MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

God’s Workmanship Under Grace-En Español

Translation by Salvador Torres

La Obra de Dios en Su Gracia

 

Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.

 

Capítulo Cuatro

 

El Milagro de la Salvación; de la Justificación a la Glorificación

 

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

 (Romanos 8:29-30)

 

En el pasaje de arriba aprendemos que el Padre en nuestra salvación, nos ha predestinado a ser conforme a la imagen de Su Hijo, Jesucristo. Nuestra salvación incluye ser justificados en el momento de la conversión y ser glorificados para toda la eternidad. La salvación del creyente es un trabajo concluido por el Padre en el cielo. La salvación es verdaderamente un milagro cuando consideramos los aspectos de la salvación que perfeccionan al creyente por toda la eternidad.

Este capítulo muestra las riquezas de la gracia y el amor de Dios hacia el creyente al analizar los tres aspectos de la salvación: justificación, santificación y glorificación. Los tres revelan la gracia de Dios al liberar al creyente del castigo y poder del pecado, para siempre.

 

Justificación

 

En la justificación, el creyente es declarado santo ante Dios, inocente de cualquier culpa en que haya incurrido por el pecado. Este es un regalo de Dios por la gracia en la que fuimos reivindicados ante el Padre en relación al pecado.

 

Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados como un regalo por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.

(Romanos 3:21-24 énfasis agregado)

 

Hemos sido liberados del castigo del pecado por un acto de fe en Dios. El creyente no puede hacer nada por sí mismo para ser justificado ante Dios. Solo necesita depositar su confianza entera en Jesucristo por la fe. La salvación es creer, no lograr, por lo tanto las obras no juegan ningún papel en el proceso de justificación. La razón de esto es la base de la justificación; Dios ha realizado todo el trabajo necesario para la salvación (Juan 6:29) a través de la muerte y resurrección de Jesucristo.

El primer aspecto de la salvación, la justificación, no es un proceso que se repita a sí mismo, sino que es un acto de una sola vez que ocurre en un momento definitivo en la vida del creyente. Esto es reafirmado por el tiempo usado en las Escrituras, que siempre menciona la justificación como una realidad en el pasado de la vida del creyente (Romanos 5:1). De una vez y por todas el creyente ha sido justificado ante Dios, ha sido liberado del castigo del pecado; por lo tanto, la justificación enfatiza el aspecto pasado de nuestra salvación.

 

Santificación

 

En la santificación, el creyente es liberado del poder del pecado en su vida diaria. Este aspecto enfatiza la realidad presente de la salvación en la que el creyente es santificado y renovado diariamente.

Existen dos  facetas en el aspecto de la santificación, la santificación posicional y la santificación progresiva. La santificación posicional enfatiza el hecho de que el creyente ha sido traído a una nueva posición permanente para ser santificado por Dios. Esto significa que el creyente está completamente separado de este mundo maligno y está designado para el uso personal de Dios para promover la santidad en la tierra. Somos los instrumentos o embajadores de Dios, quien nos ha liberado de la maldad  para representar a Dios y penetrar la obscuridad de este mundo.  El Espíritu Santo es el agente o medio a través del cual entramos a la santificación posicional (Romanos 15:16; 2 Tesalonicense 2:13; 1 Pedro 1:2).

La santificación progresiva enfatiza el trabajo diario del Espíritu Santo en la vida del creyente. Este aspecto es un proceso que continúa durante toda la vida del creyente hasta que se reúne con Cristo al morir o a través del Rapto o Arrebatamiento de la iglesia (1 Tesalonicenses 4:13-17). El Padre culmina este proceso de santificación a través del Espíritu Santo (Romanos 8:12-13; Efesios 3:16). La obligación del creyente en este proceso es ser obediente a la Palabra de Dios y sensible a la guía del Espíritu Santo en su vida (ver capítulo 7). Cuando el Espíritu Santo puede guiar de esta manera, el creyente es santificado  diariamente, crece en su andar Cristiano y alcanza la madurez en la fe. Este aspecto de la santificación progresiva de la salvación se enfatiza en Filipenses 2:12-13:

 

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.

