MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

God’s Workmanship Under Grace-En Español

Translation by Salvador Torres

La Obra de Dios en Su Gracia

 

Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.

 

Capítulo Cinco

 

El Ministerio Actual de Jesucristo y del Espíritu Santo

 

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Todavía falta un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

 (Juan 14:16-21)

 

Esta promesa de Jesucristo revela el hecho de que como Sus discípulos, nunca estaremos solos en la realidad actual de nuestra salvación. El Espíritu Santo permanece con nosotros con la presencia inmediata del Hijo, quien nos ama e intercede por nuestro continuo bienestar en nuestro andar Cristiano. En este capítulo, examinaremos los roles actuales de Jesucristo y del Espíritu Santo en cuanto a que nos proporcionan toda la asistencia necesaria en nuestra nueva posición en la salvación.

 

El Ministerio Actual del Hijo

 

El libro de Hebreos ha sido llamado algunas veces el quinto evangelio porque describe el ministerio actual de Jesucristo en el cielo, mientras que los otros cuatro evangelios hablan de su ministerio en la tierra. Quizá en otros términos pudo haber sido llamado la continuación de los evangelios porque nos lleva más allá de ellos y nos revela las cosas que son verdaderas en Su ministerio actual. Cuando Jesucristo dijo en la cruz en el Evangelio de Juan, “Consumado está,” Juan 19:30, Él se refería a que Su propósito de tomar a la humanidad en relación al pecado, se había consumado. Había pagado completamente el precio del castigo por el pecado, permitiendo a todos aquellos que pusieran su fe en Él ser reconciliados con el Padre en la salvación. Cuando se fue, inició Su nuevo ministerio en el cielo como nuestro Sumo Sacerdote a la derecha de Dios. El libro de Hebreos describe este precioso ministerio de Cristo en el cielo en nombre de todos que lo buscan para pedirle gracia y misericordia en tiempos de necesidad. Examinando las verdades pertinentes de este magnífico libro, vemos como el Hijo está cumpliendo su promesa de nunca abandonarnos en esta gran salvación provista por Dios.

Para poder apreciar el ministerio de Cristo y lo que Él significa para el santo de la iglesia, el autor del libro de los Hebreos, que habla a los creyentes Judíos, muestra la superioridad de Cristo en Su ministerio sobre el Viejo Pacto y su sacerdocio levítico. Los creyentes Judíos que se mencionan en Hebreos estaban regresando a la vieja práctica de la Ley de Moisés, y al hacer eso no veían el papel de Jesucristo en su nueva postura por fe. Estos creyentes judíos necesitaban reenfocarse y poner sus ojos en Jesucristo, para que pudieran darse cuenta de lo asombroso de Su papel para ayudarlos a madurar en la fe y resistir la persecución, las dificultades y las tribulaciones de esta vida. Si no lograban hacer este ajuste no vivirían en la plenitud de sus vidas Cristianas, y regresarían a la vida de Judaísmo que los mantendría estancados y sin crecimiento (Hebreos 5:11-12). No podrían confiar en el trabajo concluido en la cruz a través de la obediencia, que es necesario para perfeccionar la santidad de Cristo que está en todos los creyentes.

El autor de Hebreos comienza su epístola mostrando la superioridad del Hijo sobre los profetas, los ángeles y  Moisés, quienes son considerados los pilares del Judaísmo (Hebreos 1:1-3:6). Aún cuando estos tres pilares fueron considerados grandiosos para la religión divina de los judíos antes de Cristo, palidecen en comparación con la gloria del Hijo en Su persona y ministerio a nombre del santo de la iglesia. El objetivo del autor es atraer la atención de los creyentes judíos  hacia Cristo, que excedía enormemente en gloria cualquier cosa del judaísmo que hubiera sido considerada grandiosa. Una expresión común que se presenta constantemente en el libro de Hebreos es, “considerar a Jesús” (Hebreos 3:1, 12:3).

Siguiendo su tema, el autor muestra la superioridad de Cristo sobre las viejas prácticas de la Ley. Contrastando el sacerdocio Levítico bajo la Ley con el perfecto y eterno ministerio de Jesucristo, la superioridad del Hijo es vista claramente. Jesucristo es superior en Su llamado (Hebreos 5:1-10), Su sacerdocio (Hebreos 7:1-17), y su ministerio (Hebreos 8:1-10:39). Él ministra a nombre del creyente, en una mejor posición (Hebreos 8:1), en un tabernáculo celestial (Hebreos 8:2-5), bajo un nuevo pacto (Hebreos 9:11 - 10:18). No hay sustituto para el Hijo en lo que se refiere a ministrar a nombre del creyente.

