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MESSIAH'S CHRISTIAN FELLOWSHIP - Church in Las Vegas, Nevada |
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Pastor Bertoli’s Book Israel and the Church Under God-En Español Translation by Salvador Torres |
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Israel y La Iglesia Bajo Dios Una Perspectiva Bíblica de Actualidad Capítulo 7 Una Iglesia Bajo Dios
“Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 13:11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado.” (Mateo 13:10-11)
La Definición del Reino de Dios Una nueva faceta de la verdad del programa del reino de Dios en la tierra que nunca ha sido revelada hasta este momento está a punto de ser revelada a los discípulos. Para tratar este periodo es importante tener primero una definición del reino de Dios antes de entrar a esta nueva faceta. Al definir el reino de Dios, la mayoría de los Cristianos dirían hoy que es un reino espiritual en el que Cristo gobierna los corazones de los creyentes. Esto es verdad, pero está incompleto, porque no hace un uso de la palabra reino como se hace en las Escrituras.
El Único Reino Universal de Dios Debe notarse que solo hay un reino de Dios. Los estudiosos de la Biblia han llamado a este único reino El Reino Universal Eterno (Universal enfatiza el alcance del reino de Dios, mientras que eterno enfatiza su duración, para siempre). En este único reino Dios es soberano sobre todas las cosas. Él controla todas las cosas y todo está sujeto a Su voluntad. Esto incluye a los creyentes, no creyentes, ángeles santos, ángeles caídos, y todas las otras cosas creadas por Dios. Nada existe o funciona separado de Dios. Ya sea que la gente reconozca esto o no, está bajo este único Reino Universal de Dios. Algunos ejemplos del uso de este reino son: 1 Crónicas 29:11; Daniel 4:3; 6:26; 7:27; 1 Corintios 15:50; Hebreos 12:28; 2 Pedro 1:11.
El Reino Espiritual de Dios Dentro del Reino Universal está el Reino Espiritual de Dios. En la era del hombre este aspecto del reino existe a lo largo de este único Reino Universal. Está formado de todos los creyentes en el Reino Universal de Dios en la tierra, desde el tiempo de Adán hasta el último creyente en el programa del reino de Dios. Esta es la parte del reino la que permite la definición de arriba, Cristo gobernando el corazón de los creyentes. Pero una vez más, esta definición está incompleta, porque solo incluye a los santos de la Iglesia y no a los santos del Antiguo Testamento. Quizá sea mejor decirlo de esta manera, el Reino Espiritual está formado por todos los creyentes en el Reino Universal de Dios donde Dios gobernaba en los corazones de los hombres a través de los tiempos. Los no creyentes están fuera de este dominio, sin embargo, están bajo el gobierno de Dios dentro del Reino Universal único. Todo creyente desde Adán hasta el fin del plan de redención de Dios participará en el Reino Espiritual en la tierra. Sus muertes físicas solo los liberan de este cuerpo, y los traen a la presencia de Dios, del Reino Espiritual al Reino Universal. Los creyentes en el Reino Espiritual de Dios hoy son los santos de la Iglesia, Judío o Gentil. Cuando un creyente muere hoy, va de Cristo gobernando en su corazón a la presencia de Dios en el cielo. Tengamos siempre en mente que el creyente antes de Cristo, en Cristo, y después de la muerte siempre está bajo el único Reino Universal. Las Escrituras que enfatizan el Reino Espiritual son: Mateo 6:33; 23:13; Juan 3:3-6; Hechos 8:12; 20-25; Romanos 14:17; 1 Corintios 4:20.
Las Facetas del Reino de Dios en la Tierra También hay tres facetas del reino de Dios en la tierra que están bajo este único reino. Todas las facetas tienen un punto de inicio y un punto final. Hablan del gobierno de Dios en la tierra empezando con el nacimiento de Israel y terminando con Reino del Milenio. Todas están dentro del único Reino Universal de Dios hasta que termine la era del hombre.