 

En este texto el creyente es llamado a ejercitar, no a trabajar por su salvación; esto es, caminar en la salvación que ya ha sido provista en el momento de la conversión por la fe del creyente en Cristo. No hay nada que hacer para ganar nuestra salvación. La salvación es un regalo de Dios para aquellos que ponen su fe en Cristo (Romanos 4:2-5). Las obras aparecen en la foto después de que hemos recibido la salvación. Estamos obligados a producir las obras y trabajos de santidad como miembros del cuerpo de Cristo, la iglesia. Esto es posible porque Dios nos ha equipado con todos los recursos necesarios para hacer Su voluntad  en la salvación (ver capítulo 3). Ahora es cuestión de madurar al ser santificados por el Espíritu Santo diariamente  en nuestra fe Cristiana.

Este aspecto de la santificación necesita distinguirse del aspecto de la justificación de la salvación. De no ser así, el creyente tendrá la impresión de que su santidad, la posición perfecta del creyente ante Dios, es mantenida o afectada por la manera en que se conduce en su vida diaria. La santidad es determinada por nuestra fe en Cristo, que es nuestra santidad.

 

Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención. (1 Corintios 1:30)

 

Es Cristo en nosotros quien nos ha hecho santos e intachables (perfectos) ante el Padre en la salvación. Dios ve a los pecadores arrepentidos en la santidad y rectitud de Cristo. Cuando fuimos justificados en la salvación, nuestra posición en la santidad ha sido determinada; por lo tanto, nuestra conducta no determina nuestra santidad.

Es el trabajo santificador del Espíritu Santo el que ayuda al creyente a expresar la santidad de Dios, que se ha convertido en nuestra posesión a través de Jesucristo en la salvación. Por lo tanto, la santificación progresiva requiere que el creyente cumpla sus obligaciones en su llamado en Cristo. El va a caminar en obediencia y será sensible al poder convincente del Espíritu Santo (Ver Convicción en el Corazón del Creyente, en el capítulo 5) que nos hace conscientes del pecado en nuestras vidas. El creyente que es santificado diariamente alcanzará la madurez. Mientras que todos los creyentes son perfectos en su nueva posición ante Dios, la madurez en la fe es la diferencia entre los creyentes en su caminar cristiano. Algunos madurarán en mayor grado que otros por su obediencia a la guía del Espíritu Santo.

Nuestra fe hacia nuestro llamado en el cuerpo de Cristo determinará las recompensas que recibiremos en el tribunal de Cristo.

 

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10).

 

Este juicio no es por los pecados que hemos cometido – esos fueron perdonados en la cruz – sino por las obras o trabajos  que hemos producido como hijos de Dios bajo el proceso santificador del Espíritu Santo. Jesucristo examinará nuestra fidelidad a nuestro llamado y nos recompensará de acuerdo a nuestro trabajo hecho en el cuerpo de Cristo. Este es el punto que el Apóstol Pablo resalta en 1 Corintios 3:10-15.

 

Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,  la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.

 

Para entender pasajes como este y otros (2 Corintios 5:10; Filipenses 2:12-13), debemos enfatizar el segundo aspecto de nuestra salvación, santificación (progresiva). Si no, cometeremos una injusticia hacia nuestra nueva posición  en Cristo (verdad posicional) al creer que nuestras obras para Dios  nos ponen en una mejor posición con Él. Nuestra posición con Dios ha sido determinada por el regalo de la salvación a través de la fe, que incluye la santidad de Cristo en nosotros y no cambia. El no seguir madurando en nuestra nueva posición tendrá como resultado una pérdida de recompensas pero no afectará la posición del creyente. Al decir esto, ¿que creyente querría ir ante el Padre  sabiendo que no le dio lo mejor de él a Dios mientras estaba en la tierra?

 

Glorificación

 

La glorificación es el aspecto futuro de la salvación en la que somos liberados de la presencia del pecado para toda la eternidad. Este es el producto terminado de nuestra salvación. El creyente recibirá un nuevo cuerpo glorificado, propicio para su eterna morada con Cristo.

 

Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo;  el cual transformará el cuerpo de su humilde estado, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a Sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:20-21)

 

El Arrebatamiento de la iglesia, cuando Cristo regrese por los creyentes, inaugurará este aspecto futuro de la salvación. Esto cumplirá la promesa de Cristo que fue hecha durante su ministerio en la tierra a sus discípulos.

