MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada

Pastor Bertoli’s Book

God’s Workmanship Under Grace-En Español

Translation by Salvador Torres

La Obra de Dios en Su Gracia

 

Explorando las Bendiciones en Cristo de un Creyente.

 

Capítulo Dos

 

El Llamado Divino del Creyente

 

Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús,

Y de vuestro amor para con todos los santos,

No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,

Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria,

Os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,

Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento,

Para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado,

Y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos,

Según la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo,

Resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío,

Y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;

 (Efesios 1:15-21)

 

Esta oración del Apóstol Pablo tiene la conclusión del llamado divino del creyente, la cual trató en el capítulo uno de Efesios. El inicia su oración con las palabras “Por esta causa,” que regresa al creyente a lo que ha dicho previamente. Ha revelado a los santos (obras maestras de Dios) todas las magníficas bendiciones otorgadas a ellos a través de su fe en Jesucristo. Quiere que sus hermanos y hermanas  en el Señor entiendan completamente las riquezas eternas que tienen en Cristo; por lo tanto, ora para que capten estas verdades eternas y tomen muy seriamente las cosas que tienen verdadero significado en sus vidas personales en Cristo.

Examinando Efesios 1:3-14, podemos ver porque Pablo oró de esa manera. Al hacerlo así, nosotros como pueblo de Dios seremos iluminados y animados a ver el plan de Dios en nuestro llamado divino. Las tres personas de la divinidad de Dios – el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo – están involucradas en este eterno llamado del creyente.

 

El Papel del Padre

 

El papel del Padre es revelado a nosotros en Efesios 1:3-6

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,

Que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo,

Para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo,

Según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia,

La cual libremente nos concedió en el Amado.

 

En el verso 3, el Padre nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo. Cuando el Padre nos bendice no es solo un buen sentimiento lo que experimentamos, sino un equipamiento en nuestras vidas que nos permite caminar en el pleno gozo, paz y rectitud que proporciona el llamado del creyente. Estas bendiciones de Dios concedidas a nosotros van más allá de cualquier bendición que podamos comprender en esta vida (“bendiciones espirituales en lugares celestiales”). Son bendiciones que edifican y restauran al creyente en una apropiada relación con Dios para toda la eternidad. Que sobrepasan las riquezas materiales de este mundo, que están hoy aquí y mañana se han ido. La naturaleza temporal de las bendiciones mundanas se desvanece en comparación con las bendiciones eternas que Dios nos ha concedido. La esfera de estas bendiciones está en la persona de Jesucristo. Solo en Él tenemos acceso a estas maravillosas bendiciones provistas por el Padre. Aquellos que nunca se han arrepentido de sus pecados están fuera de este dominio  y permanecen en un estado de no rectitud.

 

Escogidos antes de la creación.

En el verso 4, vemos el origen y la naturaleza de estas bendiciones divinas. El Padre nos escogió antes de la fundación del mundo en nuestro llamado divino. Esta elección de Dios en Su soberanía fue una expresión del interminable amor y gracia del Padre hacia nosotros los que creemos. Nosotros fuimos la niña de Sus ojos antes de siquiera habernos dado nuestro primer aliento. El propósito de nuestra elección fue ser santos e intachables por toda la eternidad. La palabra santo enfatiza el hecho de que nosotros, en nuestra nueva unión con Cristo, hemos sido apartados del mal de este mundo y hemos sido dedicados a la alabanza y servicio de Dios. La palabra sagrado viene de la palabra santo. Bíblicamente hablando, cualquiera que está en Cristo es un santo escogido para el trabajo de Dios.  Ser intachable  literalmente significa “sin mancha, libre de culpa.” El término fue usado en los animales de sacrificio que no tenían ningún defecto y que eran aceptables delante de Dios en el Antiguo Testamento (Levítico 1:3, 10; 3:1). De la misma manera, nosotros ante Dios somos Sus instrumentos santos, sin defectos por lo que Cristo ha hecho por nosotros en la cruz. Esta nueva postura y aceptación de Dios es por siempre.

 

Predestinados como los Hijos Adoptivos de Dios.