1. La Primera Faceta, La Teocracia de Israel Antes del llamado de Abraham Dios trataba con el hombre en su totalidad. Trabajaba en el corazón del hombre a través de su conciencia (Génesis 3:22) y del gobierno humano (Génesis 9:5-6). Durante esta época, la especie humana la mayor parte del tiempo no respondió adecuadamente a Dios. Sin embargo el gobierno de Dios existió en la tierra desde el tiempo de Adán hasta el llamado de Moisés en el libro de Éxodo. No fue sino hasta que Dios liberó a los Judíos de los Egipcios que la primera faceta del reino en la tierra empezó en la que Dios gobernaba a un pueblo que era gobernado de manera distintiva por Él. La idea de una faceta en la tierra incluiría instrucciones específicas a un pueblo en particular con el propósito de seguir a Dios. Por lo tanto bajo esta definición la primera faceta del reino en la tierra de Dios fue atestiguado por la nación de Israel. Esta faceta empezó con la liberación de Israel de Egipto y se extendió hasta el tiempo del rechazo de Israel hacia el Mesías. (Esto no sugiere que Dios terminó con Israel después de ese tiempo.) La nación después estuvo bajo una Teocracia, Dios gobernaba directamente sobre Israel. La base de esa Teocracia era la Ley de Moisés (ver La Teocracia de Israel, capítulo 4). Dentro de esta Teocracia, los mediadores y jueces gobernaron primero a Israel (Éxodo 1 – 1 Samuel 8). Después la Teocracia fue gobernada por los monarcas o reyes (1 Samuel 9 – 2 Reyes 25) de 1050 A.C. – 586 A.C. Durante el tiempo de los reyes la nación paso por dos etapas, un reino unido bajo un rey (1050 A.C – 930 A.C.), y después un reino dividido, bajo dos reyes (las diez tribus del reino del Norte y el reino del Sur de Judá, incluyendo a Benjamín; 930 A.C. a 586 A.C.). De 722 A.C. a 586 A.C., Israel sobrevivió bajo el reino del Sur de Judá. Finalmente fue un reino dividido sin rey (586 A.C. – 30 D.C.) sobreviviendo bajo dominio Gentil (Babilonios, Persas-Medos, Griegos, y Romanos) dentro del Periodo del Evangelio.
2. La Segunda Faceta, el Reino Presente de Dios Durante este tiempo los Judíos esperaban al Mesías para que los guiara a un periodo de prosperidad conocido por nosotros como el Reino del Milenio. Este era el periodo del reino que había sido ofrecido a la nación de Israel con la llegada de Juan el Bautista. Esto es respaldado por el hecho de que en único reino con el que los Judíos estaban familiarizados era el reino proclamado por los profetas del Antiguo Testamento – el Reino del Milenio. La parábola de las minas (Lucas 19:11-27) también apoya esto, mientras que los Judíos anticipaban que el Reino del Milenio sería establecido durante su generación (Lucas 9:11). Jesús habló de esta palabra por el rechazo de los Judíos a Su Reinado y sus corazones no arrepentidos. El mensaje de arrepentimiento los hizo tambalear. Estaban orgullosos de la Ley y no podían ver la maldad de sus corazones. Con el rechazo del mensaje y de Jesús como Mesías, tuvo lugar un cambio en el programa del reino de Dios en la tierra. En vez de establecer el Reino del Milenio, tuvo efecto la segunda faceta del reino de Dios en la tierra, la Era del Reino Presente. En el conocimiento anticipado de Dios, la oferta y el rechazo de los Judíos tenía un propósito (Romanos 11:11) en el plan general de redención de Dios (ver capítulo 8). Esta vista del reino en la tierra también es conocida con el nombre de “El Reino del Misterio” (Mateo 13:11). Se llama así porque este periodo nunca fue tratado en el Antiguo Testamento, sino que a través de la revelación del Nuevo Testamento, ha sido revelado a la Iglesia. Las parábolas de Mateo 13 introdujeron a los discípulos a las características de este Reino Presente o del Misterio. La inauguración de este periodo del reino retrasó el Reino del Milenio para una fecha futura (Hechos 1:6-7). Muchos Amilenialistas y Postmilenialistas tienen objeciones sobre la posposición del Reino del Milenio (ver capítulo 10). Sus objeciones provienen del hecho de que descartan la realidad de un Reino del Milenio literal futuro en la tierra. Al rechazar lo literal, buscan su cumplimiento en la era de la Iglesia en la que la Iglesia disfrutará de un periodo de prosperidad sin el cumplimiento literal de Israel. Este es un gran error, porque tendríamos que abandonar muchas escrituras del Antiguo Testamento que hablan de este periodo en la tierra de manera literal. También tendríamos que descartar la restauración de Israel, ya que de acuerdo a su razonamiento, las profecías del Antiguo Testamento se cumplen en la Iglesia. No es necesario que abandonemos esta era del reino que viene a la tierra. El Reino del Milenio será establecido después de la Segunda Venida de Cristo. Muchas escrituras del Antiguo Testamento apoyan esta conclusión (ver capítulo 5). El pasaje fundamental del Nuevo Testamento para esto es Apocalipsis 20:1-6). Como se afirmó arriba, hay un propósito en el rechazo de Israel y hay una promesa en conexión con su arrepentimiento futuro (ver capítulo 8). Cristo es el fin de la Ley (Romanos 10:4). Como la Ley era la base para la Teocracia de Israel, terminó en este tiempo. Entonces la era Reino Presente comienza con la resurrección de Jesús y existirá hasta la Segunda Venida de Cristo al final de la Tribulación. Todas las naciones serán responsables de ejercitar la fe en el testimonio del Hijo durante este Reino Presente (Hechos 17:29-31). La incredulidad sin embargo caracterizará la mayor parte de esta faceta en la tierra bajo el gobierno de Dios. La verdadera Iglesia no es el Reino Presente, sino solo parte de este periodo del reino que consiste de creyentes y no creyentes de acuerdo a las parábolas de Mateo 13. Sin embargo el Reino Espiritual, los creyentes en la Iglesia, existe dentro del Reino Presente.