El capítulo 10 trae el poderoso testimonio de Jesucristo del autor a una conclusión. Empieza recordando a los creyentes la naturaleza débil y temporal de la Ley.

 

Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. (Hebreos 10:1-4)

 

 

Bajo el sistema anterior, los adoradores no podían entrar nunca al Santo de Santos ni siquiera al Tabernáculo mismo, demostrando que el acercarse a Dios en la adoración estaba todavía limitado de muchas maneras. Sus pecados nunca fueron completamente eliminados y constantemente tenían  que traer una ofrenda al sacerdote para poder estar en fraternidad con Dios, pero ahora en Cristo, el creyente ha sido hecho perfecto en su nueva postura ante Dios. Se puede acercar al Padre sin impedimentos por el pecado para recibir gracia y misericordia e tiempos de debilidad.

 

Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. (Hebreos 10:11-14)

 

El autor de Hebreos concluye este tema de la superioridad de Jesucristo con aplicaciones que ponen al creyente cara a cara con esta realidad.

 

Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca. (Hebreos 10:19-25)

 

Hoy necesitamos entender completamente el papel de Jesucristo en nuestra salvación, quien es nuestra esperanza y fortaleza en nuestra fe. El creyente tiene completo acceso en Jesucristo al trono de gracia, El Divino Santo de Santos, y puede acercarse al Padre con confianza, sin necesidad de más sacrificios de animales o algún mediador humano (el sacerdote Levítico) para tomar parte en esta posición privilegiada. Jesús es nuestro Sumo Sacerdote en el cielo intercediendo en nuestro nombre y haciendo posible que vivamos vidas Cristianas victoriosas. Él es el canal a través del cual Dios vacía su gracia y misericordia sobre nosotros para que tengamos victoria sobre el pecado y para perseverar y resistir las pruebas y tribulaciones de la vida diaria. Su sacrificio, que fue de una vez por todas, trajo perdón eterno a nuestras vidas. Nunca más seremos separados nuevamente del Padre por el pecado. Como nuestro sumo sacerdote, Él se identifica con nuestras tentaciones y debilidades para que Él nos conforte y nos fortalezca en nuestras vidas diarias.

 

Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.  Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro. (Hebreos 4:14-16)

 

Porque Él vive, siempre intercede por nosotros a la mano derecha del padre, sin abandonarnos nunca  en nuestros momentos de necesidad.

 

… mas Jesús, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable; por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. (Hebreos 7:24-25)

 

Él ha derribado toda barrera entre Dios y el creyente que nos apartaba de experimentar la abundante vida que el Padre por su voluntad nos concedió. Por lo tanto, como hijos de Dios no tenemos obstáculos externos que nos impidan entrar a la plenitud del amor, gracia y misericordia de Dios que siempre está disponible a través de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo. La única piedra que nos hace tropezar es nuestra falta de fe para creer en el trabajo terminado de Cristo  y todas las bendiciones que se han convertido en nuestra posesión. Nuestra vida Cristiana comenzó con fe y nuestra vida Cristiana nos obliga a continuar con fe hasta que Cristo regrese para llevarnos a casa (Romanos 1:17). El Apóstol Pablo, entendiendo la necesidad de fe en el andar Cristiano, oró por los santos de esta manera.

 

Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,  de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. (Efesios 3:14-19 énfasis agregado)

 

Al ejercitar la fe, estamos en efecto reconociendo el sorprendente papel de Cristo en nuestras vidas diarias y recibiendo el mayor beneficio de Su ministerio como nuestro Sumo Sacerdote. Además de permanecer en Cristo como nuestro Sumo Sacerdote, el creyente no puede hacer nada para producir los frutos de la santidad. Esto es a lo que Jesucristo aludía  en el Evangelio de Juan.

 

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. (Efesios 3:14-19 énfasis agregado)

 

Permanecer en Cristo es obedecer y confiar en Él con todo nuestro corazón, sin flaquear en la fe. Él es la fuente de toda nuestra fortaleza y crecimiento. El creyente que confía en Dios de esta manera tiene la firme convicción de que Dios es capaz de hacer lo ha dicho en Su Palabra.  Este tipo de fe nos permite entrar en el descanso de Dios, libres de las preocupaciones y ansiedades de la vida que ahogan nuestra creencia en Dios. Separado de Él no hay descanso para el creyente. Esta es la advertencia a los creyentes Judíos que Hebreos 3:7 - 4:10, que estaban a punto de cometer el mismo error que la generación del desierto en Éxodo, que no pudieron entrar a las bendiciones y descanso de Dios por la incredulidad. 

