MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

God’s Workmanship Under Grace-En Español

Translation by Salvador Torres

La Obra de Dios en Su Gracia

 

Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.

 

Capítulo Tres

 

La Nueva Postura del Creyente en Gracia

 

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

 (2 Corintios 5:17)

 

El creyente que ha experimentado la salvación ha pasado por una renovación. Este capítulo centra su atención en los cambios que han tenido lugar en nuestras vidas ahora que hemos experimentado el regalo de la salvación.

 

La Postura del Creyente antes de la Salvación

 

Para  apreciar nuestra nueva postura en Cristo sería conveniente reflexionar primero en las cosas de las que Dios nos ha liberado. El creyente antes de su conversión era considerado el enemigo de Dios (Romanos 5:10), que estaba en guerra con Él por causa de su naturaleza pecaminosa y caída de la gracia de Dios. La ira del pecado era una realidad que pesaba sobre él por su rebelión contra Dios. En este estado fuera de la rectitud, nosotros que ahora somos creyentes, fuimos en el  pasado las garras de Satanás quién llevaba a cabo sus diabólicos planes en este mundo que se oponían a cada cosa de Dios. No era nuestra intención promover su dominio, pero por nuestra ceguera e incapacidad de entender las cosas espirituales y la verdad en nuestra naturaleza pecadora, éramos los instrumentos que transportaban sus mentiras que permeaban y disminuían el valor de la sociedad humana.

 

Rescatados del dominio de la Obscuridad.

Las Escrituras hablan de cuatro cosas de las que los creyentes fueron liberados al aceptar a Jesucristo. En Colosenses 1:13-14 aprendemos primero que el creyente ha sido rescatado del dominio de la obscuridad.

 

Él nos ha librado de la potestad de las tinieblas

y trasladado al reino de su amado Hijo

en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

 

Este reino de obscuridad que es encabezado por Satanás tiene como sus súbditos a aquellos que no han puesto su fe en Jesucristo (el mundo de los no creyentes). Cuando el Hijo viene a nuestros corazones, la obscuridad que nos cegaba de la verdad es reemplazada por la luz de Cristo que ilumina la santidad y la rectitud; ayudándonos en efecto a huir de los actos de obscuridad. El Apóstol Pablo amonesta a los creyentes en Efesios para que se aparten de la obscuridad y caminen de acuerdo a la rectitud que está en la luz.

 

No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes,  Y levántate de los muertos,  Y te alumbrará Cristo.

 (Efesios 5:7-14)

 

Rescatados de la Corrupción del Mundo.

La segunda cosa que las Escrituras nos dicen que fuimos liberados, es que fuimos rescatados de la corrupción de este mundo.

 

Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,  por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la lujuria.

(2 Pedro 1:3-4)

 

Hemos sido liberados de las ataduras al domino de Satanás en la tierra y no nos tenemos que rendir a sus mentiras y maneras diabólicas. Ahora podemos ser partícipes de nuestra nueva naturaleza divina que está en Cristo, escapando a la corrupción de nuestra carne que dominaba nuestro comportamiento bajo el reino de obscuridad de Satanás.

 

Liberados de la Ira de Dios.

Tercera, hemos sido liberados de la ira de Dios por nuestros pecados, que nos controlaban como hijos de la obscuridad.

 

Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por Él seremos salvos de la ira.

(Romanos 5:9)

 

La ira de Dios hacia nuestros pecados ha sido reemplazada por su abundante misericordia y gracia, que Él ha vertido libremente sobre nosotros que confiamos en Jesucristo para el perdón de nuestros pecados.

 

 

Liberados de las ataduras de la Ley

Cuarta, hemos sido liberados de la Ley y unidos con Cristo en nuestra nueva postura con Él. La Ley trajo condenación a todos los hombres (Romanos 4:15), y nunca tuvo la intención de ser un medio de salvación para aquellos que la seguían. Era buena y santa (Romanos 7:12) y sirvió como un estándar de rectitud para los santos del Antiguo Testamento, pero era limitada en cuanto a que no podía salvar ni siquiera santificar a una persona que practicara la rectitud. La Ley es perfecta pero esta limitación era porque con lo que la Ley tenía que trabajar era con la humanidad pecadora, pero su propósito fue logrado al revelar al creyente que era un pecador y que necesitaba a un salvador. Al poner la fe en Jesucristo,  ya no estamos bajo la autoridad de la Ley que solo trajo muerte, no vida. En Cristo, hemos muerto para la Ley para que podamos caminar en la nueva vida que trae vida eterna a aquellos que creen.