3. La Tercera Faceta, el Reino del Milenio El Reino del Milenio seguirá a la Segunda Venida de Cristo y existirá durante mil años en la tierra. “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. 20:5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. 20:6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.” (Apocalipsis 20:4-6)
La Tribulación dará fin a la era del Reino Presente. Inmediatamente después vendrá el reinado de Cristo en el cual los creyentes de cada generación de hombres reinarán con Él por mil años. Esta tercera faceta completa el reinado de Dios en la tierra. A partir de este tiempo el Reino de Dios consistirá en un Reino Universal Eterno, el orden eterno de las cosas (Apocalipsis 21-22).
Resumen del Reino Para resumir lo que hemos tratado, hay un reino de Dios sobre el hombre. Dentro de este reino están generaciones de creyentes que han puesto su fe en Dios para su salvación. Estos individuos, sujetos creyentes del Reino Universal de Dios, son el Reino Espiritual. El primero fue Adán, y el último será salvado después de que el programa de redención de Dios esté completo. En lo que se refiere a la era del hombre, el Reino Espiritual siempre ha existido a lo largo del Reino Universal. Hablando del Reino de Dios en la tierra, hay tres facetas principales. La primera es la nación de Israel como testigo de Dios, la Teocracia. Este periodo cubre desde su liberación de Egipto hasta el rechazo a Jesucristo. La segunda es la Era del Reino Presente o Reino del Misterio, que empezó con la resurrección de Jesús y se extenderá hasta Su Segunda Venida. Con la Segunda Venida de Cristo, iniciará la tercera faceta, el Reino del Milenio. Cuando todo se cumpla en el Reino del Milenio, entonces los creyentes en el Reino Espiritual a través de los tiempos entrarán en el orden eterno de las cosas, disfrutando de la eternidad del Único Reino Universal de Dios. Ver la gráfica al final del capítulo (Para tratar con más profundidad el Reino de Dios, ver las lecturas recomendadas al final de este capítulo).
La Iglesia en el Reino de Dios La Iglesia nació en esta Era del Reino Presente que estamos viviendo (Recordemos que la Iglesia no es el Reino Presente, sino parte de él). El ofrecimiento del Reino del Milenio y su rechazo por los líderes de Israel llevaron al Reino Presente de Dios. La muerte y resurrección de Cristo fue la base para el nacimiento de la Iglesia. El Cuerpo de Cristo es la definición bíblica de la Iglesia en las Escrituras (Efesios 1:22-23; Colosenses 1:18). La entrada al Cuerpo de Cristo es a través del bautismo del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13). La primera vez que vemos el bautismo del Espíritu es en Pentecostés (Hechos 2:1-4; 11:15-17). Hasta ese tiempo, el bautismo Espiritual nunca había ocurrido. Es en ese momento en el que los primeros miembros de la Iglesia fueron traídos al Cuerpo de Cristo, haciendo al evento de Pentecostés el nacimiento de la Iglesia. Muchos cambios tuvieron lugar en el programa del Reino de Dios en la tierra. La Iglesia en el tiempo presente, reemplazó a Israel como testigo de Dios. El estándar de santidad bajo la Ley es ahora la santidad de Cristo en el creyente. El Espíritu Santo mora en todos los creyentes (2 Timoteo 1:14) y los guía con toda verdad. El sacerdocio y el templo del Antiguo Testamento se reemplaza por la iglesia local y los líderes con dones (Efesios 4:7-16) bajo en Nuevo Pacto. La importancia de la Iglesia en este Reino Presente se expresa en las cartas de Pablo a Timoteo.