 

Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;  antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: “Si oyereis hoy su voz,  No endurezcáis vuestros corazones, como el pueblo de Israel lo hizo cuando se rebelaron contra Él en el desierto.” (Hebreos 3:12-15)

 

La generación de Moisés  había experimentado las maravillas y la realidad de Dios en el Mar Rojo; sin embargo, no confiaron en Dios en cuanto a los resultados de su liberación de Egipto. En vez de experimentar todo lo que Dios  les había prometido a través de Moisés, terminaron en el desierto durante cuarenta años sin las bendiciones de Dios mientras vagaban sin poder entrar al descanso de Dios. De la misma manera, los creyentes de la iglesia que no vienen a Cristo y viven por fe, no podrán experimentar los beneficios plenos de Su papel como nuestro Sumo Sacerdote. El creyente vagará o tropezará a través de esta vida sin entrar a la vida abundante que Dios le ha dado en Jesucristo.

Una cosa es creer en el testimonio del Hijo para la salvación y otra confiar en Él diariamente en cuanto a nuestras necesidades. Cuando lo segundo es verdad, entonces el creyente tendrá el descanso de Dios, experimentando el gozo, la paz y la santidad que Dios proporciona en el Espíritu Santo en esta vida. (Romanos 14:17).

El grado en el que el creyente confía en Jesucristo en su fe hará la distinción entre un Cristiano maduro  y uno que sigue siendo un bebé en la fe. El creyente está llamado a considerar a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote y mediador a la derecha del Padre en el cielo.

 

El Ministerio Actual del Espíritu Santo

 

El creyente no solo tiene a Dios Hijo trabajando en su nombre, sino también al Espíritu Santo. En el capítulo 3, aprendimos de la realidad pasada del Espíritu Santo en nuestra salvación, en la que todos los creyentes habían sido bautizados, habitados, regenerados, sellados, y ungidos por el Espíritu Santo en ese momento. Pero así como el Hijo tiene un papel actual en nuestras vidas, así también el Espíritu Santo ministra continuamente a nuestro nombre para que caminemos en la plenitud de nuestro llamado.

 

Enseñar e iluminar  la Verdad Espiritual

El primer ministerio que proporciona el Espíritu Santo en nuestro andar Cristiano actual es enseñarnos verdades espirituales.

 

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:11-16)

 

El creyente, quien es habitado por el Espíritu Santo discierne todas las cosas que vienen del Padre. Puede entender las profundidades de la Palabra de Dios con la sabiduría que viene del Espíritu. Esto es posible porque el Espíritu Santo ilumina nuestras mentes y corazones el significado de las Escrituras cuando las leemos y aplicamos en nuestras vidas. El texto de arriba revela como en no-creyente, el hombre sin Espíritu no puede discernir el significado o creen en un texto y su valor espiritual. Puede leer las Escrituras, pero el valor espiritual que proporcionan para entender el corazón de Dios es ajeno a sus tendencias naturales en su naturaleza pecadora.

Nosotros los creyentes, quienes hemos nacido de nuevo y que estamos habitados por el Espíritu Santo, hemos adquirido una nueva mentalidad a través de nuestra conversión. Ahora no solo queremos complacer a Dios, sino que nuestras perspectivas en los asuntos que se refieren a la rectitud y santidad también han cambiado.  Con esta nueva mentalidad y corazón, estamos conscientes de todos los tesoros de la vida que realmente tienen significado y son preciosos para Dios. Ellos incluyen, un genuino amor que se expresa en un profundo interés por los demás , un estándar de rectitud en Cristo que excede cualquier estándar puesto por los hombres, y un sistema de valores que opera en humildad  y entiende la grandeza desde la perspectiva de Dios.

 

El que es el más grande de vosotros, será vuestro siervo. (Mateo 23:11)

El amor, la rectitud, y la humildad son las características que escapan al hombre en su mente natural. A través del ministerio iluminador del Espíritu Santo, los ojos y el corazón del creyente que ha nacido nuevamente son abiertos a las significativas riquezas de la vida.

