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MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada |
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Pastor Bertoli’s Book God’s Workmanship Under Grace-En Español Translation by Salvador Torres |
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La Obra de Dios en Su Gracia
Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.
Capítulo Nueve
Las Prácticas Esenciales en el Andar Cristiano
Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. (1 Corintios 13:1-3)
Amor
El amor es la más grande expresión de nuestra fe Cristiana. Es el ingrediente principal que testifica nuestro llamado en Cristo. Las palabras del Apóstol Pablo en el primer verso del capítulo referente al amor que aparece arriba, son conmovedoras. Sin amor solo somos un gong ruidoso (metal que resuena, o címbalo que retiñe). La intención de Pablo es mostrar un paralelo entre un ruido fuerte que luego se convierte en un gran silencio y el caminar Crsitiano sin amor. Los ruidos fuertes atraen la atención de aquellos que los oyen pero el sonido se convierte en una inmediata obscuridad. El creyente cuyas creencias y prácticas no están gobernadas por el amor verá que sus obras mueren con el tiempo. Sus palabras de verdad tiene un efecto persuasivo en la gente, pero es el amor en sus acciones lo que mantiene la verdad en las mentes y corazones de sus oyentes. Es difícil para un no creyente capturar la esencia del amor de Dios en su naturaleza básica. La profundidad de Su amor está más allá de su comprensión; sin embargo, esto no es así con el creyente. Dios ha revelado Su amor a nosotros en el Hijo y por el Espíritu Santo. Jesús dio a sus discípulos en nuevo mandamiento, amar unos a otros como Él los ha amado.
Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. (Juan 13:34-35)
La razón por la que podemos amar de esta manera es porque nuestra fe salvadora en Cristo nos ha dado acceso a la plenitud de la gracia y el amor de Dios. El Espíritu Santo que vive en todos los creyentes ha iluminado el verdadero carácter de amor en nuestros corazones. Nosotros, como creyentes , hemos experimentado personalmente el amor de Cristo; por lo tanto, entendemos la profundidad del amor de Dios hacia la humanidad. Nuestra obligación hacia esta vista interior y conocimiento del amor es vivir una vida llena del Espíritu, y permitir que el amor de Dios sea vertido sobre nosotros en nuestras acciones hacia los demás. Los efectos de nuestro amor en la vida de alguien son profundos y cambian la vida de aquellos que lo reciben. Un engaño del que nosotros como individuos en la iglesia tenemos que guardarnos es un entendimiento superficial del amor de Dios. Hay una enorme diferencia entre alguien que conoce lo que la Palabra de Dios dice respecto del amor y alguien que lo practica en su vida diaria. Muchos de nosotros creemos que somos una gran máquina de amor porque estamos familiarizados con todas las Escrituras sobre el amor. Tenemos una tendencia a sustituir el conocimiento del amor en la Escritura por la práctica del amor hacia los demás. Es bueno crecer en el conocimiento del amor mientras nuestros corazones continúen creciendo en el amor de Jesucristo. Cada uno de nosotros necesita examinar su corazón diariamente para ver si verdaderamente estamos caminando en el amor de Dios de la manera como nos es revelado en las Escrituras.
La Esencia del Amor El amor en esencia no es una sensación emocional, sino una acción que es dirigida hacia el bienestar de los demás. Tiene en su centro las características de ser incondicional y de auto sacrificio hacia el que es amado. La naturaleza incondicional del amor trabaja independientemente de las acciones de la otra persona. La persona que verdaderamente ama a alguien bíblicamente no paga un favor o es amable con alguien por sus acciones pasadas, sino que lo trata con amor sin ningún motivo ulterior. La naturaleza de auto sacrificio expresa el costo del amor. Pone los intereses de otra persona antes que nuestros propios deseos para satisfacer las necesidades de esa persona. La mayor expresión de amor bíblico fue en la cruz cuando Cristo murió por nuestros pecados. Él murió por el hombre, que estaba lleno de pecado, y sacrificó Su propia vida por el bien de los demás. No hubo nada en el hombre que provocara en Cristo esta acción; sin embargo, el fue a la cruz sacrificando Su propia vida y demostrando Su amor en toda su plenitud.