 

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

 (Romanos 7:4-6)

 

La Nueva Postura con el Padre

 

Dios nos ha liberado de este estado de desobediencia, fuera de toda rectitud y nos ha puesto en un nuevo estado de santidad, para ser bendecidos con Él, por siempre. Consideremos ahora nuestra nueva postura como creyentes en gracia. En relación al Padre, nos hemos movido de la autoridad del dominio y control de Satanás, y nos hemos reconciliado con el Padre a través de Jesucristo (Romanos 5:10)

 

Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. 5:11 Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.

(Romanos 5:10-11)

 

Hemos sido transferidos al reino de Dios bajo las reglas del Hijo (Colosenses 1:13) para compartir en toda Su gracia y gloria, no solo en el presente sino también por toda la eternidad.

 

Él nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.

 (Colosenses 1:13-14)

 

Y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria.

(1 Tesalonicenses 2:12)

 

Como sujetos del reino de Dios, somos posesión personal del Padre (1 Pedro 2:9) y se nos ha dado un sacerdocio espiritual para proclamar la grandeza de Dios, sosteniendo la verdad de Cristo contra los enemigos de la cruz.

 

Mas vosotros sois LINAJE ESCOGIDO, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.

 (1 Pedro 2:9-10)

La Nueva Postura con el Hijo

 

En relación con el Hijo en nuestra nueva postura, estamos unidos con Jesucristo en su muerte, sepultura, y resurrección.

 

¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;  sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido liberado del pecado

(Romanos 6:3-7).

 

Habiendo sido bautizado en la muerte de Cristo, el creyente ya no está bajo la esclavitud del pecado sino que ha sido liberado de su control en su nueva unión con Cristo. Así como Jesucristo fue crucificado, sepultado, y resucitó, nuestra carne fue crucificada y sepultada en Él para que podamos vivir una nueva vida que se ha levantado junto con Cristo. Ahora somos participantes de la vida de Cristo, ya no estamos sujetos a nuestra naturaleza pecadora que ha sido convertida a inoperante (Romanos 6:6-7). Hemos resucitado en Cristo para vivir la rectitud y santidad de Dios en toda su plenitud. El Apóstol Pablo amonesta a los creyentes para que vivan de acuerdo a esta nueva vida que tienen en Cristo.

 

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.

 (Colosenses 3:1-4).

 

Esta nueva unión del creyente con Cristo está completa, no le falta ningún significado espiritual (Colosenses 2:10). Por lo tanto, no hay nada en este mundo malvado que nos pueda vencer, que nos haga tropezar o caer de la tarea que Dios nos ha dado en esta tierra. Ahora podemos decir no a lo que no es de Dios y a los deseos mundanos por la gracia que Dios nos ha dado.

 

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

 (Tito 2:11-14).

 

La Nueva Postura con el Espíritu Santo

 

En relación con el Espíritu Santo, cinco cosas del dominio espiritual se han hecho verdad para nosotros al convertirnos. Las cinco revelan el impacto que el Espíritu Santo prometido (Juan 14:16-17) tiene sobre nuestras vidas cuando nacemos de nuevo.

 

Bautizados por el Espíritu Santo

Primera, el Espíritu Santo ha bautizado a todos los creyentes en el cuerpo de Cristo, la iglesia.

 

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. (1 Corintios 12:12-13 énfasis agregado).

 

Este bautismo del Espíritu Santo es el medio por el cual fuimos llevados de un estado de pecado en el reino de la obscuridad al cuerpo de Cristo, la iglesia, el reino de luz. Esto también incluye el hecho de que el creyente está unido con Cristo en su sepulcro y en su resurrección para compartir en la vida de Cristo como hijo de Dios.

 

Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;  sabiendo esto, que nuestro viejo ser fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido liberado del pecado. (Romanos 6:4-7).

 

Esto es reiterado en Colosenses en donde Pablo relaciona el bautismo Espiritual con la circuncisión espiritual de Cristo.

 

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. (Colosenses 2:11-14)

 

Pablo en este texto está contrastando la circuncisión física con la circuncisión del Espíritu. La circuncisión física que fue demandada bajo la Ley de Moisés no podía liberar al creyente del pecado que dominaba su vida. En la circuncisión espiritual, “no hecha a mano”, somos resucitados en Cristo, liberándonos de la vieja naturaleza que fue muerta al pecado. Nuestra incapacidad para vencer al pecado fue reemplazada por el poder del Espíritu Santo que nos permite andar en la santidad de Dios (Tito 2:12).