En amor (verso 5), el Padre predestinó adoptarnos como sus propios hijos de acuerdo al buen deseo de Su voluntad. La palabra predestinado significa estar marcado de antemano. En lo que se refiere al llamado del creyente, significa que su destino estaba determinado antes del nacimiento. Antes de que naciéramos, Dios ya se había propuesto adoptarnos como Sus hijos, y concedernos todas estas bendiciones eternas. No se deben pasar por alto las implicaciones de nuestra adopción por Dios. En los tiempos de los romanos, un hijo adoptado era traído a la familia y se le daban los mismos derechos y privilegios que a un hijo que había nacido naturalmente dentro de la familia. Tenía derecho a la herencia como un heredero de la fortuna de la familia. De la misma manera, nosotros, como hijos de Dios somos herederos  junto con Cristo de la herencia eterna que espera a aquellos que han puesto su fe en Él.

 

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu,

De que somos hijos de Dios.

 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo,

Si es que padecemos juntamente con Él,

Para que juntamente con Él seamos glorificados.

(Romanos 8:16-17)

 

Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo,

El cual clama: ¡Abba, Padre!

 Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo,

También heredero de Dios por medio de Cristo.

 (Gálatas 4:6-7)

 

Este maravilloso privilegio como hijos de Dios es un reflejo de Su gran amor por nosotros.

 

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre,

¡Para que seamos llamados hijos de Dios!; ¡y eso es lo que somos!

 (1 Juan 3:1a NVI)

 

El Gozo del Padre en el Llamado al Creyente.

Todo esto fue de acuerdo al buen deseo de Dios y Su perfecta voluntad (Efesios 1:5). Dios se deleitó al impartir Sus bendiciones y riquezas espirituales a Sus hijos. Su perfecta voluntad tiene sus raíces en la esencia de Su persona, que es amor (1 Juan 4:8). Nosotros, que hemos puesto  nuestra fe en Jesucristo, somos quienes recibimos el amor infinito de Dios. El creyente necesita entender lo profundo del amor de Dios, que se caracteriza por la misericordia y gracia. Es un motivo poderoso que induce a los santos a servir a Dios con todo su corazón. El Apóstol Pablo fue movido por el amor de Dios por él a través de Cristo, haciéndolo cumplir la voluntad del Padre  con cada parte de su ser.

 

Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto:

Que si uno murió por todos, luego todos murieron.

 (2 Corintios 5:14 NVI)

 

El creyente, que entiende completamente el amor del Padre y el llamado que Dios ha puesto en su vida, volteará a Dios cuando tenga problemas. Muchos Cristianos hacen lo mismo que Adán y Eva hicieron cuando cometieron el primer pecado del hombre, se escondían de Dios (Génesis 3:8). Dios quiere que Sus hijos, cuando tengan luchas, no se escondan de Él, sino que corran a Él, para recibir la misericordia y la gracia, que son necesarias para perseverar a través de las dificultades y tribulaciones de la vida.  Dios ama a Su pueblo. Haga esa relación amorosa completa al caminar en la plena fe Cristiana.

 

El Papel del Hijo

 

El papel del Hijo en nuestro llamado divino está registrado para nosotros en los versos 7-12 del pasaje.

 

En quien tenemos redención por su sangre,

El perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito,

El cual se había propuesto en Si mismo,

De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos,

 Así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados

Conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

A fin de que seamos para alabanza de su gloria,

Nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

 

 

Redención

En Cristo, tenemos redención a través de Su sangre y el perdón de nuestros pecados (Efesios 1:7). La palabra redención significa comprar o adquirir algo. Se usaba al adquirir un esclavo con la idea de que obtuviera su libertad en la transacción. Cuando se usa en los creyentes, significa la liberación de un estado de castigo o esclavitud por el pago de un precio. Tres cosas son verdaderas en el creyente cuando es redimido:

 

Es liberado del castigo o maldición de la Ley (Gálatas 3:13; 4:5). El sacrificio de Cristo redimió al creyente de la condena de la Ley.

 

Cristo nos redimió de la maldición de la ley,

Hecho por nosotros maldición (porque está escrito:

Maldito todo el que es colgado en un madero),

Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles,

A fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

(Gálatas 3:13-14)

 

Es liberado de la esclavitud del pecado (Tito 2:14). A través de la redención el creyente deja de estar bajo el poder del pecado.