 

Dirección y Guía

Segundo, el Espíritu Santo proporciona dirección a nuestras vidas. Dios conduce a su pueblo en el camino correcto con la guía del Espíritu Santo.

 

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:14)

 

Dios ha proporcionado este ministerio actual del Espíritu para ayudarnos a tomar las decisiones correctas como Sus hijos. Cuando el Espíritu Santo nos guía, desarrollamos antenas espirituales para saber la dirección que Dios nos indica. Ejemplos de este ministerio de guía nos son dados a través del libro de Hechos (8:29; 10:19-20; 11:12; 13:2-4; 16:6-10). Este ministerio del Espíritu Santo se lleva a cabo en el creyente cuando busca la voluntad de Dios para promover Su reino de rectitud sobre la tierra.

 

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:33)

 

Si este es el deseo de nuestro corazón, buscar el reino de Dios y glorificar al Padre con nuestras vidas, ¿cómo puede Dios retirar Su voluntad de nosotros que vemos hacia Él para pedirle dirección  a través del Espíritu Santo?

Algunas veces la dirección que  buscamos no es tan precisa como quisiéramos. Hay decisiones en la vida en las que tenemos que escoger entre dos o tres alternativas.  Esto es especialmente verdad cuando escogemos un trabajo o entramos  al ministerio. Cuando nuestras prioridades están en buscar el reino de Dios primero, podemos confiar en el Señor para que nos dirija en esos momentos inciertos. Dios tiene una manera extraña de dirigir nuestras vidas cuando no estamos completamente seguros del curso de acción correcto. Mientras el creyente mantenga su corazón adecuadamente, la voluntad del Padre será perfeccionada a través de este ministerio de guía del Espíritu Santo. El creyente se encontrará caminando en el camino correcto, discerniendo la voluntad de Dios para su vida. 

 

Convicción en el Corazón del Creyente

El tercer trabajo del Espíritu Santo en el presente es el ministerio de la convicción del Espíritu para cambiar nuestro carácter y comportamiento. Cuando el Espíritu Santo nos guía por la convicción, imprime en nuestros corazones  lo que es apropiado y recto en nuestra conducta ante Dios.  Esta convicción es necesaria para hacer cambios divinos como embajadores de santidad del reino de Dios  en la tierra.  Esta convicción no solo nos hace consientes de nuestros  defectos, sino también sensibles a las cosas que son puras y santas a la vista de Dios. Aquellos que son guiados por el Espíritu Santo de esta manera, no llevan los deseos de la carne, sino los deseos del Padre, produciendo el fruto del Espíritu en todas las cosas de la vida.

 

Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros. (Gálatas 5:16-26)

 

La clave en el pasaje de arriba es que ya no estamos bajo la Ley (verso 18). Aquellos que tratan de caminar  de acuerdo a la Ley despiertan los deseos pecaminosos de la carne; pero aquellos que han muerto a la Ley (ver capítulo dos) ya no están bajo su jurisdicción, pero bajo el control y poder del Espíritu Santo. Este era el punto que el Apóstol Pablo resaltaba en Romanos 7 y 8 cuando el mismo se peleaba contra el pecado. Se dio cuenta que necesitaba vivir en la gracia del Espíritu de vida y no bajo la Ley.

 

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. (Romanos 8:1-5)

 

Si escogemos vivir una vida dirigida por el Espíritu, por medio de la convicción, los requerimientos de santidad serán producidos en nosotros cuando el Espíritu Santo nos ayude a identificar lo que es correcto o incorrecto. Esto se lleva a cabo al reconocer con humildad que el Espíritu Santo nos induce a traer la convicción a nuestros corazones cuando hay necesidad de cambio en nuestras vidas. Cuando respondemos a la convicción del Espíritu Santo clamando al Señor por un cambio, lo que no es santo en nosotros será desarraigado. Si hemos pecado, la convicción nos lleva a confesar nuestro pecado al Padre. Si estamos luchando con nuestras debilidades o adicciones, la convicción nos hace pedir con llanto nuestra liberación. Si estamos desanimados, la convicción divina hace que nuestros corazones clamen por una renovación. Dios escucha los llantos y las súplicas de Su gente que sinceramente buscan un cambio en su vida. El Padre es fiel al contestar las oraciones de Sus hijos, especialmente las de aquellos que piden un cambio para liberarse de lo que no es santo. No trates de acallar la voz de Dios cuando te está hablando a través del poder de convicción del Espíritu Santo. Este ministerio del Espíritu Santo es un medio poderoso de crecimiento en la gracia de Dios.

