todos los hombres.” Dios nos pide conducirnos ante los hombres de una manera acorde al evangelio (Filipenses 1:27). Nuestras vidas deben reflejar la santidad, gracia, y el amor de Dios en nuestra conducta hacia los demás. El propósito detrás de esto es realzar el mensaje que proclamamos y ganar la atención de los corazones de los que escuchan. Debemos someternos a la conciencia de todos los hombres sin comprometer la verdad, para dar oportunidad a la predicación del mensaje del evangelio. El Apóstol Pablo nos da su testimonio personal en 1 Corintios capítulo 9, confirmando esta verdad. Pablo empieza el capítulo con los derechos que tenía como apóstol (1 Corintios 9:1-12), pero prefirió no ejercer esos derechos para no dificultar el mensaje del evangelio (1 Corintios 9:15-18). Renunció a sus propios derechos como apóstol, para ganarse la confianza de los que lo escuchaban. Él sabía que la integridad de su vida ganaría su aprobación, evitando así que el mensaje del evangelio fuera obstaculizado. Pablo continúa mostrando los principios que deben gobernar nuestras vidas en cuanto a la interacción con aquellos fuera de la iglesia.
Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que por todos los medios salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. (1 Corintios 9:19-23, énfasis agregado).
Pablo hizo grandes cosas para hacer lo que era correcto a la vista de los hombres. Se sometió a las convicciones de otros sin poner en riesgo sus propias convicciones delante de Dios. Todo creyente debe compartir las convicciones de Pablo en cuanto a ser testigo de la Palabra de Dios. No podemos perder de vista el plan de Dios para los hombres, la salvación en Jesucristo. Por lo tanto, debemos tener la voluntad de renunciar a veces a los derechos que demanda nuestra carne, con la esperanza de ganar a los perdidos para Jesucristo.
Estar en Paz con todos los Hombres En el verso 18, somos amonestados para buscar la paz con todos los hombres. (Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.) El verso da pie a la posibilidad de que algunos sean irreconciliables. Sin embargo, somos llamados a usar la sabiduría y gracia que Dios nos da para evitar la confrontación. En el verso 19, no nos vamos a vengar de las injusticias dirigidas hacia nosotros, sino que dejaremos el juicio a Dios. De esta manera, se nos da la oportunidad de ministrar a nuestros enemigos. . (Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber, verso 20.) El Padreen el cielo arreglará todo a su debido tiempo. La expresión en el verso 20, “ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza,” se podrían referir al dolor quemante de la vergüenza y remordimiento que un hombre siente cuando su hostilidad es pagada con amor. Esto se confirma en el verso 21 en el cuál la amonestación final del pasaje nos dice que “No seas vencido por lo malo, sino vence con el bien el mal.” No debemos caer en la tentación de las represalias, sino que debemos continuar operando en el amor de Dios hacia nuestros adversarios.
Conclusión
Al terminar este capítulo es esencial que los creyentes presten atención a las amonestaciones de Santiago en su epístola.
Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas. Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. (Santiago 1:21-24, énfasis agregado)
El creyente debe cuidarse de la rectitud vacía. Saber lo que dice la Palabra de Dios y no actuar en consecuencia es muy triste para un embajador de Dios. El creyente debe recordarse constantemente a sí mismo poner en práctica las cosas que sabe que son ciertas en la Palabra de Dios. Si no lo hace así, su vida Cristiana es solo una sombra sin profundidad en su rectitud. Seamos hacedores de la Palabra de Dios, no solo oidores.
Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a Sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. |