 

No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.  Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré para mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (Juan 14:1-3)

 

Esta promesa es reiterada en las escrituras del Apóstol Pablo a la iglesia Tesalónica con énfasis en la manera como sucederá.

 

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras. (1 Tesalonicenses 4:13-18)

 

Cuando Cristo regrese por Su iglesia, los creyentes recibirán sus nuevos cuerpos glorificados. Aquellos que murieron precediendo este evento serán reunidos con sus cuerpos glorificados en el Arrebatamiento de la iglesia. La generación que experimente la venida de Cristo por su iglesia pasará a través de una transformación en la cual sus cuerpos humanos serán atrapados en el aire, cambiados en un instante y asumirán sus cuerpos glorificados.

 

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. (1 Corintios 15:51-52)

 

La Certeza de la Glorificación

 

La certeza de nuestra glorificación nos es revelada en Romanos 8:28-39. Esta certeza se refuerza de cuatro maneras diferentes. La primera es la naturaleza de el llamado de Dios en nuestras vidas (8:28-30)

 

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.  Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

 

El llamado de Dios a nuestras vidas, que fue decretado antes de que tomáramos nuestro primer aliento, es un trabajo terminado que incluye nuestra glorificación futura. Esto se implica fuertemente en el verso 30 donde el tiempo pasado, “a estos también glorificó” se usa para describir este aspecto futuro de nuestra salvación. En lo que se refiere a Dios, hemos sido glorificados para toda la eternidad.

La segunda razón de la certeza de nuestra glorificación es la naturaleza de nuestra salvación, versos 31 y 32:

 

¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con Él todas las cosas?

 

Es el Dios Todopoderoso quien orquestó nuestra salvación a través de la muerte de Su único Hijo en la cruz, mientras nosotros éramos Sus enemigos. Si esto es verdad, cuanto más el Padre en el cielo nos dará como Sus hijos, al darnos libremente Su infinito amor y gracia. Potencialmente, si Dios nos amó lo suficiente para salvarnos siendo sus enemigos que activamente pecábamos contra Él en nuestra naturaleza pecaminosa, cuanto más amor nos dará Dios ahora que somos Sus hijos.

La tercera certeza de este aspecto futuro es la naturaleza de la justificación, versos 33 y 34:

 

¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

 

Cristo, quien murió por nosotros para justificarnos ante el Padre, ahora vive para interceder  para nosotros como nuestro Sumo Sacerdote en el cielo a la derecha de Dios (ver capítulo 5). ¿Quién acusará a los que Dios justificó? Cristo nuestro abogado (1 Juan 2:1-2) continuamente defiende nuestra posición justificada antes el Padre contra cualquier acusación que sea hecha, incluyendo aquellas hechas por Satanás (Apocalipsis 12:9-11).

La cuarta certeza de nuestra glorificación es la naturaleza del amor de Dios.

 

¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?  Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;  Somos contados como ovejas de matadero.  Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8:35-39)

 

No hay nada en toda la creación que pueda separar al creyente del amor de Dios. Como hijos de Dios, somos quienes recibimos ese infinito amor que nos protege y que estará con nosotros por toda la eternidad. El amor infinito de Dios es una realidad que está incluida en las riquezas del creyente en el llamado eterno de nuestra salvación.

 

Resumen

 

En resumen, hay tres aspectos en la salvación: justificación, santificación y glorificación. Al oír el llamado de Dios en nuestras vidas, ya hemos sido justificados, santificados y glorificados (verdad posicional) en nuestra nueva posición ante el Padre. En la justificación somos declarados santos (hechos perfectos en Cristo) y liberados del castigo del pecado. Hemos sido escogidos en la santificación como instrumentos santos de Dios para continuar nuestra madurez espiritual (santificación progresiva) y para vivir de una manera que refleje nuestra nueva posición en Cristo. Hemos sido glorificados desde la perspectiva de Dios en la salvación. Cuando Cristo regrese por  Su iglesia, recibiremos nuevos cuerpos glorificados y reinaremos con Él, en fraternidad con el Padre, el hijo y el Espíritu Santo por toda la eternidad.