La Naturaleza Indispensable del Amor La naturaleza indispensable del amor se revela en las palabras de Pablo. Dice que si no tienes amor, no te sirve de nada. Todas las obras del creyente suman cero cuando no aplica amor a su vida. Para ilustrar este punto, me gustaría trasportarte a mi infancia. Cuando estaba en primer año aprendiendo matemáticas, multiplicar números por cero me causaba mucha confusión. Quizá era porque primero aprendí a sumar y restar. Las sumas eran fáciles. Uno más cero igual a uno. Dos más cero igual a dos. Cien más cero igual a cien. No tenía problema para entender eso. Todo lo que tenía que hacer era tomar el número con valor y ponerlo en la respuesta. La resta era lo mismo. Uno menos cero igual a uno. Dos menos cero igual a dos. Cien menos cero igual a cien. Una vez más no había problema. Cuando empecé a multiplicar, no era tan fácil. La maestra me preguntaba cuanto era uno por cero. Yo decía uno. Ella me decía que no y me decía que la respuesta era cero, y empezaba la confusión. Después me preguntaba cuanto era dos por cero. Yo decía que dos y me decía que estaba mal y que la respuesta era nuevamente cero, dejándome en un estado de perplejidad. Luego me preguntaba cuanto era cien por cero. Yo lo pensé y concluí que tenía que ser al menos cincuenta porque cien es un número muy grande. Después que dejé de adivinar, me explicó que era cero porque no importa que tan grande sea un número, cuando se multiplica por cero, es cero. Mi problema era que no podía entender como una igualdad podía ser cero cuando había un número tan grande en la igualdad. Tenía que ser igual a algún valor aunque fuera pequeño, pero no cero. Con el tiempo por fin pude entender el concepto de la multiplicación. El punto es este: el Apóstol Pablo dice lo mismo acerca de la vida sin amor. No importa cuánto hagamos por Dios, si no está acompañado por el amor, se convierte en nada y no da ningún beneficio. Cero amor multiplicado por lo que sea que hagamos en el ministerio, siempre dará cero. Esto es porque es el amor de Dios demostrado en Su hijo lo que mueve a los corazones de la gente a arrepentirse y a la fe. Las palabras elocuentes y el conocimiento impactan las mentes de la gente, pero son sus corazones los que necesitan ser perforados con la verdad. Nuestras acciones con amor refuerzan nuestras palabras. El amor se convierte en el medio por el cual nuestras palabras alcanzan los corazones de la gente y hacen una diferencia que perdura en sus vidas.
Las Cualidades del Amor En el pasaje de Corintios, Pablo personifica el amor, revelando las cualidades de su naturaleza
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. (1 Corintios 13:4-8a)
El amor es paciente y amable, siempre considerado y comprensivo hacia los demás. Nunca es celoso, sino que se regocija con las bendiciones de los demás. Nunca es orgulloso, presumido, o grosero, y siempre se conduce de la manera adecuada hacia todos los hombres. El amor es una vida que está centrada en Cristo y no centrada en uno mismo. El amor siempre busca el bien de los demás y puede perdonar sus errores. El amor siempre es fiel a la verdad y se regocija en la verdad, manteniendo la rectitud en toda verdad. Siempre persevera contra las adversidades de la vida, sin perder la fe o la esperanza, resistiendo las dificultades y tribulaciones de las circunstancias. El amor nunca falla y es el cimiento sobre el que las otras características de bondad maduran. Es persistente en su determinación de amar a los demás. Nunca puede ser separado de la práctica de fe en el andar del creyente. La máxima expresión de nuestro amor por Dios es nuestro amor de unos por otros.
Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero .Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. (1 Juan 4:19-21)
La Unidad en la Iglesia
El amor es la práctica esencial en el andar Cristiano. La segunda más importante es la unidad en el cuerpo de Cristo. La unidad del pueblo de Dios trae la gloria al Padre en el cielo.
Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios. (Romanos 15:5-7 énfasis agregado)
Es la obligación de todo creyente mantener la unidad en la iglesia. En Efesios 4:1-6, el Apóstol Pablo nos pide preservar la unidad en el cuerpo de Cristo considerando que Dios ha dado todo lo necesario para que vivamos en armonía entre nosotros.
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. (Efesios 4:1-6 énfasis agregado)
Un Padre, una fe, un Salvador, y una esperanza nos dirigen a todos. El creyente que crece en genuino amor protege y preserva la unidad de la iglesia en la que el Espíritu Santo nos ha reunido en un cuerpo. Todos compartimos un propósito y una meta común en nuestro servicio a Dios. Esa fue la amonestación del Apóstol Pablo a los Filipenses.
Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como más importantes que a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Filipenses 2:1-4)
Como los filipenses compartían la fraternidad del amor de Dios, iban a mantener la unidad del cuerpo de Cristo. Iban a estar unidos con la misma mentalidad, manteniendo el mismo amor con el propósito común de glorificar al Padre en el cielo. Iban a abandonar toda conducta de orgullo y egoísmo y a caminar con humildad, considerando a los demás más importantes que a ellos mismos. El resultado de esto es una vida que busca el bienestar de los demás y no el de uno mismo. Hay una fuerte correlación entre la práctica del amor y mantener la unidad de la iglesia local. Es imposible mantener la unidad sin el crecimiento de los individuos en la gracia del amor. La mayoría de los problemas o trastornos en la iglesia se deben a la inmadurez de los creyentes que no mantienen la esencia del amor en sus vidas Cristianas. Generalmente se consumen en sus ideas y maneras egoístas sin conciencia o interés por la iglesia como un todo. Las acciones egoístas de los individuos pueden tener algunas veces efectos devastadores en la iglesia. Sin amor, un creyente se vuelve crítico de la iglesia, invitando a los demás a unirse a él en su impropia actitud. Solo se requiere un puñado de gente para empezar el proceso de trastorno de la iglesia. En el último capítulo discutimos que uno de los medios que Satanás usa para destruir a la iglesia es trastornando la fraternidad de los creyentes, especialmente entre los líderes. Satanás busca en la iglesia local uno o dos creyentes para implementar su plan. Persiste en esa área y alimenta la inmadurez de los que escogió para cumplir su propósito. Parece que esta táctica en su lucha ha tenido mucho éxito. Mucha gente de las iglesias locales no ven los medios de Satanás, y se convierten en sus herramientas para realizar su dañino trabajo. Todos debemos recordar estas dos prioridades, el amor y la unidad, para poder defendernos de Satanás y mantener la integridad de la iglesia local.
La Unidad y las Convicciones Personales Algunas veces los creyentes inician la división en el cuerpo por sus convicciones personales. Han habido actitudes de juzgar entre los hermanos por las diferencias que comparten sobre ciertos asuntos en la iglesia. Debemos entender que la unidad no significa que todos pensemos igual. Hay una variedad de opiniones y convicciones dentro del cuerpo de Cristo. Algunos creyentes pueden tomar parte en ciertas prácticas mientras que las convicciones de otro creyente no se lo permiten. Estos asuntos en los que los creyentes tienen diferentes puntos de vista, no se tratan específicamente en la Biblia. Se deja a la conciencia del creyente determinar cómo se conducirá en ciertas prácticas. Si se considera que estas prácticas están dentro de los límites de la Palabra de Dios, entonces los creyentes deben ser tolerantes acerca de las convicciones de otros. Las diferentes convicciones de los creyentes no deben afectar la unidad de la iglesia o el propósito común. El Apóstol Pablo en Romanos 14 trata este asunto y nos da lineamientos a seguir cuando hay diferentes opiniones entre los creyentes. En los versos 1-4, pide a los creyentes no juzgar a los demás en la libertad de sus prácticas.
Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones. La fe de un hombre le permite comer de todo, pero otro hombre, cuya fe es débil, come solo legumbres. El que come de todo, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. ¿Tú quién eres, para juzgar al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme. (Romanos 14:1-4)
Para entender estas afirmaciones, debemos reconocer quién y que se está tratando en este pasaje. Después debemos definir ciertos términos de acuerdo al contexto del pasaje. Se trata de los hermanos fuertes y débiles (recibid al débil en la fe). Al que se le pide “recibid” es al hermano fuerte, mientras que el “débil en la fe” es el hermano débil. De aquí aprendemos que el hermano fuerte es definido como el que tiene la libertad de participar en ciertas prácticas (contender sobre opiniones, verso 1) en las que su conciencia le da la libertad para participar en ellas. El hermano débil es definido como aquel al que su conciencia lo molesta sobre ciertas prácticas y por lo tanto no puede participar en ellas. Contender sobre opiniones (verso 1) son asuntos o prácticas que no son pecado en sí mismas (no hay una ley específica sobre ellas), pero se pueden convertir en pecado si son practicadas por un individuo contra su conciencia. En este contexto, el hermano débil no puede comer de la carne que fue comprada en el mercado del pueblo. La razón es porque la carne pudo haber sido ofrecida a un dios pagano y después fue llevada al mercado para ser vendida. Su conciencia no le permitirá comer de esa carne porque siente que el ritual, hecho previamente a su venta en el mercado, contaminó la comida. Al hermano fuerte no le preocupa ese hecho porque ha razonado que la comida no puede estar afectada por esa práctica; por lo tanto, su conciencia le permite participar de ella sin reservas. Con esto entendido, Pablo trata cinco puntos en estos versos sobre convicciones personales. Primero, en el verso 1, el hermano fuerte va a aceptar al hermano débil sin tratar de cambiar sus convicciones.