 

… quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad

Y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.

(Tito 2:14 NIV)

 

El precio de nuestra redención fue pagado por la sangre de Jesucristo (1 Corintios 6:20; Apocalipsis 5:9; 1 Pedro 1:18-19). El costo de la redención fue alto.

 

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir,

La cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles,

Como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo,

Como de un cordero sin mancha y sin contaminación

(1 Pedro 1:18-19)

 

Dios nos amó tanto que nos redimió del castigo y ataduras del pecado con la preciosa sangre de Su único Hijo engendrado, Jesucristo. Esta es una afirmación del infinito amor de Dios hacia aquellos que creen.

 

Perdón

El Perdón significa que el creyente es perdonado de sus pecados por siempre. Dios se abstiene de infligir el castigo al creyente (Romanos 5:9)  que fue divinamente impuesto (Romanos 6:23). Hay una eliminación completa del pecado que separaba al creyente de Dios. El pecado que era una deuda insuperable fue eliminado por la gracia y misericordia de Dios. Un simple acto de fe genuina por parte del creyente en el trabajo de expiación de Jesucristo en la cruz es todo lo que se requiere. El Rey David, entendiendo la naturaleza y profundidad del perdón de Dios a través de la fe, lo expresó gimiendo y llorando con estas palabras:

 

Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada,

Y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,

Y en cuyo espíritu no hay engaño

(Salmo 32:1.2)

 

El Apóstol Pablo agrega estas palabras en Romanos 4 para mostrar a los creyentes que el perdón viene a través de la fe y no a través de la Ley (Gálatas 3:12). La Ley era buena y tenía un propósito (Gálatas 3:24), pero la Ley no podía salvar (Gálatas 2:20-21). Solo cuando uno clama al Señor con fe, será perdonado de sus pecados. Qué triste es que haya algunos que piensan que necesitan ganarse el perdón de Dios a través de sus obras personales. El Rey David fue bendecido porque entendió la naturaleza de la gracia de Dios trabajando en aquellos que venían a Dios con fe.

 

Iluminados con Toda la Verdad Espiritual

En Efesios 1:8-10, el creyente en Cristo ha sido iluminado con toda la verdad espiritual. Se le da sabiduría y visión interior a través de Cristo que revela la perfecta voluntad del Padre. La sabiduría es el medio por el cual el creyente entiende las maneras de Dios. La visión interna aplica este entendimiento a la vida diaria. El beneficio de esto es que nosotros que estamos en Cristo podemos comprender la profundidad de la Palabra de Dios y andar de acuerdo a ese conocimiento.  Al dirigirse Pablo a los Colosenses, habla acerca de Cristo de la siguiente manera a los creyentes:

 

… y por todos los que nunca han visto mi rostro;

Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor,

Hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento,

A fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo

En quien están escondidos todos los tesoros

De la sabiduría y del conocimiento.

(Colosenses 2:1b, énfasis agregado)

 

Conocer a Jesucristo es conocer a Dios. Si hay secretos sobre Dios, éstos son revelados en Jesucristo. El creyente a través de Cristo sabe la voluntad del Padre. En el periodo del evangelio, Jesús animaba a sus discípulos, llamándolos amigos y no esclavos, por la íntima relación que ellos tenían con el Padre a través de Él.

 

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor;

Sino os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre,

Os las he dado a conocer.

(Juan 15:15)

 

Como creyentes, ya no somos extraños a las maneras de Dios y podemos ahora entender la profundidad de la rectitud y santidad de Dios.

Esta intimidad que tenemos con Dios no debe pasar desapercibida. Dios es un padre para Sus hijos que Él tanto ama y no un poder distante que no se puede identificar con nuestras diarias necesidades. Él está interesado en cada aspecto de nuestras vidas, sin alejarse de nuestro lado ni un segundo. Si nos llegamos a sentir solos, como si no pudiéramos encontrar a Dios en ninguna parte, no es porque el Padre se haya alejado de nosotros, sino porque en nuestras mentes, nos hemos alejado de Él. El creyente necesita protegerse  contra estos sentimientos engañosos observando la Palabra de Dios y recordando las promesas que Jesucristo ha hecho.