En Gálatas, Pablo enfatiza el hecho de que el bautismo espiritual es lo que nos identifica como hijos de Dios y uno con Cristo y Su cuerpo.

 

Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo.

(Gálatas 3:26-28)

 

Habitados por el Espíritu Santo

Segunda, es la permanencia en nosotros del Espíritu Santo, que ha tomado residencia en nuestros corazones (2 Timoteo 1:14; Romanos 8:9). Él nunca nos dejará o nos abandonará; siempre está presente en nuestras vidas y estará con nosotros por siempre. Esta es la promesa que Jesús hizo a los discípulos antes de partir e ir con el Padre.

 

Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros. (Juan 14:16-17)

 

El Apóstol Pablo nos dice que el Espíritu Santo de Dios que habita en nosotros es una expresión de su amor por nosotros.

 

y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado.(Romanos 5:5)

 

Esta permanencia del Espíritu Santo en nosotros es también el medio por el cual salvaguardamos y mantenemos los tesoros de las Escrituras contra las mentiras del enemigo. Pablo amonesta a Timoteo de esta manera:

 

Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda, a través  del Espíritu Santo que mora en nosotros, el tesoro que se te ha confiado (2 Timoteo 1:13-14 énfasis agregado)

 

Regenerados por el Espíritu Santo

Tercera, todos los creyentes han sido regenerados por el Espíritu Santo de acuerdo a Tito 3:5-6.

 

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,

 

Frecuentemente escucho la expresión “Tú eres uno de esos Cristianos nacidos nuevamente” y cada vez que oigo eso, me digo a mi mismo, ¿existe otro tipo de Cristianos? Nacido nuevamente fue la expresión usada por Cristo en Su conversación con Nicodemo.

 

Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.(Juan 3:3)

 

En esta expresión, decía a Nicodemo que su conocimiento de los milagros de Jesús (Juan 3:1-2) no era suficiente para hacerlo ciudadano del Reino de Dios. Nicodemo debe resucitar espiritualmente (nacer de nuevo) para poder caminar de acuerdo a lo que sabía que era verdad en las Escrituras. Nicodemo estaba en el camino correcto, pero a menos que recibiera el ministerio del Espíritu Santo a través del arrepentimiento, el cuál regenera a una persona, permanecería atado a su naturaleza pecadora. Aquellos que son controlados por la naturaleza pecadora no pueden agradar a Dios (Romanos 8:8). Hoy, muchos como Nicodemo, creen que su conocimiento de Jesucristo es un medio de salvación sin arrepentirse  y sin poner su fe en Su sacrificio de expiación. Tienen una afiliación religiosa pero nunca han sido nacidos de nuevo al dar la espalda al pecado y volverse hacia Dios.

La regeneración enfatiza la experiencia de nacer de nuevo que es necesaria para la salvación. El significado de regeneración es la impartición de la vida espiritual. La palabra por si misma resalta tres cambios que son verdad para nosotros en la salvación:

 

1). El nuevo nacimiento del creyente:

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos (1 Pedro 1:3)

 

2). La renovación por el Espíritu Santo:

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo (Tito 3:5)

 

3). La nueva creación del creyente en Cristo:

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17)

 

La regeneración nos da la habilidad de caminar por los caminos de Dios. No solo entendemos lo que dice la Biblia sino que podemos vivir de acuerdo a la vida espiritual que demandan las Escrituras de los hijos de Dios:

 

Sellados por el Espíritu Santo

Cuarta, el Espíritu Santo ha sellado a todos los creyentes.

 

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 1:14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:13-14)

 

El significado y la implicación de la palabra sello fueron tratados en el capítulo 2 bajo nuestro llamado divino en Cristo. Enfatizaba una transacción completa y propiedad, lo cual es verdad en nuestro llamado divino. Este sello con el Espíritu es la base para nuestra seguridad en la salvación. El Espíritu Santo es la garantía o la prenda de nuestra herencia futura en la que seremos glorificados y asegurados por siempre. El creyente se puede regocijar en la redención eterna dada por Dios a través del Espíritu Santo. Nuestra salvación es una transacción completa y terminada realizada por Dios.

 

Ungidos por el Espíritu Santo

Quinta, todos los creyentes han sido ungidos por el Espíritu Santo.