“Esto te escribo, aunque tengo la esperanza de ir pronto a verte, para que si tardo, sepas cómo debes conducirte en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad.” (1 Timoteo 3:14-15, énfasis agregado).
La asombrosa responsabilidad de la Iglesia se menciona en tres versos. La Iglesia apoya y protege la integridad de la Palabra de Dios. Es el vigía contra las mentiras de Satanás que constantemente está tratando de infiltrar la Verdad con falsas doctrinas y filosofías. La Iglesia nunca debe tolerar a los falsos maestros. Aquellos que insisten en promover sus propias doctrinas deben ser separados de la Iglesia. Una manzana podrida echa a perder a las demás. Si una iglesia permite o tolera a estos maestros, no pasará mucho tiempo para que esas enseñanzas contaminen a toda la congregación. (1 Corintios 5:6-8). La Iglesia debe proteger la verdad de la Palabra de Dios a toda costa. Este es el principal propósito de la casa de Dios en el Reino Presente. Una iglesia local basada bíblicamente es la que llevará a su gente a la verdad de Cristo y Sus enseñanzas.
La Relación de Israel y la Iglesia Hay ciertos puntos que tienen que ser tratados en la relación de Israel y la Iglesia. El primero es que la Iglesia no es la Nueva Israel (una posición apoyada por muchos). Los términos como la Nueva Israel y el Israel Espiritual, usados para la Iglesia, envían un mensaje equivocado. La inferencia de esos términos es que la Iglesia reemplazó a Israel (de una vez y por todas) en el plan de Dios y que está tomando el control de las promesas de Dios a Israel. La Iglesia no está suplantando a Israel, sino compartiendo las maravillosas bendiciones hechas durante el Pacto Abrahámico (Efesios 3:6). Es de suma importancia tener presente esta distinción para no pasar por alto la realidad presente y futura de Israel (ver capítulo 8). El segundo punto es que el Cristianismo no es una religión Gentil, como respuesta a la religión Judía, sino un cumplimiento de las Escrituras del Antiguo Testamento en lo que se refiere a la salvación Judía y Gentil. La Iglesia, el Cuerpo de Cristo, está formado de Judíos y Gentiles que han puesto su fe en el Mesías Judío, Jesucristo. La relación Judía y Gentil antes y después del nacimiento de la Iglesia se nos da en Efesios 2:11-22. Este pasaje revela tres cosas sobre las relaciones Judías y Gentiles. La primera muestra como los Gentiles fueron separados de las promesas de Dios antes de Cristo.
“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados “incircuncisión” por la llamada “circuncisión” hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.” (2:11-12)
La segunda revela como los Gentiles fueron reconciliados con Dios en Cristo (2:13-18).
“Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de Él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.”
Tercero, el producto final entre Judíos y Gentiles, es que ambos están unidos en el Cuerpo de Cristo, la Iglesia (2:19-22)
“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”
Las Bendiciones de los Santos de la Iglesia Bajo este Reino Presente los Judíos creyentes y los Gentiles de la Iglesia están experimentando las bendiciones del Nuevo Pacto que se convirtió en el medio para las bendiciones bajo el Pacto Abrahámico (ver capítulo 3). Las bendiciones celestiales son hechas posibles por la nueva posición del creyente o su postura en Cristo. Un pasaje fundamental para estas bendiciones se da en Efesios 1:3-14.
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de Él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En Él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. En Él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en Él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.”
Al listarlas, uno puede darse cuenta de las muchas riquezas que Dios ha concedido al creyente bajo el Nuevo Pacto.
Que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales; v. 3 (El cielo en la tierra) Nos escogió (elegidos con un propósito) para una vida santa y sin mancha; v. 4 Predestinados como parte del propósito de Dios para revelar las riquezas de Su Gloria; v. 5 Adoptados como hijos (participando en todos los derechos y privilegios, que Dios Padre ha dado al creyente en Cristo); v.5 Redimidos (liberados del poder del pecado y del dominio de Satanás); v.7 Perdonados nuestros pecados (la barrera del pecado que nos separa de Dios ha sido eliminada); v. 7 Iluminados con sabiduría espiritual y conocimiento (los creyentes pueden ver dentro de las verdades espirituales de Dios; “la mente de Cristo”; 1 Corintios 2:16); v. 8 Sellados con el Espíritu Santo (el Espíritu Santo que vive internamente mantiene al creyente seguro en Cristo); v. 13 Dando una herencia eterna y asegurando nuestro eterno futuro: v. 14
La de mayor importancia en relación a la salvación es que los pecados del creyente han sido perdonados (v. 7). La barrera del pecado que empezó con la caída de Adán y Eva (ver capítulo 2) ha sido borrada. Solamente al ejercitar la fe en Cristo, en su sacrificio expiador en la cruz, el asunto del pecado puede ser eliminado.