… y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

(Mateo 28:20b)

 

La Herencia Eterna del Creyente

En Cristo, la herencia que nos espera como hijos adoptivos de Dios ha sido posible y se preserva por el poder de Dios en los dominios celestiales (1 Pedro 1:4-5). Aunque no podemos entender completamente esta herencia hasta que vayamos al cielo, Pedro nos da una visión interna de su naturaleza.

 

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,

 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

(1 Pedro 1:3-5)

 

Esta herencia es incorruptible y sin mancha. No está contaminada por el pecado o el mal. Su esencia es el reflejo de lo que Dios es en Su santidad y rectitud. Quizá la herencia es la santidad confirmada en el Señor por siempre. Nunca se marchitará o se gastará; es una herencia eterna. Pedro continúa diciendo que está reservada en el cielo para nosotros, protegida por el poder de Dios. El cielo es la caja de seguridad de nuestra herencia. El creyente cuya esperanza está en Jesucristo, vive su vida sabiendo que los verdaderos tesoros lo esperan en el cielo por toda la eternidad.

 

El Papel del Espíritu Santo

 

El papel del Espíritu Santo nos es revelado en Efesios 1:13-14.

 

En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

 

Sellado con el Espíritu Santo

El creyente, en su divino llamado, es sellado con el Espíritu Santo. La palabra sellado en las Escrituras tiene el significado de una transacción terminada e implica propiedad (Jeremías 32:10-15) y seguridad (Daniel 6:17). Los tres significados en las Escrituras son verdaderos para el creyente. El llamado del creyente es una transacción terminada. En lo que a Dios se refiere, el pasado, presente y futuro del creyente ya han sido planeados. El llamado divino del creyente no solo incluye nuestra salvación en Cristo, sino que nos lleva a la línea final donde nosotros, como hijos de Dios, seremos glorificados con Él para toda la eternidad. Esto es fuertemente afirmado en Romanos 8:29-30, donde el tiempo pasado se usa en la glorificación al describir el llamado del creyente.

 

Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.

(énfasis agregado)

 

El sello del Espíritu Santo también significa que somos propiedad de Dios y estamos asegurados por toda la eternidad. Somos una posesión preciosa de Dios, escogidos para disfrutar la eterna fraternidad del Padre con todos los beneficios y bendiciones que Él nos ha concedido.

Esta transacción terminada y propiedad se desarrolla más en Efesios 1:14. El Espíritu Santo es la garantía o promesa de nuestra herencia futura. Una promesa en Griego significa una parte dada por adelantado de lo que será dado posteriormente (el dinero depositado por un comprador como promesa de un pago futuro por el total). Lo que otorga el Espíritu Santo es la promesa de Dios (depósito) o la garantía al creyente de la seguridad de su completa salvación. Esto significa que la duración de su promesa es hasta la redención de la posesión comprada por Dios, cuando seremos glorificados en nuestros nuevos cuerpos para toda la eternidad (ver capítulo 4).

El llamado divino del creyente no fue un impulso repentino de Dios al reaccionar a algo en el momento. El Padre, Hijo y Espíritu Santo cuidadosamente lo planearon en la eternidad, reflejando el enorme amor y gracia que Dios tiene por nosotros.

 

Resumen

 

Antes de concluir con este capítulo, sería recomendable resumir los intereses especiales y los papeles que el Padre, Hijo, y Espíritu Santo han jugado en nuestro divino llamado. El Padre nos ha bendecido con todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales. Él nos ha elegido desde antes de la creación de la tierra con el propósito de ser santos e intachables por toda la eternidad. Nos ha predestinado como parte de Su propósito para revelar las riquezas de Su bondad. Como hijos adoptivos del Padre, nos ha concedido todos los privilegios y herencia a los que tenemos derecho como hijos de Dios. El Hijo, a través de Su sacrificio, nos ha redimido del dominio de Satanás y ha perdonado nuestros pecados, quitando la barrera que nos mantenía separados del Padre. En el Hijo, se nos ha dado la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), iluminada con toda la sabiduría y conocimiento espiritual, permitiéndonos entender lo profundo de la santidad y rectitud de Dios. Y finalmente, el Espíritu Santo nos ha sellado, asegurándonos nuestras bendiciones presentes y futuras por toda la eternidad. ¡Alabemos al Señor!