 

Seguridad del Amor de Dios

Cuarto, el Espíritu Santo nos da la seguridad del amor de Dios por Sus hijos. El Espíritu Santo testifica en nuestros corazones que pertenecemos a Dios.

 

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (Romanos 8:16)

 

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! (Gálatas 4:6)

 

Este ministerio de la seguridad del Espíritu Santo es vital para nosotros como Cristianos. El enemigo, Satanás, está trabajando tiempo extra, distorsionando el amor infinito y el interés por nosotros del Padre. Usa las mismas tácticas que usó en el Jardín del Edén cuando engañó a Eva para que cuestionara la Palabra de Dios.

 

Pero la serpiente  era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? (Génesis 3:1)

 

Eva creyó la mentira de Satanás al no tener fe en la Palabra de Dios. Satanás no es diferente hoy porque constantemente bombardea la mente del creyente con una sarta de mentiras. El Espíritu Santo nos ayuda a protegernos de estas mentiras poniendo en nuestros corazones la verdad de la Palabra de Dios.  Muchos Cristianos en la actualidad han sido engañados por Satanás y han sido arrastrados por sus pecados o por su escasa fe. No se dan cuenta de la paciencia del Padre cuando Sus hijos tienen la voluntad de voltear a Él arrepentidos. En vez de recibir el amor del Padre en el perdón, ellos creen que Dios ha cambiado de opinión  hacia ellos y que los ha abandonado como Sus hijos. El creyente se torna desanimado, y mentalmente se aleja de las riquezas de Dios que se han convertido en su posesión. Esta es una mentira que incapacita al santo que necesita oír la voz de su Padre  y no los engaños de Satanás. El Espíritu Santo nos asegura la naturaleza ilimitada del amor y gracia de Dios.

 

Intercesión en la Oración 

Quinto, el Espíritu Santo intercede por nosotros en nuestras oraciones. Esta intercesión del Espíritu Santo  nos ayuda a orar con una perspectiva espiritual y eterna de acuerdo a la voluntad del Padre. Algunas veces no estamos seguros por qué orar, pero el Espíritu intercede por nuestro espíritu con sentimientos más allá de nuestra comprensión.  

 

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

 

Creo que esta queja del Espíritu Santo (verso 26) es el llanto de santidad y completa restauración de los defectos de la carne. Como creyentes, este sentimiento siempre está en lo más profundo de nuestro ser para ser santos y perfectos como el Padre es santo y perfecto. Este deseo de nuestro corazón de ser más como Cristo empieza con la intercesión del Espíritu Santo en la oración con gemidos que refleja esos deseos. Guiados por el Espíritu Santo, la petición de nuestras oraciones será por cambios personales  para poder ser más como Cristo. Cuando el Espíritu Santo ilumina la verdad, haciéndonos madurar, nuestras mentes y corazones serán gobernados en la oración de tal manera.

 

 

 Resumen

 

Dios no solo nos ha equipado con todos los recursos necesarios en la salvación, sino que el Hijo y el Espíritu Santo están ministrando en nuestro nombre para que podamos caminar en la plenitud de nuestra nueva posición.  Jesucristo, quien hizo todo esto posible con Su muerte, ahora está intercediendo por nosotros a la derecha de Dios. Nos ha dado una posición privilegiada en la que nos podemos acercar a la presencia de Dios con confianza. Ya no existen más barreras  que nos separen del Padre.  Jesucristo es nuestro Sumo Sacerdote que se identifica con todas nuestras debilidades y tentaciones, ayudándonos en tiempos de necesidad.

El Espíritu Santo también está ministrando las verdades de la Palabra de Dios, guiándonos en todas las cosas de la vida y en la santidad. Abre nuestros corazones para discernir las maravillosas verdades de las Escrituras, apartándonos de lo que no es santo y guiándonos a una vida que agrada a Dios.  Los creyentes mirarán hacia el Espíritu Santo en la realidad actual de su salvación.

La importancia del papel actual de Jesucristo y del Espíritu Santo, necesitan ser reconocidos por el creyente. Sus ministerios juntos, con nuestra nueva posición ante el Padre, han dado al creyente con asistencia más que suficiente para vivir de acuerdo con la abundante vida que Dios se ha propuesto para nosotros.