Recibid al débil en la fe, pero no para contender sobre opiniones.
El hermano fuerte no va a ver menos al hermano débil, o intentará convencerlo de actuar en contra de sus convicciones. Va a aceptar sus sentimientos al respecto aunque tenga una opinión diferente. Segundo, en el verso 2, Pablo muestra como los creyentes pueden tener diferentes convicciones al tratar los mismos asuntos.
La fe de un hombre le permite comer de todo, pero otro hombre, cuya fe es débil, come solo legumbres.
Existen sentimientos legítimos tanto en el hermano fuerte como en el hermano débil. Tercero, en el verso 3, el hermano débil y el hermano fuerte no van a juzgar el uno al otro por sus convicciones.
El que come de todo, no menosprecie al que no come, y el que no come, no juzgue al que come; porque Dios le ha recibido. En este verso, el hermano fuerte es amonestado para aceptar las convicciones del hermano débil, y al hermano débil se le pide no condenar la libertad del hermano fuerte. La razón de esto es porque Dios los ha aceptado a ambos de acuerdo a sus convicciones personales. En el verso 4, Pablo nos advierte sobre este tipo de juicios de unos hacia otros.
¿Tú quién eres, para juzgar al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.
Si Dios ha aceptado sus convicciones legítimas (del fuerte y del débil), entonces ¿cómo puede un hermano juzgar las prácticas que son aceptables ante Dios de otro? En los versos 5-6, Pablo continúa con el énfasis puesto en el corazón y la actitud del creyente en sus prácticas.
Uno considera un día más sagrado que otro; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que considera un día especial, lo hace para el Señor. El que come carne, come para el Señor, porque da gracias a Dios; y el que se abstiene, lo hace para el Señor y da gracias a Dios. (Romanos 14:5-6)
En el verso 5. Pablo muestra las diferentes convicciones en relación con la observancia de días especiales. Un hombre considera un día más especial que otro día, otro hombre considera todos los días iguales. Lo que Pablo quiere señalar es que cada creyente debe estar completamente convencido en su corazón y en su mente de lo que él cree. La base para una fuerte convicción es la motivación del corazón en la práctica de estas opiniones discutibles. Si las prácticas de un creyente están gobernadas por una fuerte intención de agradar a Dios en todo, sus convicciones tienen cimientos fuertes. Si el creyente no está inspirado por este hecho, los motivos de su corazón serán expuestos ante el tribunal de Dios. Esto es lo que Pablo quiere decir en los versos 7-12.
Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven. Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí. (Romanos 14:7-12)
Este juicio de Dios tendrá lugar en el tribunal de Cristo en el que las obras del creyente serán juzgadas.
Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10)
Este juicio no es en relación al pecado, porque el pecado del creyente fue juzgado en la cruz, sino que es de acuerdo a las obras hechas en el cuerpo de Cristo. Si los trabajos del creyente fueron producidos por su amor a Dios, sus obras sobrevivirán el juicio. Si sus trabajos fueron para agradarse a sí mismo o para glorificarse a sí mismo, serán quemados, pero su salvación no será afectada. Pablo alude a esto en 1 Corintios.
… la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que edificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, pero será salvo, aunque así como por fuego. (1 Corintios 3:13-15).
Aquí está el centro del asunto. Si el creyente toma parte en cierta práctica porque busca satisfacerse a sí mismo ignorando las cosas de Dios, su intención y motivo serán revelados en el tribunal de Cristo. A veces uno no puede saber la intención de otra persona, pero Dios si y debemos dar cabida a Su juicio. Si una persona ha usado su libertad en Cristo para una falta esto será revelado en el tiempo apropiado. Mientras tanto, no debemos juzgar las convicciones de otro creyente.
Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros (Romanos 14:13a)
El verso 13 sirve como un verso de transición entre el tema de juzgar unos a otros, y el principio de amor en nuestras convicciones personales.
Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. (Romanos 14:13) Mientras que el verso 13a completa el pensamiento sobre el juzgar unos a otros en cuanto a las convicciones personales, el verso 13b nos introduce a un nuevo principio con respecto a este asunto, el principio de amor. La práctica de nuestras convicciones debe ser gobernada por un principio de amor. Nuestro amor por nuestros hermanos supera cualquier comportamiento en el que tengamos libertad de participar que pueda ser ofensivo o cause tropiezo a otro hermano. Pablo trata esto en los versos 14-21 de Romanos 14:
Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo; mas para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es. Pero si por causa de la comida tu hermano es afligido, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió. No sea, que lo que consideras bueno sea visto como malo; porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite.
En el verso 14, Pablo está convencido que ninguna comida es impura; pero si otro creyente no puede aceptar eso en su conciencia, entonces para él es impura. Pablo sabe que su práctica es lícita; pero como su hermano no comparte las mismas convicciones, sus acciones corren el riesgo de hacerlo tropezar. Esto es, su hermano puede ser tentado a participar en la misma práctica contra su voluntad, hiriendo su conciencia en cuanto a su adoración a Dios. Por lo tanto, con amor, se abstiene de participar en algo que pueda causar tropiezo a otro hermano. El punto es este, cuando la práctica de nuestras convicciones causa detrimento o causa molestia a otro hermano, de inmediato debe entrar en acción el principio del amor. Esto agrada a Dios (verso 18) y nos lleva a la paz y edificación en el cuerpo de Cristo (verso 19). No perdamos de vista la foto completa del plan de Dios para Su iglesia, amor y unidad, que van más allá de nuestras convicciones personales. Los comentarios concluyentes de Pablo son palabras de sabiduría para el hermano fuerte y para el débil.
¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come, es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado.(Romanos 14:22-23)
Si la fe del hermano fuerte le da la libertad para participar en algo, él lo debe mantener entre Dios y él mismo, para no hacer tropezar a otro hermano, y traiga condenación sobre sus acciones. Si la conciencia del hermano débil lo condena, entonces debe abstenerse de participar en ciertas prácticas. El pecado se comete porque ya no está actuando por fe, y va contra lo que su conciencia le dice. Pablo trata todo esto en el capítulo 15
Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí. Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios. (Romanos 15:1-7)
Cuando el creyente sigue al amor y hace todo lo que puede para preservar la unidad de la iglesia, los resultados serán profundos. La iglesia será fortalecida, creciendo en la gracia y conocimiento de Jesucristo. Los creyentes caminarán en armonía unos hacia otros, y la iglesia se protegerá a sí misma contra los esquemas de Satanás con una fuerte defensa que no puede ser penetrada. El mejor resultado es que el Padre en el cielo será glorificado en nuestra unidad y amor (Romanos 15:6-7).
El Acto de Dar
La tercera práctica esencial para el santo de la iglesia es la obligación de cada creyente de dar financieramente para satisfacer las necesidades de la iglesia. Sabemos del libro de Hechos que la iglesia se mantiene a sí misma. La no debe depender del gobierno o de recursos fuera del cuerpo de Cristo para funcionar financieramente. Este tercer punto es algunas veces difícil de presentar desde el púlpito ya que muchos en las congregaciones de hoy son defensivos en lo que se refiere al dinero. Ha habido muchos charlatanes en el pasado que han manipulado a la iglesia como un todo. Estos estafadores no deben deteriorar a la iglesia en cuanto a su práctica vital, que es necesaria para el bienestar de la iglesia. El asunto de dar es un principio bíblico y la obligación y responsabilidad de todo creyente en su servicio a Dios.
Principios Fundamentales de Dar Los pasajes que fundamentales para la iglesia sobre el dar se encuentran en 2 Corintios, 8 y 9. El estudio de estos capítulos revela muchas lecciones concernientes a esta práctica esencial. Para empezar, la pobreza no es una excusa para no dar.
Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. (2 Corintios 8:1-2, énfasis agregado)
Pablo elogia a estos creyentes en Macedonia por su generosidad al dar abundantemente, a pesar de su profunda pobreza. Su situación financiera no les impidió el privilegio especial de dar para las necesidades de los demás. El pasaje continúa diciendo que dieron “conforme a sus fuerzas”, esto es, un deseo personal de querer dar.
Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, 8:4 pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. (2 Corintios 8:3-4)
La segunda lección que aprendemos de estos versos es que el creyente siempre debe dar de su corazón y no por obligación. Dar por culpa no es una ofrenda aceptable ante Dios. Los creyentes de arriba no solo dieron generosamente, sino que se deleitaban al compartir en este acto de dar. Dios ama al dador alegre (2 Corintios 9:7), por lo tanto, lo que el creyente dé debe ser provocado por esta actitud. Cuando esto es verdad, su ofrenda es aceptable ante Dios. Tercero, el dar se hace libremente cuando primero nos damos a nosotros mismos al servicio del Señor.
Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios (2 Corintios 8:5)
Cuando un creyente se compromete al trabajo de Dios, su prioridad al dar será por el bienestar del reino de Dios en la tierra. Buscará maneras en las que pueda servir a la iglesia al compartir con individuos o ministerios que estén en necesidad financiera. Cuarto, Pablo amonesta a los creyentes a abundar en esta práctica.
Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia. (2 Corintios 8:7)
La obligación del creyente de dar debe incrementarse cuando madura en la fe. Deberá abundar en el dar, buscando maneras para invertir más de su ingreso para el reino de Dios. Aunque algunos enseñan que un 10 porciento de diezmo es una obligación para el creyente, el Nuevo Testamento en ninguna parte ordena esto al santo de la iglesia. El diezmo es un concepto del Viejo Testamento y nunca es usado en conjunción con la iglesia. Es mencionado en el Evangelio en relación a los líderes Fariseos y Judíos (Mateo 23:23; Lucas 11:42) que todavía estaban bajo la Ley. Con la venida de Jesucristo la Ley llegó a su fin (Romanos 10:4). Esto no sugiere que la obligación del creyente en el Nuevo Testamento de dar terminó con la Ley, sino que su dar está regido ahora por un nuevo principio, como se dijo en este pasaje. Da en gracia y se sobresale en este privilegio especial. Debemos dar de acuerdo a la proporción de nuestro ingreso (1 Corintios 16:1-2) con la intención de dar más al crecer en nuestra fe Cristiana. Algunos han sugerido 10 porciento como una regla usando los ejemplos de Abraham y Jacob (Génesis 4:20; 28:22). Esto puede ser un buen ejemplo a seguir pero no te detengas en el 10 porciento, continúa abundando en este privilegio de dar a Dios. Esto es posible si mantenemos nuestras prioridades para dar libremente al trabajo de Dios. La quinta lección es que nuestro privilegio de dar es una expresión de nuestro amor por Dios. No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro. (2 Corintios 8:8)
Sexto, el creyente debe ver a Jesucristo en este sacrificio de dar, Cristo fue el máximo ejemplo cuando dio todo de Él a favor de otros.
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2 Corintios 8:9)
La séptima lección es que el dar trae igualdad a la iglesia en necesidad material.
Porque no digo esto para que haya para otros holgura, y para vosotros estrechez, sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad, como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos. (2 Corintios 8:13-15)
Cuando la iglesia como un todo es fiel en el dar, las necesidades del pobre fiel serán cubiertas. Nadie estará en necesidad y cada miembro puede dedicarse al trabajo de Dios.
Resumen
Hay prácticas esenciales en la iglesia que cada miembro debe mantener para conservar la integridad y el carácter de la iglesia local. El primero es el amor, que es el ingrediente principal que solidifica el cuerpo. El amor es la característica fundamental en la que el cuerpo crece en los atributos de Cristo. La segunda práctica es la obligación de cada miembro de proteger y mantener la unidad de la iglesia. Cuando cada creyente es diligente en salvaguardar y preservar la unidad, la iglesia funciona armoniosamente, trayendo la gloria al Padre. La tercer práctica es dar para las necesidades de la iglesia. Cuando cada miembro da generosamente, ningún miembro fiel estará en necesidad. La iglesia puede funcionar sin la carga de los problemas financieros y continuar promocionando la verdad del mensaje del evangelio en todo el mundo. |