 

Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, El cual también nos ha sellado, y nos ha dado la prenda  del Espíritu en nuestros corazones (2 Corintios 1:21-22)

 

El Espíritu Santo que habita en los creyentes en el momento de la salvación también nos ungió en ese mismo momento. Aunque la palabra ungir se usa de muchas maneras en el Antiguo Testamento, su uso en relación con el creyente en el Nuevo Testamento tiene este significado, la habilidad para entender y actuar de acuerdo a la verdad espiritual. La unción es la base para comprender las verdades de la Palabra de Dios (Juan 2:20-27; 1 Corintios 2:14-16).

 

Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis la verdad (1 Juan 2:20)

 

Pero la unción que vosotros recibisteis de el permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. (1 Juan2:27)

 

Esta unción es también el medio por el cual desarrollamos profundas convicciones de lo que sabemos que es verdad. Antes de recibir al Espíritu Santo en la salvación, solo podíamos comprender las Escrituras de manera intelectual, sin entender completamente la profundidad espiritual revelada en ellas. Pero ahora a través de la unción del Espíritu Santo, podemos entender la profundidad de Su Palabra desde una perspectiva espiritual, porque tenemos “la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16). Cuando el creyente responde con obediencia a su unción, desarrolla firmes convicciones que son necesarias para mantener la posición y actuar de acuerdo a las verdades de las Escrituras (1 Tesalonicenses 1:5). Está totalmente convencido en su corazón de caminar de acuerdo a la Palabra de Dios.

Mientras muchos oran por la unción de alguien que está a punto de enseñar o instruir, la realidad es, de acuerdo a las Escrituras en el Nuevo Testamento, que todos los creyentes en Cristo han sido ungidos de una vez por todas (1 Juan 2:20). El simple hecho de sugerir que un creyente está ungido y que otro necesita la unción, es bíblicamente incorrecto. Es por esto que nunca verás una petición de unción para alguien en el Nuevo Testamento. Cuando recibimos el don del Espíritu Santo en la salvación, la unción estaba incluida en el paquete, que es la verdad teológica al respecto.

Estas cinco cosas juntas, el bautismo, el ser habitados por el Espíritu Santo, la regeneración, el sello y la unción son una realidad en la conversión del creyente y su nueva postura en gracia. Dios proporciona estos ministerios del Espíritu Santo para darnos fortaleza para servir y testificar las verdad del mensaje del evangelio.

 

Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. (Hechos 1:8)

 

 

 Resumen

 

En resumen, el creyente ha sido liberado del dominio de obscuridad de Satanás que nos había cegado de la verdad de Dios, ha escapado de la corrupción del mundo que alimentaba nuestra naturaleza pecadora, nos ha liberado de la ira del pecado que pesaba sobre nosotros mientras aún éramos pecadores, y nos ha liberado de la ley que traía condenación. Al liberarnos del estado de pecado, Dios nos ha traído a una nueva posición con Él que continuará por toda la eternidad. En relación con el Padre, el creyente ha sido reconciliado al hacerlo aceptable a través de Cristo. Somos transferidos al reino y gloria de Dios y somos traídos bajo la regla del Hijo, Jesucristo. Nos hemos convertido en una posesión personal de Dios como sus hijos adoptivos y ciudadanos del cielo para toda la eternidad.

En relación con el Hijo, hemos sido unidos con Cristo en Su muerte, sepultura, y resurrección. Nuestra naturaleza pecadora que regía nuestro ser interno fue crucificada y sepultada con Cristo cuando pusimos nuestra fe en Él. Nos levantamos a una nueva vida, convirtiéndonos en partícipes de la vida de Jesucristo, y hemos sido equipados para vivir en la plenitud de la santidad y rectitud que nos fue dada en el momento de la conversión. Esta transformación de nuestra vieja naturaleza a la nueva está completa en Cristo (verdad posicional), sin carecer de nada, para que podamos vivir como hijos de luz testificando la verdad de Dios en cada parte de nuestro ser.

El Espíritu Santo nos ha bautizado en el cuerpo de Cristo de manera que podemos participar de la vida de Cristo. Somos permanentemente habitados y regenerados por el Espíritu Santo, dándonos la capacidad espiritual de seguir la voluntad de Dios. Estamos asegurados en nuestra salvación por el sello del ministerio del Espíritu Santo y ungidos para el servicio, a través del cual aprendemos la profundidad de la verdad de Dios y desarrollamos firmes convicciones para confirmar la Palabra de Dios. Disfruten hermanos y hermanas de lo que Dios nos ha concedido. ¡Amén!