La Obligación de los Creyentes Con las bendiciones vienen las obligaciones. La Iglesia es el medio para penetrar la oscuridad de la era actual (Filipenses 2:14-16).
“Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado.”
Los creyentes deben testificar la verdad de Cristo, en una doctrina y vidas sanas (1 Pedro 2:11-12).
“Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.”
Los santos nunca deben comprometerse o tolerar las maneras malvadas del mundo. Se deben separar a sí mismos del sistema del mundo. Los creyentes viven en el mundo, pero no necesitan ser del mundo. El principio es contacto sin contaminación. Los creyentes deben ser fieles a los dones que se les concedieron en el Cuerpo de Cristo (1 Pedro 4:10-11).
“Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.
El Papel de Espíritu Santo en la Vida del Creyente El Espíritu Santo es el medio que proporciona fortaleza a la Iglesia para el servicio (Hechos 1:8).
“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”
A diferencia del pasado, en el que el Espíritu Santo venía a ciertos individuos, todos los santos de la Iglesia son morada del Espíritu Santo (2 Timoteo 1:14; Romanos 8:9). Además de esto, todo creyente es bautizado en el Cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:13), ungido con el Espíritu Santo (2 Corintios 1:21; 1 Juan 2:20, 27), regenerado por el Espíritu Santo (Tito 3:4-7), y sellado con el Espíritu Santo (Efesios 1:13; 2 Corintios 1:22) en el momento de su conversión. Tiene acceso a la gracia de Dios (Romanos 5:2) y ahora puede caminar en la plenitud de Dios por el trabajo del Espíritu Santo en su vida. Esto significa que tiene victoria sobre el pecado y que ha tomado una nueva naturaleza divina (2 Pedro 1:3-4) en la que puede crecer y producir los frutos de la santidad. La obligación del creyente es ser lleno del Espíritu (Efesios 5:18), que lo va a conducir y guiar en todos los caminos de la vida.
El Amor del Creyente por Dios Hay una cosa esencial que los santos de la Iglesia deber conservar y practicar para poder ser los testigos que Dios les ha llamado a ser. El amor por Dios debe ser la principal motivación para el servicio al Señor (Mateo 22:37-38). Cuando uno es movido por este amor, el factor fundamental en su compromiso con Dios es complacerlo. Cuando esto es verdad, la sumisión del creyente y la obediencia a Dios están gobernados por su amor a Cristo, no por las circunstancias. Este amor lo ayuda a uno a perseverar y a no cansarse durante las dificultades y pruebas que todo creyente encuentra en esta vida. El amor a Dios es el mayor ingrediente en la conformación de los santos en la persona de Jesucristo. Cuando este es el factor dominante en las vidas de los santos de la Iglesia, entonces los creyentes caminarán consistentemente en los caminos de Cristo.
La Persecución del Creyente Con la santidad viene la adversidad. El creyente que vive una vida santa será objeto de persecución (2 Timoteo 3:12) “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
El creyente se convierte en blanco del odio de los enemigos de Dios. El santo de la Iglesia debe permanecer fiel a la Palabra de Dios a toda costa. La persecución, aún al grado de la muerte, es parte de la voluntad de Dios para Sus hijos. (Apocalipsis 2:10). Madurando en la fe el creyente podrá mirar más allá de los obstáculos de la vida para perseverar durante las tribulaciones y dificultades de la vida. Además de los ataques contra el pueblo de Dios, la Iglesia sobrevivirá hasta que Dios los llame a casa. Esto es el significado detrás de la promesa que Jesús hizo a Pedro. “Las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mateo 16:18). La ceguera de Israel para reconocer al Mesías fue debido a su falta de confianza en la verdad de la Palabra de Dios. A pesar de su falta de fe, Dios mantuvo sus promesas incondicionales. Es importante hablar de la realidad presente de la nación como está dicho en las Escrituras. El lector aprenderá que Israel existe junto con la Iglesia durante esta era del Reino Presente. ENTRA LA IGLESIA Y LA ERA DEL REINO PRESENTE.
Lecturas Recomendadas: El asunto del Reino de Dios J. Dwight Pentecost, Thy Kingdom Come; Tracing God’s Kingdom Program and Covenant Promises Throughout History (Wheaton, Ill.: Victor Books 1990).
Arnold G. Fruchtenbaum, Israelology: The Missing Link In Systematic Theology (Tustin Calif.: Ariel Ministries Press, 1993). |